Qué es aprender?

Utilizamos la palabra infinidad de veces. Consideramos que hemos aprendido, cuando recordamos algo. Consideramos que hemos aprendido cuando aplicamos algo que recordamos. Consideramos que hemos aprendido cuando disfrutamos aplicando algo que recordamos. En algunos casos, consideramos que hemos aprendido cuando nuestros esquemas de acción cambian y procedemos a ver, sentir y hacer de manera distinta a partir de un punto determinado.

Qué es aprender? Todo eso, en distinta medida. Hay niveles óptimos de aprendizaje que dependen, desde luego, de las necesidades que tengamos, del tema y la dificultad de la materia, de la edad y de la posibilidad de acceso al aprendizaje que poseamos. Eso lo saben bien padres/madres y profesores de niños/as con dificultades de aprendizaje.

Aprender es crecer un poco, abrir la mente a nuevos desafíos y construir esquemas mentales nuevos. Es sentirnos un poco más parte de lo que existe, cuando lo entendemos, cuando lo tomamos y lo construimos en nuestra cabeza.

A veces creemos que aprender es repetir, en un examen, lo que ” dice el libro”, y no nos damos cuenta que aprendemos todos los idas, dentro y fuera de la escuela.

Aprender es un disfrute, quiere decir que seguimos vivos, que seguimos creciendo, que seguimos disfrutando.

 

VÍVELO!

En cada post, incluiremos una sección llamada ¡VÍVELO!, donde daremos ideas para experimentar aquello de lo que acabamos de hablar.

En esta ocasión invitamos a vivir la experiencia de la siguiente manera:

Recuerda qué pasos diste para prender a montar en bicicleta….o a conducir un coche. Lo pensaste, lo intentaste, te sentiste mal cuando a la primera no te salió. Encontraste el chip que te dijo qué había que hacer (a veces luego de varios intentos). Practicaste y lo dominaste. ¿Cuándo lo dominamos? Cuando nuestra cabeza sabe los pasos y se prepara para lo que no es “normal”, es resto ” sale” solo. Cómo te sentiste el día que fuiste consciente de que sabías montar en bici o conducir un coche?

“Henry terminó su trabajo en la cocina y fue a cubierta. Había un viejo  marinero sentado en una escotilla trenzando un largo ayuste. Cada uno de sus dedos parecía una inteligencia ágil mientras trabajaba, pues su dueño no los miraba. En vez de mirarlos,tenía los ojillos azules fijos, al estilo de los marineros, clavados más allá de los confines de las cosas.

–  ¿Así que quieres saber el secreto de las cuerdas?-le dijo, sin apartar la mirada del horizonte- Pues no tiene más que fijarte. Llevo haciéndolo tanto tiempo que mi vieja cabeza ha olvidado cómo se hace; sólo mis dedos lo recuerdan. Si pienso en lo que estoy haciendo me confundo. “

Jhon Steinbeck. La taza de oro.