Escuela, prejuicios y racismo

27052892-grupo-multi-tnico-estudiantes-universitarios-con-carteles-en-el-signo-de-interrogaci-n-delante-de-su (1)Si una sociedad manifiesta dosis de racismo, de discriminación y de ignorancia respecto a la realidad multi e intercultural existente en ella, la escuela lo manifestará. La escuela es el microuniverso donde los parámetros de vida social se reproducen, para bien o para mal. Decimos con naturalidad, porque lo tenemos asumido, que la familia es la célula básica de la sociedad, y deberíamos decir, con la misma naturalidad, que la escuela es la manifestación de lo que como sociedad somos.

 

 

 

El desconocimiento respecto a nuestra realidad migratoria, y cómo ello afecta a los espacios escolares, es palpable entre los docentes y el personal de los Centros Escolares. Tengo que indicar también que las ganas de saber de este colectivo es mucha. Los docentes son conscientes que su formación y su análisis respecto a la realidad familiar, de integración social, de procesos emocionales y de aceptación entre los alumnos migrantes o hijos de migrantes es escasa.

 

La ausencia de población migrante entre el colectivo docente también es un indicador, mostrando en muchos casos, sin saberlo, prejuicios perjudiciales para alumnos y padres/madres. En España aún no vemos a la realidad migrante, de integración y de interculturalidad dentro del currículum de los Centros Escolares. Y nos estamos perdiendo la riqueza cultural que los alumnos traen a clase, todos esos aprendizajes ocultos de los que tanto hemos hablado y que constituyen el espacio de acomodación de aprendizajes posteriores.

Nuestra observación de los últimos 20 años en Centros Escolares es que cuando los alumnos no se sienten aceptados y valorados en todo lo que son ( y su proceso migratorio, o el de sus progenitores, es una parte importante de lo son), se recluyen en quienes entienden sus emociones al respecto, tendiendo a formar grupos por nacionalidad o procedencia dentro de los Centros, ésos que los docentes luchan  tanto para erradicar ( y con razón).

La solución no es señalar constantemente quién eres y de donde vienes.  La solución pasa por procesar y entender en el proceso instructivo la riqueza que cada composición de clase tiene, siendo conscientes de nuestros prejuicios respecto a las posibilidades de cada alumno o alumna según  de dónde venga y de dónde sean sus padres/madres. Y formarnos en ello, teniendo datos, investigaciones que aportar a la discusión y el debate. Porque cuando aplicamos nuestros prejuicios en nuestra posición docente de autoridad, aplicamos racismo y discriminación. La procedencia de alguien no dice quién es ni hasta dónde va a llegar, así como no lo dice su nivel económico, ni el social ni lo bien o mal que nos parezcan los progenitores. Y si conocemos alumnos migrantes en quienes nuestra “profecía” se cumplió y no llegaron a niveles altos de formación, pensemos que posiblemente no fue por que genéticamente o por procedencia no pudo, posiblemente las trabas en el camino fueron muchas….y  nuestros prejuicios aportaron palos en ello.

El racismo y la discriminación matan los sueños de los niños, no contribuyamos a eso, revisemos nuestros prejuicios.

VÍVELO!

¿Qué porcentaje de alumnos migrantes hay en tu escuela? Sabes cuántos de ellos migraron y cuántos de ellos llevan la migración de sus padres/madres consigo?

¿Qué realidad existió en sus países, en su familia  o en su zona para marchar? Qué familias dejaron, qué procesos dejaron?

¿Conoces los sistemas educativos de los países de los que proceden tus chicos? En muchos países considerados “subdesarrollados” existen sistemas educativos alternativos muy interesantes, que pueden ayudarte a enriquecer tu clase y hacer que tus chicos se sientan valorados en sus capacidades.

¿Sabes lo que es Síndrome de Ulises?. Existe, y es una carga muy pesada para muchos chavales, llevándolos a verdaderos cuadros patológicos físicos y mentales.

¿Cuántas veces felicitas a tus alumnos, a los amigos de tus hijos, según lo que esperas de ellos/as? Ejemplo:

“Qué bien lo has hecho para lo pequeño que eres” (que algunas procedencias manifiesten medias de altura menores que las españolas no quiere decir que no puedan hacer cosas)

“Mira, lo has conseguido, y parecía que te iba a ser difícil….digo, porque al venir de fuera todo es más difícil para ti….”( esto lo he oído yo misma de una profesora a un chaval que ya llevaba viviendo en España más de cinco años….),

“Qué bien te expresas, con lo difícil que tiene que ser para ti el español, no?” (dicho a una niña china adoptada por españoles y que vive aquí desde que nació, unos 14 años más o menos…..)

“Con lo mal que se te dan las mates y la lengua, hay que ver lo bien que se te da el piano” (una profesora de música, en mitad de curso, a un chico originario de Europa del Este, que lleva meses con ella y del que ella no se había enterado que en el país en el que vivía había hecho cuatro años de piano y solfeo).

Quitarnos los prejuicios nos hace más libres, más divertidas y más flexibles. Y como padres, madres y maestras, debemos ver a los chavales como lo que son, con sus trayectorias y sus riquezas, y hacerlas crecer.

 

Hermanxs, compañerxs de vida

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“Hermanos/as” son personas que nos regala la vida para acompañarnos por ella.

En este tiempo de verano en el hemisferio norte, donde compartimos más tiempo familiar que nunca, y de “medio curso” en el hemisferio sur, donde hay pequeños tiempos de descanso escolar, retomamos un artículo que tuvo mucha aceptación. Disfrutemos de lo divertido de tener hermanos, hermanas, compañeros de vida….

“Hermanos” son personas que nos regala la vida para acompañarnos en el camino por ella. Mayores o pequeños, son personas que nos confrontan con nuestra posición en la vida, nos regalan, a lo largo de la vida, momentos de paz, de complicidad y polémica, de pelea, de enfados con el otro y conmigo misma. Compartimos con ellos la conexión a la vida y nos enseñan a compartir, a tener estrategias de obtención de objetivos, a tomar conciencia de mi posición en ese micromundo que es una familia, cualquiera sea la forma de la misma, nos ayudan a encontrar el “dónde estoy”. Los que tenemos  hermanos o hermanas mayores sabemos lo que es saber muchas cosas antes que otros compañeros que no tenían esa suerte. Los que tenemos hermanos pequeños nos hemos sentido poderosos o poderosas algunas veces frente a “los pequeñajos”. Muchos hijos únicos lo son por no tener hermanos y muchos lo son en la práctica por tenerlos tan distantes en el orden de nacimiento que ha sido como si lo fueran. Muchos tienen hermanos con quienes no comparten ADN, pero sí una vida y todo lo que ha dado el corazón. Muchos y muchas tienen la suerte de crecer junto a primos y primas que amplían su universo emocional y afectivo, siendo lo más parecido a hermanos en la vida. Los que pertenecemos a una familia numerosa sabemos lo que es comer rápido para que los mayores no nos quiten las cosas ricas , o porque nuestro padre, nuestra madre,  ante la tarea de dar a tantos de comer, nos metía prisa y aprendimos a aprovechar de una manera práctica los tiempos y las oportunidades.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar habilidades en la vida, a poner en práctica  habilidades para defendernos o para conseguir lo que queremos.

¿Cuántos de nosotros notamos cuando alguien es hijo único o hija única? Los docentes lo tienen claro y lo distinguen con más o menos facilidad. El hábito de compartir, de elaborar estrategias para la obtención de mis objetivos, de gestionar determinadas habilidades comunicativas y protectoras es lo propio en personas con muchos hermanos. Hace algún tiempo, comiendo bocadillos con varios amigos, noté que entre nosotros algunas  personas acabábamos muy rápido de comer mientras otras personas comían con (mucha) más lentitud. Pedí que levantaran la mano quienes tienen más de dos hermanos, y conforme a mi hipótesis, levantamos la mano quienes teníamos el bocadillo terminado en el menor tiempo.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar recursos personales en la vida, a poner en práctica  habilidades para conseguir lo que queremos. Una familia es un universo en sí mismo, con sus reglas y su orden. Mi posición en ella y la parcela del microcosmos que me toca determinan lo que soy y lo que busco en la vida. No soy totalmente partidaria de la Teoría de las Constelaciones Familiares, pero no puedo negar que tiene sentido y conozco casos donde el ser consciente de los roles propios y los de los demás ha ayudado a mucha gente a entender el porqué de determinadas búsquedas vitales. ¿Si no por qué creéis que, cuando los dos hijos o las dos hijas mayores son del mismo sexo el segundo o la segunda siempre es más alto o alta que el primero o primera (al terminar de crecer, se entiende)?  y son polos opuestos en características, en habilidades, en intereses … Buscad los casos que conozcáis, y veréis que es así. La naturaleza lucha para estar por encima alguna vez, es una especie de venganza biológica para el segundo quien durante la etapa de crecimiento siempre ha sido el más pequeño o pequeña, quien pasó más desapercibido, pasó por sentirse  menos listo/a puesto que el primero destacaba por ser la novedad para los padres, abuelos, etc. Y eso entre personitas del mismo sexo es competición vital, el segundo o la segunda necesita buscar su espacio y diferenciarse del primero o primera.

Con los/as hermanos/as, las raíces educativas y familiares comunes se encuentran y fortalecen nuestra infancia y nuestra vida en general.

¡VÍVELO!

 La convivencia con varios hermanos también lleva consigo algo que a  los progenitores les agobia mucho: las competiciones (“peleas”) entre ellos. Primero que nada, he de decir que entiendo por “peleas” la competición por espacios de notoriedad, discusiones por el roce que necesariamente trae la convivencia, la mala gestión, por cuestiones de edad, de responsabilidades dentro de casa, malos entendimientos por lo que se quiere o no se quiere, por juegos, por tiempos, pequeñas “maldades” que buscan molestar ( no hacer daño) al otro, etc. No son peleas: las faltas de respeto, los golpes, los insultos, el buscar hacer daño. Eso es un conflicto que se debe hablar y resolver. Las peleas anteriormente mencionadas son producto de la necesidad de buscar su espacio en el universo familiar, de conseguir la mirada y atención de los progenitores y de buscar su lugar con respecto a las habilidades fraternas. Por lo cual, peleas-competiciones dentro del espacio familiar pueden ser hasta normales, nunca fuera de ella. La identidad común, entre hermanos bien avenidos, debe de primar en espacios externos. Una vez, unos profesores me comentaban que dos hermanos en el Instituto se llevaban a matar, no se podían ver, encontrarse era sinónimo de agresiones físicas y de insultos entre uno y otro. “Como hermanos bien avenidos” me dijeron. Reaccioné inmediatamente: No, eso es un conflicto grave entre hermanos, las peleas y la competición es por el amor y la atención de los progenitores, y fuera de casa, nuestra identidad común nos debería unir y fortalecer. Solicitamos la intervención del apoyo familiar necesario y se llegó a la raíz de un grave problema familiar.

La gestión de los lazos fraternos a veces es una pesada carga para los responsables adultos. Es importante dotarnos de paciencia y de comprensión, y de hacer notorios los lazos comunes que nos unen más allá de las diferencias, y de las odiosas comparaciones. Por favor, como padre, como madre, no compares, hazles ver con tu ejemplo que cada uno, cada una tiene habilidades y competencias propias, muéstrales cómo amar sus particularidades y enséñales a buscar, juntos, sus objetivos. Enséñales a ser complementarios, a ser complementarias, a ser un equipo.

Como docente, no olvides que los hermanos no pueden ser comparados, el párrafo anterior es válido también en espacios escolares, ayúdales a encontrar su propio lugar y a tener su propia voz. Valora lo diferente en cada uno. Siempre les digo a mis hijos ¿eres distinto en algo? Qué bueno. El mundo es de los diferentes, los que hacen la historia han sido personas que no eran igual que los de su época, que lucharon por hacer las cosas diferentes, por tener un punto de vista complementario, aunque ello les haya hecho luchar más que los demás en algunos ámbitos.

¿Y qué hay de cierto en la teoría del “hijo sándwich”? Imaginemos que estamos en una familia donde el mayor o la mayor siempre despierta el asombro de los progenitores: el primer día de cole, las primeras buenas o malas notas, la primera salida con amigos, ….y por otro lado, quien es el o la más pequeña despierta el encanto y el engreimiento de los padres o madres: el último, el bebé, al que hay que proteger. En ese escenario ¿cómo nos sentimos si somos el hijo o hija de “en medio”? Y si el sexo de los o las tres es el mismo, esto es más real aún. Claro que hay factores que modifican esta teoría, como las diferencias de edad, pero a grandes rasgos, es así. No estoy diciendo que necesariamente este hijo  medio desarrolle problemas conductuales, o académicos, nada de eso. Simplemente que en muchos casos necesitará que nos pongamos en su lugar y le prestemos la atención necesaria por cosas positivas, que si no, posiblemente la busque obtener por vías negativas.