El niño que no sabía que no podía hacerlo….y lo hizo

El niño que pudo hacerlo
Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.
Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.
Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

Eloy Moreno. Adaptación de un cuento popular.

Incluido en “Cuentos para entender el mundo

 

¿Te suena? Muchas veces los padres, las madres, las tías, los abuelos, los y las profes enviamos mensajes a los niños desalentadores, motivados por nuestros propios miedos, intentando que vean ante todo los riesgos ( y nuestros miedos) antes que se dejen guiar por su motivación e intentarlo . Nuestra intención sincera es protegerlos, evitar que  cometan errores, que se hagan daño, pero las más de las veces conseguimos transmitirles nuestros miedos, los desmotivamos y les hacemos creer que ellos son demasiados pequeños para intentar hacer nada. Desalentamos iniciativas que son producto de su imaginación, de su creatividad y de sus ganas de aportar creaciones propias. Luego, cuando son más mayores, queremos que sean creativos, que no dependan de nosotros y que “tengan sus propias ideas” ( 😦 )

Conozco muchas madres,  padres, docentes que les dicen ” tú puedes con todo”, “que nada te pare”, para decir a continuación “siempre y cuando no te arriesgues a…”, ” pero ten cuidado con…..”, ” a ver si no te caes….”, “siempre te haces daño”…ay! y si al final lo intenta y efectivamente se cae o le sale mal “te lo dije…”, “mamá/papá, tu profe sabe por qué te lo dice”. Aunque nunca sabremos si le salió mal el intento porque efectivamente iba a salir así de todas maneras o porque nuestros miedos lo hicieron intentarlo a medias.

No transmitas tus miedos a los niños. Anímale a  intentar hacer aquello que le motiva. Evidentemente no digo que le motives a intentar volar de un décimo piso, pero déjale trepar, déjale intentar ser el primero, déjale creer que pude entrar al equipo de teatro, déjale que intente convencer a alguien que a primera vista parece imposible. ” Es que no quiero que se frustre” ¿sabes que la tolerancia a la frustración es una cualidad que conseguirá que se enfrente mejor a las frustraciones que inevitablemente le dará la vida? ¿Que superar eso desarrolla una capacidad fortalecedora del carácter como es la resiliencia? ¿Que le estás quitando la posibilidad de que lo consiga?

¡VÍVELO!

¿Sabes lo que es el Efecto Pigmalión? Aunque ahí te dejo el enlace para que sepas más, en pocas palabras es el efecto que ejercemos sobre las personas como consecuencia de lo que de ellas pensamos: si creemos, en nuestro fuero interno que no podrá algo, las probabilidades de que eso suceda se incrementan y d eigual amenra si creemos que si lo conseguirá. Mira qué influencia tiene tu mente y tus pensamientos sobre la realidad que habitualmente termina dándote la razón, lo cual nos muestra la fuerza de nuestras expectativas en las personas para quienes ejercemos como adultos. Esto tenemos que tenerlo en cuenta como padres, como madres, como docentes de nuestros niños y niñas. Influimos en ellos y ellas más de lo que creemos. Explora tus prejuicios, tus ideas sobre cada uno de tus niños, en tu lenguaje hablado, en tu lenguaje no verbal les estás diciendo ” pienso ESTO de ti, creo que NO conseguirás tal cosa, pienso que SI puedes llegar a…, creo que le vida para ti será…”. También es válido para tu pareja, para tus amigos…

No midas a tus niños como sentiste que te midieron a ti. Tanto en capacidades ( si, por más que digas que ha salido a ti….) , como en lo mal/lo bien que lo pasará cuando llegue a….. Tus niños, tus niñas NO SON TÚ.

Y ¡Ay! las notas… no permitas que tu niño, no permitas que tu niña sea, ni para ti ni para nadie, una calificación. Nunca. No pongas sobre ellos una losa que no les deje volar. Los niños no son calificaciones, no los encorsetes, ellos y ellas son muchísimo más que una nota. ¿O tú sólo eres madre, sólo eres padre, sólo eres profe? Somos más que etiquetas, que nos limitan.

Educar a un niño es darle alas para volar. Ningún pajaro vuela si no cree que sus alas lo sujetarán en vuelo. Y repito: también vale para tu pareja, para tus amigos, para tus hermanos. No limites, explora lo que piensas sobre las personas. Cuestiona lo que te enseñaron ( cuántas veces hemos oído en nuestra infancia ” tú no creas en nadie”), y no pases tus heridas a tus niños.

Rabietas, rabietas, rabietas

family_holding_hands-800x533Muchos padres, madres y educadores me preguntan ¿qué hago cuando presenta una rabieta? Llantos gritos,golpes, y escasez de entendimiento verbal y racional caracterizan esta conducta, y se manifiesta en todas las edades de la vida….si, inclusive en adultos/as.

Lo primero que tenemos que saber  es que estos comportamientos por producto del desborde y del descontrol, son frustraciones mal gestionadas por el adulto a cargo y que fueron posibles de apaciguar en estadios menos explosivos. Lo ideal es conseguir que ellos y ellas no lleguen a esos niveles altos, manteniendo la calma cuando vemos que se viene la tormenta e intentado distraerlo/a del camino recto que conlleva directo a la frustración y la explosión: cosas como aplazar el tema, proponer la expresión verbal de razones, si son pequeños mover la atención hacia otra parte, etc. ayudan. Nunca intentes contenerlo físicamente, ni grites más que él, ni le digas “tranquilízate”…está probado que es como echar más leña al fuego, sólo incrementa su desazón.

Cuando los niños/as son pequeños/as, este tipo de explosiones se presentan cuando no se sienten escuchados, cuando sienten que sus frustraciones no son manejadas y asumidas por el adulto a cargo. Son pequeños y no saben manejar lo que sienten y las emociones los desbordan. Pero si eso no es controlado de pequeños, estaremos criando un niño o niña que utilice este tipo de comportamiento para atraer la atención que de otro modo le es negada o que consigue así que se escuchen sus reivindicaciones, o conseguir lo que quiere ( ya hablamos en un post anterior que en muchos casos la palabra de los adultos depende de su estado de ánimo, no constituyendo una garantía de límites y de protección, gestionando de manera ineficaz, irrespetuosa con los sentimientos de los niños e ineficiente, la canalización emocional de la frustración)

Qué hacer si a pesar de nuestros esfuerzos, se presenta la explosión? Primero, entendamos que esto es producto de una mala gestión de ambas partes; del adulto por no verlo y/o no saber gestionarlo ( por que estamos cansados, porque estoy ocupada en otra cosa, porque no parecía que llegaría a tanto….) y del niño/a, pero él/ella es quien no tiene herramientas para gestionarlo por sí solo/a, y es necesario enseñárselas. No hay culpables, y desde luego no es el niño. Ésto que parece obvio, no lo es, y es una idea que debemos de tener para afrontar la situación de la mejor manera, es decir, aprendiendo de ella.

En este caso, hay tres palabras clave: empatizar, reflejar y acompañar

Empatiza. Mira de dónde viene la frustración, qué sucedió antes de la explosión y cómo se está sintiendo el niño o la niña. En muchos casos la situación nos deborda ( ¡a nosotros/as!) y atendemos más a cómo nos sentimos nosotros y nosotras antes que ellos/as, lo cual es un mal enfoque porque sólo complica la situación. Los niños necesitan saber que tú controlas la situación. Y controlarla no quiere decir que sabes qué castigo aplicar. Controlar quiere decir que aunque lo estén haciendo de manera inadecuada, tú puedes ser un espacio de entendimiento de sus emociones a flor de piel, que salen en bruto y de manera violenta, haciéndole daño ellos primero ( si, a ellos primero….) . Siente cómo se siente el niño o la niña, no para sufrir con ellos, si no para intentar entender desde dónde puede necesitar la ayuda.

Refleja. Reflejar es poner un espejo imaginario delante de ellos/as, un espejo que les permita entender cómo están y qué les está pasando ( por favor, no es para decirles “mira qué feo/a te pones cuando lloras….” que lo he oído mucho, como si la estética en estos casos importara). Refleja en tus palabras lo que sucede ” estás enfadado porque quieres que te compre eso, pero ahora no puede ser”, “estás triste porque tu amiga no quiere jugar contigo y es normal, pero es que a veces los amigos no hacen lo que queremos”, “Te has sentido mal porque tu amigo te ha hecho daño, ¿quieres que hablemos con él?”. Siempre, siempre, una pataleta es una emoción desbordada y no manejada correctamente, el reflejar te ayudará a ti a ponerle nombre y evitar a  su vez tu desbordamiento y a los niños y las niñas les ayuda a ponerle nombre a lo que les pasa. Con el tiempo, serán capaces de venir y decirte ” estoy triste mamá”, “estoy enfadada profe, por tal y tal cosa”, “abuelo, ahora estoy cansada y creo que eso me está enfadando”. Imagínate lo fácil que será acercarse y trabajar ese sentimiento con ellos y la de berrinches que te evitarás, creciendo emocionalmente con ellos/as.

Acompaña. Los niños y niñas necesitan saber que los adultos los aceptamos aun cuando se desborden. Necesitan saber que estamos a su lado hasta que entiendan lo que les pasa y sientan otra vez su equilibrio. La táctica de “tiempo fuera” no es para usar siempre porque aunque muchos padres/madres/profes dicen que consiguen que los niños se tranquilicen, a veces lo hacen para no sentirse solos, no porque hayan entendido qué les ha pasado. Yo confieso que sólo lo he usado en situaciones donde yo sentía tan cerca mi desborde propio ( era viernes en la noche y estaba agotada, y por lo que sea sabía que de un momento a otro perdía la paciencia, o situaciones así) y nunca más de unos minutos, los necesarios para saber que mi desborde no les iba a hacer más daño. Y siempre diciéndoles que yo estaba agotada, que yo me sentía mal, que yo necesitaba unos minutos para pensar la situación. Eso hacía que ellos vieran que no era porque ellos eran malos y me estaban agotando. Nuestro desborde nunca puede hacernos perder de vista sus necesidades, y creo firmemente que la táctica de  ” tiempo fuera” muchas veces es usada para alejar el problema y que el niño/a, que es pequeño y no tiene herramientas, se tranquilice solo/a, pero que no interrumpa las cosas de adulto/a. Con el tiempo, los niños entienden que ésa es la manera de afrontar las cosas: alejarse de ellas, ya se pasarán solas.

¡VÍVELO!

Revisa tu afrontamiento de la situación frente a las pataletas de los niños. Ten a mano técnicas para tranquilizarte si las situaciones de tensión se presentan. Acostúmbrate a hablar con ellos, por muy pequeños que sean, y a explicar qué pasa, qué es lo que sienten ellos/as, y por qué tomas la decisión que tomas. Me dirás que si son muy pequeños no entienden lo que dices, y si, posiblemente no sepan tanto como para entender las palabras, pero sí notan tu tono de voz y tu tranquilidad o sosiego. Respira hondo, no reacciones a la primera. Habla despacio, la velocidad en el habla nos lleva fácilmente al grito.

Que no te afecten las miradas de desaprobación que siempre vemos cuando afrontamos una rabieta en la calle. Aleja tu atención de ello. Uno de mis hijos acostumbraba, alrededor de los 2-3 años montarme una gorda, pero gorda, cada vez que íbamos al supermercado. Quería todo y cuando le decía que no, gritaba, quería salir del carro, lloraba. Y yo sólo le repetía lo mismo cada vez “No cariño, no vamos a comprar eso. Estás enfadado, porque por mucho que te enfades, no lo vamos a comprar”.  No alteraba la voz ni la levantaba, le sonreía siempre ( a veces era difícil, no lo niego). Mi hija mayor, al lado, miraba a su hermano con preocupación de mi mano, y yo le explicaba que estaba enfadado, que era normal, porque como era pequeño quería todo y no sabía decirlo bien, pero que seguro, seguro, luego se iba a sentir mejor. En cuanto él se mostraba contento, lo abrazaba y le felicitaba. Evitaba prestar atención a las miradas de desaprobación de la gente alrededor, que seguramente querían comprar tranquilos. Me decían ¿pero porqué lo llevas al supermercado si sabes que va a pasar eso?, y yo les decía que el niño necesitaba aprender a ir a todos sitios, a aceptar que no siempre se va a hacer lo que él quiere, y comunicar correctamente las cosas. Al cabo de un tiempo, él iba al supermercado conmigo o no solo ya no pedía cosas, si no que ayudaba contento a encontrar lo que íbamos a comprar.

A veces evitamos el desborde sólo con estar atentos a los indicios de que se avecina la tormenta. Actúa sobre ellos, intenta evitar el desborde, no es agradable y es desolador para un niño, con la carga de emociones dolorosas y de soledad que conlleva eso. Distráelo, cuéntale un cuento, acércate y no lo dejes solo, acompaña su tensión.

Si aún  así pasa, céntrate en sus sentimientos, y sólo atiende a los tuyos si les pueden hacer daño en medio de todo esto. Una vez, mi hijo mediano me pregunta ” mamá ¿tú eres impaciente?”. Me asombró la pregunta (la verdad es que la paciencia no es precisamente una de mis virtudes). “Si, le digo, soy impaciente, ¿por?”, “Porque en los últimos cinco minutos, me has dicho “¡venga, vamos, vamos!” unas 20 veces, mamá”. El había entendido que cuando yo estaba impaciente le metía más prisa de la necesaria, pero que eso no quería decir que él fuera lento, es que yo veía las cosas especialmente lentas cuando estaba cansada o impaciente. Había aprendido que en una situación de conflicto, podía centrarse en mis sentimientos porque es lo que me había visto hacer con él cuando estaba enfadado, o cansado, o agobiado.

Empatizar, reflejar y acompañar no solamente nos asegura una mejor gestión del desborde, si no que nos enseña y les enseñamos a gestionar  enfados y conflictos a futuro, a poner nombre a lo que pasa, a minimizar la frustración y a poder manejarla. Porque nos guste  o no, las frustraciones estarán presentes en sus vidas, y esperemos que sean para crecer.

 

El valor educativo del esfuerzo y el posponer la recompensa

“Imagine por un momento que tiene cuatro años de edad y alguien le propone el trato siguiente: darle un malvavisco grande y delicioso ya mismo, sin condición alguna. Sencillamente por ser usted quien es. Es todo suyo. Pero si puede esperar unos minutos y no comer el malvavisco mientras la persona hace rápidamente un mandado, usted recibirá dos malvaviscos cuando la persona regrese ( lo cual es una rentabilidad excelente sobre la inversión para un niño de cuatro años). Es suficiente para poner a prueba el temple de cualquier niño en edad preescolar” ( Bussiness Think, Marcum, Smith y Khalsa, 2003cabezas-de-ninos-en-circulo)

Este fue el experimento realizado en los años 60 por la Universidad de Stanford. El experimentador se ausentaba un tiempo comprendido entre 15 y 20 minutos, tiempo que para los niños es una eternidad. Algunos caían en la tentación en más o menos tiempo, otros luchaban contra la tentación e intentaban distraer su mente en otras cosas, y algunos llegaban a ponerse bajo la mesa e intentar dormir para olvidar las ganas y obtener la recompensa esperada.

Se hizo un seguimiento a estos niños durante 20 años, en un estudio longitudinal innovador y se estableció una correlación muy fuerte entre los niños y niñas que habían controlado sus impulsos, quienes mostraban en ese tiempo mayores destrezas para el manejo del estrés, la búsqueda de objetivos, el sentido del esfuerzo y la capacidad de aplazar la recompensa y trabajar para ella. La correlación también se mostró clara en el sentido contrario, es decir, se encontraron menores niveles de seguridad, de manejo de relaciones y conflictos, de gestión eficiente del estrés y una menor iniciativa frente a las dificultades, en los niñas y niñas que no habían sido capaces de aplazar la recompensa y habían cedido al impulso de comer el malvavisco.

Además, se encuentra que los niños y niñas que fueron capaces de manifestar más resistencia a los impulsos muestran también mejores resultados en el SAT, una prueba de aptitud utilizada en EEUU como determinante para las aptitudes escolares.

Nuestros niños y niñas ¿ cómo reaccionarían frente a este dilema? Les enseñamos el valor de esperar para obtener la recompensa? En cuanto nos piden algo¿procuramos dárselo para que no se frustren, no nos griten, no se enfaden o porque pensamos que si no obtienen lo que desean sufren? Cada día veo en los centros escolares, en los medios de transporte, en los parques, padres y madres preocupados por dar a  los niños, ya, lo más inmediatamente posible, lo que quieren, aún cuando te confiesan que saben que no está bien a sus edades. Manifiestan no poder llevarles la contraria, no tener ganas de ello por más que saben que la consecución de ese deseo conllevará otras consecuencias. En muchos casos hay una negación de responsabilidades como adultos sobre los niños y niñas, creyendo que la realidad y el tiempo regularán, como por sí solo, todo esto.

Veo cotidianamente docentes que consideran que los deseos de los niños y niñas son cosas que deberían conseguir, en una mal entendida democracia que considera que los niños merecen satisfacer sus deseos y no aprender que de la frustración también se aprende. En muchos casos esto oculta las escasas ganas de asumir responsabilidades, en este caso argumentando que poner límites y regular los espacios  es responsabilidad de los padres y madres, no suya. Para estos docentes sólo hay el SI y el NO, no hay espacios intermedios, mostrando en ocasiones no tener herramientas de negociación grupal.

¿Por qué es importante esperar para obtener recompensa? Aparte de por los resultados mostrados en el experimento contado anteriormente, porque el esfuerzo mejora la autoestima, genera satisfacción íntima de “haber podido” y porque resolver el conflicto entre el NO que nos dice el entorno y el SI que busca le hace encontrar caminos, asumir  capacidades y su edad y porque en muchos casos es una buena dosis de realidad que le hace trabajar para la recompensa.

Hay un dicho que dice ” a niños pequeños, problemas pequeños”, y es muy cierto. Lo que no asumamos cuando son pequeños al ser mayores se convertirá en una bola difícilmente manejable y con menos posibilidades de remedio y actuación.

¡VÍVELO!

Como padre/madre ¿ crees que acompañas a tus niños y niñas en el valor del esfuerzo y el aplazamiento de la recompensa? Un ejemplo que siempre uso es el de los móviles: los expertos recomiendan que hasta los 14 años los niños y niñas no deberían disponer de un móvil inteligente, con el que acceder libremente a información y comunicación virtual. Pero la presión de parte de los niños para obtenerlo es mucha. Seguro que habrás oído ” todos lo tienen menos yo”. ¿Consideras que está preparado/a para tenerlo? ¿Tomas la decisión de dárselo o no en función a la responsabilidad demostrada? ¿O cedes por la presión? Decidir como padres/madres significa tener claro porqué hacemos algo, y acompañarlos en el proceso de esfuerzo, responsabilidad y aprendizaje hasta obtener la recompensa deseada. Gestionando el tiempo y las emociones intermedias, y buscando ayuda si es necesario. Que es más difícil que si le das lo que pide sin más, ¡claro! (tambié era difícil para los niños del experimento esperar y obtener la recompensa final). Lo mismo vale para los video juegos con edades recomendadas, con horas de salida, gestión del tiempo libre, permisos, etc.

Como docente ¿eres de los que piensa que los alumnos/as piensan literalmente lo que dicen? ¿Que lo que quieren necesariamente es lo que manifiestan? Tú eres un adulto, y ellos actúan como actúan con los otros adultos de referencia, pero es indudable que también reconocen con quienes pueden obtener algo o no. Un ejemplo: Conozco una profesora que una vez al curso hace una encuesta a alumnos de secundaria. Una vez se preparó con mucho esmero una actividad donde los alumnos tenían que trabajar en grupo, deducir las soluciones, plantear hipótesis, construir el aprendizaje. Planificar la actividad y los materiales le llevó mucho tiempo y no tengo que decir que a los alumnos les costó, como toda primera vez, enfocar una clase así. Está demás decir, que yo creo que aprendieron mucho más que si ella hubiera dado una clase magistral, copiando, repitiendo el libro y memorizando. Pues en la encuesta, varios alumnos manifestaron con palabras despectivas su opinión sobre la actividad, a lo que mi amiga decidió que no iba a volver  a intentarlo, porque los alumnos “no habían apreciado su esfuerzo y decían que no habían aprendido nada”…su frustración, aún sabiendo que estaba ofreciéndoles una experiencia mucho más significativa en cuanto a aprendizaje, ganó, y no quiso volver  a intentarlo. No solo es que ella no remontara la sensación inmediata, si no que tampoco les estaba enseñando a  los alumnos a hacerlo, quienes muy posiblemente no tomaron, por edad y experiencia, el valor de la clase trabajada por ella.

 

El valor del esfuerzo es el asumir responsabilidades, el sabernos capaces de solventar dificultades, el sentirnos apoyados para esperar y conseguir la recompensa, con el subidón de autoestima que ello conlleva, el saber que nada en la vida se nos dará inmediatamente después de pedirlo, que necesitamos ganas, esfuerzo, estrategia, habilidades, paciencia y aguante para llegar a ello. Y eso, nos hace crecer.

 

Cuando el NO es un “vaaale…”

240_F_76168997_FfPcqpWzm263CCvYImeI0IYhT1ZLcZyh-Mamá, cómprame eso…

-No, hija ahora no por (x razones)

-Mamáaaaa….

– Te he dicho que no, corazón

– ¡Mamáaaa!

–  Que no

– Ahhhhhhhhhh! Por qué, por qué por qué? ( se tira al suelo, se enfada cruzando los brazos y/o se pone a llorar) Ahhhhh! Si yo me he portado bien…!!!!!

– Venga, te lo compro si dejas de llorar, si?

¿Te suena? ¿Lo vives tú o alguien que conozcas?

¿Qué ha pasado? Que no hay reglas, que no hay palabra que mantener, que la madre en este caso no se muestra firme con una norma puesta por ella misma, y que cede a los enfados y chantajes de su hija. Si, chantajes. Por el temor de que la niña sufra una frustración, o porque no tiene ganas de a gestionar el enfado de la niña, permite una situación que puede marcar un estilo de relación entre las dos.

¿Qué ha pasado? Que la niña piensa que se ha salido con la suya y que ello es tan fácil como mostrarse enfadada y decepcionada, que mami me dará lo que quiero si insisto y me enfado y es cuestión de saber esperar, pero lo consigo. Algunas veces no lo consigo, por supuesto, pero el intento vale la pena dadas las veces que sí lo obtengo. En el corto plazo es genial porque consigo lo que quiero ( no reflexiono si lo merezco, si es posible, si es adecuado para mi edad o si es necesario para mi, lo quiero y ya, aprendo a actuar por impulsos), pero en el mediano plazo me confundo, porque soy pequeña y no soy capaz de entender dónde están los límites desde donde puedo establecer lo que hay que hacer o conseguir y dónde intervienen los adultos como garantes de seguridad y estabilidad en el vasto mundo.

Los niños necesitan límites, palabras a mantener, porque ello les da seguridad y posibilidades de disfrutar de un espacio que ellos saben que les pertenece.  Saber que si el adulto ( padre, madre, docente, abuelos…) me promete algo , esa consecuencia, sea la que sea, se cumplirá. Los niños y las niñas que retan constantemente son niños y niñas que no tienen claras las reglas y los límites, los cuales deben  ir adaptados a la edad y la madurez de cada menor.

Por otro lado, el saber que lo enunciado se cumplirá, nos hace, como adultos, tener más atención y controlar el enfado o la excesiva emoción y cuidar lo que prometemos como consecuencia. Cuidemos nuestra palabra, muchas veces es lo único que los niños y niñas tienen para estar seguros de que algo pasará o no. La palabra genera confianza, apoyo y protección. Y es un principio básico en la educación familiar.

¡VÍVELO!

¿Te suena la historia del inicio? Y hay versión docente: todas aquellas veces que enunciamos consecuencias que luego no cumplimos, esas no-reglas que generan espacios de incertidumbre en los alumnos y que permiten a los “mas listos” ( nótese el comillado) seguir manteniendo conductas nocivas con los compañeros que sí buscan reglas para seguir conviviendo juntos. Esto genera incertidumbre en los alumnos, consiguiendo que los que no quieren dar clases “estiren” cada vez más los retos a los profesores y los que sí quieren dar clase se desanimen y no se sientan bien en ella.

Te cuesta mantener la palabra dada? Empieza estableciendo límites específicos que te permitan avanzar en el establecimiento de normas puntuales : la hora de dormir, el lavado de dientes la hora y el tiempo de ducha, el no levantar la voz, la hora de salir al cole, etc. Y también vale para docentes: la puntualidad, las normas que se establezcan en clase, el nivel de ruido permitido, la gestión de los materiales, etc.

Enuncia, con claridad las normas antes de aplicar las consecuencias y que ellas queden claras. Nunca apliques una consecuencia sin haberla anunciado antes. Ello dará una mayor consistencia a tus actuaciones. Ampárate en ella, haz que tu palabra valga como acuerdo.  La práctica en el mantenimiento de esas normas puntuales te permitirá avanzar en las siguientes. Y no te desanimes, ni actúes según tu estado de ánimo, los niños y niñas precisan tener claras muchas cosas y estás haciendo bien por ellos. No grites, no levantes la voz, mantente inflexible si esa es la norma que se ha propuesto. Luego, una vez tengan la norma interiorizada ( paciencia, se consigue) podrás negociar en momentos puntuales concesiones o excepciones.

Explica siempre porqué se hace o no se hace algo, y mantente. Repite la norma todas las veces que sea necesario y ejercita tu asertividad. Dos estrategias asertivas que a mi me funcionaron muy bien cuando mis hijos eran pequeños ( y aún ahora tengo que echar mano de ellas) son el disco rayado y el aplazamiento asertivo.

Disco rayado: una vez recordada la norma, y frente a la discusión que los niños plantean, sólo se repite la misma frase,  la norma.

“- ¿Puedo quedarme en casa de mi amigo hasta las 10?- Sabes que tienes que volver a las 8 porque mañana hay cole. – Ya, pero me ha dicho que si me quedo a jugar, y sólo es un día…. – Vuelve a las 8, mañana hay cole. -Pero mamá, es que….. – Vuelve a las 8, mañana hay cole”. “

– “¿Puedo traerle mañana el trabajo, profe? Ayer se me olvidó – Sabías desde hace dos semanas que había que entregarlo hoy. – Ya, pero es que mi perro se puso malo ayer- Hace dos semanas ya sabías la fecha de entrega.- Ya, profe., pero haga una excepción. – Hace dos semanas sabías la fecha de entrega”

Aplazamiento asertivo: Usamos esta estrategia cuando precisamos un tiempo para aplicar una consecuencia porque no sabemos en ese momento qué responder.

–” Mamá ¿ me puedo quedar con mi amigo hasta las 10? – Sabes que tu hora de volver  es a las 8 y mañana hay cole.- Si, pero es que es que hace tiempo no le veo y quería ver si….- Ya hemos hablado de esto, la norma es que vuelvas a las 8. Posiblemente para la próxima vez, si me lo dices con tiempo, podemos discutirlo, pero mañana hay cole y es importante que duermas pronto.  -Pero mamá….- Lo hablamos cuando vengas, y lo planteamos para la próxima vez, pero ahora vente a casa. “

Y en el cole? Lo mismo. Muchos malos comportamientos son propiciados porque no hay normas claras respecto a qué límites son importantes, la confusión que sienten muchos chicos promueve el desorden en algunos y el desconcierto en otros, junto con escasa motivación por el respeto a la palabra dada.

Los niños y niñas que saben donde acaba su espacio de decisión y dónde empieza la protección del adulto puede disfrutar de ese tiempo de niñez. Los niños y niñas que disfrutan es porque saben dónde están los límites, que las normas de comportamiento están claras y que son respetuosas, que no dependen del estado de ánimo de los adultos, ello les generaría mucha incertidumbre, miedos y frustraciones innecesarias.

 

La importancia de los límites…..y no solo con los niños

Qué son los límites: educativa y relacionalmente son los puntos que marcan una linde imaginaria entre lo que permito y lo que no en mis relaciones con los demás. Estos “demás” sonina-sentada-felizn la familia, los compañeros de trabajo, los amigos, la relación padres/madres – hijos/as y con el resto de personas con las que me relaciono.

Sabéis que le doy mucha importancia al modelado en las relaciones con los niños y niñas, y a veces, cuando son pequeños, es difícil explicarles algo así como “hasta dónde si- hasta donde no”, así que vuelvo a resaltar la importancia de los modelos. ¿Cómo puedo enseñarles lo importante de los límites cuando permito relaciones tóxicas en mi vida? ¿Cómo les enseño que no debe permitir que lo/la agredan cuando permito agresiones físicas o psicológicas hacia mí? Piensa: ¿eres una persona que trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti y/o a tus peques (hijos/as, hermanos/as, sobrinos/as, alumnos/as….)? Revisa el modelado que imprimes en la historia de quienes te ven como adulta y analiza si es necesario que tú pongas los límites para tu propia vida, que es tan importante como ayudar a ponerlos a tus peques.

Poner límites es mucho más que decir NO a algo, es decir Si a todo aquello que si no digo “no” no podríamos disfrutar: decir NO al móvil antes de los 14 años es decir SI a los momentos que vamos a pasar juntos y que el estar pendientes del móvil nos robaría (atención ¿cuántas veces tú como adulta/o dices NO al móvil?); decir NO a gritar cuando discutimos es decir SI a trabajar juntos y ayudarnos cuando haya tensiones en casa; decir NO a las faltas de respeto es decir SI a felicitarnos cuando logremos una discusión sin gritos ni insultos; si digo NO a que tú como pequeño/a decidas lo que hay que hacer es decir SI a recobrar la autoridad en casa y proporcionarte un espacio de libertad y de disfrute que como niño/a tienes que tener, es decir SI a escuchar tu opinión y tus propuestas, es decir SI a que no tengas que cargar con una responsabilidad mayor de la que por tu edad tienes que tener.

Decir NO a lo que por edad, por respeto consideramos no deseable, es decir SI a lo que queremos, es ofrecer algo mucho mejor a cambio.

Muchos  niños, muchas niñas que tienen perfil de “retadores”( con conductas de tentar o retar los límites) son niños que no tienen claro hasta dónde pueden llegar, lo cual les genera mucha ansiedad. Un niño, una niña que ve con claridad el espacio del que puede disfrutar baja las tensiones y la ansiedad, y aprende de donde se sabe seguro, aprovechando su espacio, porque sabe que si algo sucede, ahí están los adultos responsables para protegerlo.

¡VÍVELO!

  • Analiza los límites que pones tú en tu vida, en tus relaciones con los demás: con tu familia, con tus compañeros de trabajo, con tus amigos y amigas. ¿Los tienes claros?
  • Los límites son elásticos: según va avanzando la edad de nuestros peques, y sobre todo, la responsabilidad que en cada edad vayan demostrando, éstos tienen que irse ampliando (¡menudo reto!). Los docentes y los padres/madres de varios niños lo saben, los niños y niñas no muestran los mismos niveles de responsabilidad sólo según la edad, también depende de su historia personal, de su posición en la familia, etc. El reto es adaptar los límites a la realidad de cada uno/a: el móvil a los 14 es un límite que depende de la situación de cada niño/a; las horas de salida y entrada a casa dependen de cada niño o niña, de su responsabilidad, de lo lejos o cerca que se vayan, con quién se van, etc
  • Cuando marques un límite, háblalo con los niños/as, intenta que ellos participen dando su opinión. Una norma construida entre todos es más respetada y cumplida.
  • Decide con claridad qué está permitido a partir de hoy y  qué no, y sobre todo, no permitas que tu estado de ánimo determine el cumplimiento o no de los límites: si no juega a la play de lunes a jueves no lo va hacer aunque yo esté de buen humor y hoy me haya dado muchos besos, es una norma. Si no le permito que llegue tarde a casa, no se lo permito por más que hoy no tenga ganas de discutir. Si, como compañero de trabajo te he dicho que no me gusta que te burles de mis ideas, te lo voy a decir por más que hoy hayamos tenido un buen día. Retroceder y permitirte actuar según tu humor es enseñar que las normas se pueden saltar, es enseñar a actuar y decidir según el estado de tu humor y no por decisiones firmes, es ponerte zancadillas a ti mismo/a.
  • Empieza con pequeñas cosas, con pequeñas normas, coge confianza, ve aprendiendo y avanza.
  • Tómatelo como arar y sembrar: te aseguro que cosecharás bien. Y eso es algo importante en la educación, la importancia del esfuerzo y el esperar. Esta es una oportunidad de enseñarles, con la vida , a hacerlo.

Liderazgo docente ¿qué es y para qué sirve?

Muchos docentes, tanto de primaria como de secundaria, nos manifiestan la necesidad de profe-secundaria-liderazgosaber qué es el liderazgo grupal docente y cómo aprovecharlo o aplicarlo mejor, en beneficio del clima de clase o de la resolución de conflictos al interior de la misma. Normalmente hablamos de liderazgo grupal en el plano empresarial, pero vemos que podemos aplicar muchas de sus estrategias al plano docente.

Tener y gestionar un adecuado liderazgo docente, aquél que provea al grupo de un marco de aprendizaje y conductual adecuado, genera muchos beneficios en el clima de clase, en el clima de aprendizaje, en la prevención de conflictos y en la motivación para ir  a la escuela. Si no, revisemos nuestra historia ¿ a qué profesor recordamos con más cariño? ¿no es quien, gestionando de manera adecuada las emociones, la comunicación y la enseñanza nos ayudó a encontrar caminos insospechados? Y no todos los docentes han sido formados en ello, a veces es como si por el hecho de ser docente ya se sabe gestionar grupos …y sabemos que no es así.

Ser un efectivo líder docente grupal implica gestionar una serie de competencias verbales, no verbales y actitudinales que son percibidas por el grupo, sea de alumnos, del resto de docentes o de los padres e indican el control y el manejo que de los alumnos como grupo se tiene. El docente que es líder marca y encuadra el grupo, dejando claro, verbal y no verbalmente, lo que está permitido y lo que no en clase, gestionando los conflictos y promoviendo acciones positivas en clase. Usa gestos e indicaciones verbales para hacer saber lo que sale de ese marco de convivencia y refuerza de manera positiva, y con claridad, lo que está bien. El docente líder muestra claramente los límites de lo permitido en su clase, y es necesario para que los alumnos sepan dónde están y puedan disfrutar del espacio efectivo de actuación.

Como dice Santiago Moll en Justifica tu Respuesta “El mejor líder es aquel que la gente apenas sabe que existe”.  Y el liderazgo se aprende. Vamos a dar algunas pinceladas para que evaluemos nuestro nivel de liderazgo docente grupal:

  1. Mensajes verbales : aparte de saber y preparar adecuadamente tu sesión, y admitir sin problemas lo que no sabes, es controlar el tono y el volumen de voz. Si no manejamos adecuadamente nuestro nivel y volumen de voz, os sucederá a menudo que en vez de indicaciones con seguridad lo que os sale de la garganta son gritos. O frente a la impotencia de no poder indicar con claridad las cosas, dejáis que el ruido y la anarquía se apoderen de la clase ( pensando “el que quiera aprender que espabile”). Y así no podemos comunicar nada. Practica frente al espejo, escúchate hablando, asegúrate que lo que quieres decir es exactamente lo que sale de tu voz, ello te dará mucha más seguridad al gestionar a  una clase. Aprende a decir lo que quieres decir en mensajes cortos. Aprende a gestionar la voz desde el diafragma y no desde la garganta. Usa pausas y “susurros” para gestionar de manera eficiente la atención de tus alumnos. Muchos profesores tienen un logopeda que les ayuda en esto, yo recomiendo también recursos del teatro, y no sólo para la voz.
  2. Mensaje no verbales: postura y vestimenta. Aprende a indicar, no verbalmente, lo que quieres decir. Analiza tu postura: ¿vas reflexivo/a, ensimismado/a por los pasillos? ¿Sonríes e invitas a que te sonrían? ( ¿sabes que la sonrisa es contagiosa?)¿Diriges afectuosamente la mirada hacia los ojos de tus alumnos o no tienes tiempo de hacerlo? ¿Tu vestimenta va acorde con lo que quieres transmitir? No soy de las que les importa la vestimenta, pero sí tengo claro que si quiero transmitir algo ello es lo primero en lo que se fijará mi interlocutor. No intento decirte cómo te debes vestir, pero sí si lo que vistes dice lo que quieres que diga. Mírate al espejo, diles a tus amigos que te digan qué imagen das (a veces somos los últimos en saberlo). Vistas como te vistas da la imagen que quieres dar. ¿Hacia donde miras cuando hablas con tus alumnos? ¿Hacia sus ojos o a la ventana?  Mira a toda la clase mientras hablas, ello ayuda a centrar su atención  y remarca que te interesa que ellos te escuchen . No pelees con el ruido cuando quieras que se callen, una postura firme delante de ellos, en silencio, los hará hacer silencio más rápido de lo que crees, pero es necesario que controles tus gestos y tu postura. Practica. Ponte de pie firme y seguro/a delante de la clase, créete el líder del grupo, ellos lo necesitan, eres el adulto responsable de ayudarlos y de acompañarlos, y de gestionar los procesos mentales y afectivos en clase. Practica en casa, frente al espejo, con los amigos.
  3. La actitud.Éste es el punto principal. Si no hay actitud de líder la voz y los mensajes no verbales no tendrán el efecto deseado, porque el grupo notará tu falta de seguridad. No tengas miedo a nombrar lo que sientes cuando estás frente a ellos, el saber qué sientes te ayudará a avanzar. No culpes a nadie, analiza lo que sucede. Ten disposición al aprendizaje, míralos y aprende de ellos, qué quieren, qué les gusta, cómo comunicarte con ellos. Sé empático. Sé ese profesor, sé esa profesora que quieres ser. Créetelo. Tú eres importante y eres quien gestiona la clase.  Serás profesor/a muchos años, si es necesario, pide ayuda. Necesitamos profesores y maestros/as que crean que pueden cambiar el mundo. El ser profesor/a o maestro/a no quiere decir que sabes todo, ni que vas a cargar con ellos ni ellas, tú eres un compañero/a de viaje, un compañero/a adulto/a y responsable, que en algunas cosas sabe más que ellos/as, pero que está dispuesto a aprender también. Como ves, no creo necesaria la actitud de “aquí mando yo”, (que se hace muy pesada) , ni el “a  mí no se me discute”….Yo estoy contigo en este viaje y quiero aprender contigo, pero encuadro la clase para beneficio de todos, y para facilitar los aprendizajes que haremos.

 

¡VÍVELO!

Aprende la diferencia entre emociones y sentimientos y gestiona positivamente éstos últimos, ayúdate en el proceso (prometemos un próximo post sobre ello)

Reprende con tranquilidad las conductas no deseadas y refuerza afirmativamente lo que ves y que te gusta en el grupo. Practica frente al espejo tu tono de “reprender” y tu tono de “felicitar”

Felicítate a ti mismo/a con cada avance conseguido. Analiza las cosas que no te gustan de tu actuación en situaciones determinadas.

No tengas miedo a admitir que no sabes algo, diles que lo estudiarás y hazlo.

Ten siempre a mano un “plan B”, el grupo es vivo, con lo cual también tiene días altos y días bajos. Procura tener  a mano una respuesta distinta por si hay que llegar al mismo sitio por caminos diferentes.

Plantéate un reto el crecer cada día en seguridad, y verás que la clase poco a poco será una clase adaptada a ti. Los alumnos necesitan un líder positivo que les acompañe en su proceso de aprendizaje , y nadie se apoya en quien está cansado o no es suficientemente firme y seguro.

Límites: cómo y por qué

Establecer límmiguelitoites con claridad es fundamental en la educación de hijos/as y alumnos/as, en nuestras relaciones personales, cuánto más en una familia. Dónde estamos, cómo estamos, qué se espera de nosotros y dónde reside el punto donde nos van a ayudar es uno de los pilares de la confianza en un grupo.

Que los niños y niñas sepan hasta dónde pueden ir, qué es lo que se espera de ellos/as, hasta dónde pueden avanzar y dónde va a estar el adulto responsabilizándose es el fundamento de la confianza, la tranquilidad y la seguridad. Un niño que no sabe con claridad los límites se pasa el tiempo retando, por que necesita saberlo, se genera en él o ella una angustia vital porque no sabe en qué momento el adulto responsable ( padre, madre, profesores, abuelos, cuidadores en general) acudirán a ayudarlo si lo necesita. Se sabe pequeño y débil ( sí, aunque a veces vayan de muy sobrados, se saben frágiles) y busca saber dónde se inicia la ayuda, la atención, la contención.

En este post os contamos los siete principios básicos para establecer y mantener límites que en nuestra experiencia como educadores y padre/madre, junto con mi pareja, nos ha servido en estos años. Desde luego, es mucho más sencillo si empezamos cuando nuestros niños o alumnos son pequeños, pero también funciona si son adolescentes o mayores, os lo aseguro. Os recomiendo tener presentes post anteriores, referidos a cómo hablar con ellos, que podéis ver aquí y  cómo hacer que nos escuchen, que podéis consultar aquí .

  1. Modela lo que esperas de ellos. Si les pides que no pongan los pies sobre la mesa de centro, no lo hagas tú. Si quieres que mantengan la habitación en orden, hazlo tú también con la tuya. Si quieres que den las gracias y pidan perdón, hazlo tú. Los primeros límites los mantienes tú y tu pareja o quien contribuya a su educación. Conozco padres y madres que no quieren que sus hijos les levanten la voz y ellos lo hacen. Conozco profesores que critican que los alumnos no sean puntuales y ellos no lo son.
  2. Especifica qué esperas de ellos/as, no les pidas “que se porten bien”. No es lo mismo decir “pórtate bien” que especificar “por favor, no levantes la voz”, ” recoge por favor tus calcetines cuando termines de ducharte”, “venga, pon la mochila en su sitio al llegar”, “dime lo que te pasa y no me grites, porque así no te puedo escuchar”, ” eso que le has dicho a tu hermana es un insulto, acércate a ella y habla porqué lo has hecho. Creo que deberías pedirle disculpas”.
  3. Controla tus emociones, enuncia la regla con tranquilidad. No enuncies reglas enfadado/a, porque lo más probable es que tu hijo/a, tu alumno/a creerá que es fruto del enfado y muy posiblemente no lo tome en serio ( y posiblemente, cuando se nos pase el enfado,tendamos a ver lo que enunciamos como injusto, retrocedamos, nuestro niño piense que él/ella “ha ganado”, e intente que una próxima vez vuelva a pasar lo mismo. Así, en vez de límites le habremos generado más incertidumbre ). Yo soy muy enérgica, y he descubierto que decirles los límites tranquila surte mucho más efecto que si me dejo llevar por mi enfado o mi frustración. Es una señal de respeto a la relación entre los/as dos, y posibilitará,  cuando sean mayores , una posible negociación. Y sobre todo, destierra de tu lenguaje el “siempre” y el “nunca”.
  4. No cedas. Aunque estés hecha polvo después de un día de trabajo, aunque estés muy contenta y veas la regla como injusta, aunque sus súplicas te hagan dudar….no cedas. A menos que verdaderamente haya sido a todas luces injusta, o sea imposible de cumplir ( todos conocemos a  niños castigados sin ver tele ¡para el resto de su vida!), y sólo en ese caso, piensa primero, y habla con tu alumno o con tu hijo/a y dile que te has equivocado ( que no pasa nada) y que has decidido cambiar la regla por esta otra que es más proporcional. Así la próxima vez te pensarás mejor qué reglas establecer, vamos aprendiendo.
  5. Intenta que la norma sea en positivo. Cambia los ” sé bueno/a”, por “habla más bajito”, los “madura”,  por “ya eres mayor, lo puedes hacer”. Lo que tu niño/a lee cuando le hablas en negativo es que él está mal y que es muy difícil hacerlo, entonces ¿para qué va a intentarlo?
  6.  Poneros de acuerdo quienes se encargan de la educación del niño/a. Intenta que las normas sean consensuadas entre tu pareja y tú, o abuelos/as, o cuidadores. Habla con sus profesores sobre cuáles con las normas en casa, e intenta que te apoyen en ello. Es un paso difícil, porque aquí te das cuenta de los diversos conceptos que en tu propia familia se tiene respecto a la educación, los límites y lo permitido o no, pero es necesario. Si el niño o la niña sabe que hay un frente común, hablado y reflexionado, será más fácil que tenga claro hasta dónde puede ir y hasta dónde no.
  7. Finalmente, separa la conducta del niño o la niña. Esta mal lo hecho, no la persona. Los niños tiene derecho a equivocarse, como cualquiera, y es necesario que se lo digas así, que es lógico que se equivoque porque está aprendiendo. Intenta que de cada equivocación salga un aprendizaje.

¿Premios materiales por portarse bien o por cumplir las normas? no soy partidaria de ellos, creo firmemente en el refuerzo positivo, en el agradecimiento y en el cariño como reconocimiento por ayudarnos entre todos a construir un medio estable y motivador dentro de la familia o del salón de clase. Y ello implica decirlo, reforzarlo, estar atentos. No se puede “pagar” por crecer.

Y finalmente, hazlo con amor, que el amor te guíe, que el amor se lea en cada pauta , en cada límite, en cada norma.

¡VÍVELO!

Intenta una pauta cada vez. Esta semana, una, la próxima, otra. No pretendas llevar a cabo todas o varias al mismo tiempo. Esto necesita entrenamiento.

Destierra de tu lenguaje esa frase consabida de ” este niño es más malo….” “esta niña es terrible,” y nunca, nunca, delante de ellos/as.

Practica frente al espejo la norma que, después de pensar, vas a enunciar. Dilo con gesto y voz firme, explica por qué pero de manera corta, no te enrrolles.

Si pasa algo que  ves que necesita una norma clara, y no estás segura de cuál, no temas decir ” creo que esto tenemos que hablarlo, pero déjame unos días para conversarlo con papá, con mamá, con la almohada…o simplemente déjame pensarlo. Pero creo que algo no está bien”. Piénsalo y luego vuelve a hablarlo con el niño o la niña. No tengas temor en decir que estás dudando, por que intentas ser justa/o…después de todo, no naciste sabiendo ser padre/madre/ profesor.

Revisa el cumplimiento de las normas que te atañen, así como invita  a que los adultos responsables lo hagan. Intenta enseñarle a tu hijo/a, alumno/a a ser consecuente, a ser responsable, a buscar buenos modelos.