No eres “tú” soy “yo”

“Tú nunca ordenas tu habitación”, tú siempre llegas tarde”, “tú eres muy desordenado”, “tú no estudias”… si nos dicen alguna de estas frases o parecidas, sentimos como si la persona que las emite nos estuviera señalando con un dedo acusador. Si encima levanta la voz, tenemos la sensación de ser atacados o atacadas ¿ qué hacemos entonces? ¿reflexionamos y cambiamos de actitud? ¿o noscropped-344c6083d803059ef2d92eadf480d2f3.jpg ponemos a la defensiva? Normalmente hacemos más lo último: ponernos a la defensiva. Lo cual complica la situación y agrava el conflicto.

El “lenguaje yo” propicia la intimidad y la confianza y sobre todo, sobre todo, no daña las relaciones entre las partes.

Una estrategia efectiva para comunicarnos con nuestros hijos, hijas o alumnas/os es lo que se llama el “lenguaje yo”: comuniquémonos desde lo que a nosotros nos causa la acción más que desde el error que el otro ha cometido. Por ejemplo:

“Tú nunca ordenas la habitación” en “(yo)he visto que tu habitación no está ordenada”

“Tú siempre llegas tarde” en “(yo) he notado que muchas veces has entrado tarde a casa / a clase”

“Tú eres muy desordenado/a” en “(yo) creo que me gustaría ver tu habitación más ordenada”

“Tú no estudias” en ” (yo) creo que deberíamos hablar sobre tu tiempo de estudio y las notas que creo (yo) podrías tener”

Esta estrategia evita la confrontación,no rompe puentes comunicativos y facilita la propuesta de soluciones. Fíjate que en los ejemplos uso el “nunca” y “siempre”, palabras que , creo deberíamos borrar de nuestro vocabulario cuando nos dirigimos a los niños, pues provocan rechazo, confrontación y un sentimiento de impotencia en ellos, al pensar ” si siempre soy así, ¿para qué voy  a cambiar?”, “si nunca puedo hacer esto, ¿para qué lo voy a intentar?”

Muchas veces, en las discusiones con los niños, ellos nos reprochan ” ¡eso es lo tú crees!”, lo que nos están pidiendo es que hablemos por nosotros mismos, que no globalicemos sus acciones desde el minuto cero como negativas. El lenguaje “yo” es un lenguaje respetuoso porque concibe la posibilidad de estar equivocados ( y si, aunque seamos adultos, aunque seamos profesoras, aunque seamos padres/madres, podemos estar equivocados). Es un lenguaje facilitador de la comunicación y más persuasivo que la acusación, posibilita al otro dar explicaciones y encontrar sus errores, incitando a la solución. Propicia la intimidad y la confianza y sobre todo, sobre todo, no daña las relaciones entre las partes.

¿Cuándo usar los mensajes “tú”? Cuando queramos resaltar los logros, cuando reforcemos lo logrado, cuando queramos explicar hechos, o cuando queramos poner límites claros a situaciones que nos dañan y queramos acabar con ella ya ( situaciones de agresiones, de violencia, etc)

¡VÍVELO!

Practica el cómo cambiar lo que quieres decir. Intenta no estar enfadado/a para hablar con esa persona. Intenta estar en un entorno de tranquilidad y especifico de negociación para poder estar tranquila/o. Mientras más enfadados estamos, más “se nos sale” el acusar, el marcar con el dedo.

Describe situaciones, hechos, cosas probadas: no es lo mismo” eres (tú) un impuntual” que decir ” hoy has llegado a las 8.45 y la hora de entrada es a las 8:15″, y a ello le puedes seguir “(yo) creo que podrías llegar antes, no? Así podría (yo) tenerte en clase antes”.

Describe consecuencias o efectos de lo que quieres mejorar. “(yo) pienso que si la habitación está ordenada, el orden puede ayudar a concentrarte ( a ti) mejor. Podemos intentarlo?”

Expresa tus sentimientos. Al fin y al cabo, son ellos los que nos empujan a ver lo que está mal y le dan la “carga” emocional que nos hace enfadarnos o intentar poner límites a situaciones que vemos que nos perjudican. “A mi, me gustaría ver que aprovechas mejor la tarde en estudiar”, “me gustaría que tuvieras mejores notas porque creo que puedes hacerlo”, “yo me preocupo porque las horas de  clase son importantes, creo que podemos hacer algo al respecto”, “yo me siento herida/o cuando me levantas la voz”, “me siento mal cuando te digo algo y haces como que no me escuchas”.

Y la experiencia me dice que al cabo de un tiempo, los chicos/as empiezan a manifestarse de la misma manera. Sé un ejemplo de cómo quieres que se comuniquen

 

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