A quienes vuelven a la escuela estos días…..

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Estos días de vuelta al cole, a la escuela, al instituto, intenta hacer la diferencia, intenta mejorar la vida de alguien, te lo aseguro, mejorará también la tuya.

El bullying, el acoso escolar, no es algo que empieza de un momento al otro. El acoso empieza cuando alguien no tiene amigos y muchas personas, pudiendo, no hacen algo tan sencillo como sonreírle o acercarse a él. El acoso empieza cuando pensamos “eso no es conmigo”, cuando vemos que a alguien se le molesta por ser diferente en la ropa, en la manera de hablar, en las notas, …. El acoso empieza cuando pensamos que los problemas “de los demás” no nos afectan, cuando pensamos que hay que ser un súperhéroe para ayudar a los demás.

El acoso se combate con pequeñas cosas, desde el inicio. Sonriendo a los demás ( ¿sabes que la sonrisa es contagiosa? te lo aseguro, inténtalo), tratando a los demás como quisiéramos ser tratados, no riéndonos de los demás cuando los ponen en situaciones ridículas (¿nos gustaría para nosotros?), dejando claro que para estudiar necesitamos estar bien y no ir a la escuela con miedo. Acércate a quien está solo, ofrécele tu ayuda, sonríele y haz que no se sienta solo o sola. No te digo que seas su mejor amigo si no lo sientes, pero tu compañía es mucho más importante y reconfortante de lo que crees.

Estar solo es el primer paso para ser acosado o acosada. No lo permitas.

 

VÍVELO!

Habla con tus tutores, diles que es importante hablar del acoso escolar en clase. Intenta que quede claro que estudiar y sentir miedo no son compatibles, no es sano, no os permitirá disfrutar de clase.

Como padre, como madre, habla con los tutores, intenta que el centro escolar se adscriba a algún programa de mediación de conflictos, que los profesores reciban formación al respecto.

Como profesor, no te desligues del tema. El acoso escolar no es “cosa de chavales”. El acoso escolar es una situación desagradable que muchos de tus alumnos y alumnas pasan dia a dia, con miedo al ir al instituto, con muchos sentimientos negativos durante las horas de clase, que no le permiten atender ni aprender, que no le permiten crecer sanamente. Un acosador , por definición, no va a parar con alejar al acosado/a, un acosador probablemente irá a más, buscando cuotas de poder a través de la violencia y la agresión, y explorando cada vez nuevos retos. Lo mejor es parar la situación en cuanto se inicia, aunque creas que a ti no te afecta para impartir tus clases. Fórmate, prepárate, habla de ello con tus compañeros.

Seas tutor/a o no, te regalo una dinámica que a mí me permite conocer una clase, los liderazgos presentes y los grupos formados en ella:

Manda una labor conjunta, a la clase. A mi me funciona pedirles que formen un círculo de sillas en el centro del aula, de tal manera que se puedan sentar mirándose unos a a otros. Deja que lo hagan, y observa (por favor, no intervengas, si te preguntan otra vez qué hacer, vuelve a repetir la consigna ” formen un círculo con las sillas en medio de la clase, de tal manera que se puedan sentar mirándoos unos a otros”). Habrá alumnos que pongan su silla y pasen del resto. Habrá alumnos que intenten organizar al resto de buenas maneras y habrá quien lo haga de malas maneras. Habrá alumnos que ayuden a todos a realizar el círculo. Habrá alumnos que estén pendientes de que todos estén bien. Habrá alumnos voluntariosos que ayuden a plegar mesas y pidan espacio para los demás. ¿lo ves? a veces estamos tan encima de ellos que no les permitimos manifestarse de manera libre y no nos permitimos conocerlos. Mira, observa, y apoya a aquellos alumnos que ayudan a los demás y se preocupan por el clima de clase en el que viven tantas horas al día. Muchos alumnos están hartos de escuchar cómo unos cuantos son capaces de agriar dia a dia el ambiente de clase, de ver cómo a sus compañeros se les ridiculiza y molesta y no saben qué hacer. Tu apoyo puede ser muy importante para ellos y para las personas que son acosadas.

Y una vez que estén en círculo, verás que es más fácil conseguir su atención, durante esa hora. Aprovecha para hablar con ellos (sobre el acoso,por ejemplo), o para impartir esa clase en la que precisas de toda su atención.

Rabietas, rabietas, rabietas

family_holding_hands-800x533Muchos padres, madres y educadores me preguntan ¿qué hago cuando presenta una rabieta? Llantos gritos,golpes, y escasez de entendimiento verbal y racional caracterizan esta conducta, y se manifiesta en todas las edades de la vida….si, inclusive en adultos/as.

Lo primero que tenemos que saber  es que estos comportamientos por producto del desborde y del descontrol, son frustraciones mal gestionadas por el adulto a cargo y que fueron posibles de apaciguar en estadios menos explosivos. Lo ideal es conseguir que ellos y ellas no lleguen a esos niveles altos, manteniendo la calma cuando vemos que se viene la tormenta e intentado distraerlo/a del camino recto que conlleva directo a la frustración y la explosión: cosas como aplazar el tema, proponer la expresión verbal de razones, si son pequeños mover la atención hacia otra parte, etc. ayudan. Nunca intentes contenerlo físicamente, ni grites más que él, ni le digas “tranquilízate”…está probado que es como echar más leña al fuego, sólo incrementa su desazón.

Cuando los niños/as son pequeños/as, este tipo de explosiones se presentan cuando no se sienten escuchados, cuando sienten que sus frustraciones no son manejadas y asumidas por el adulto a cargo. Son pequeños y no saben manejar lo que sienten y las emociones los desbordan. Pero si eso no es controlado de pequeños, estaremos criando un niño o niña que utilice este tipo de comportamiento para atraer la atención que de otro modo le es negada o que consigue así que se escuchen sus reivindicaciones, o conseguir lo que quiere ( ya hablamos en un post anterior que en muchos casos la palabra de los adultos depende de su estado de ánimo, no constituyendo una garantía de límites y de protección, gestionando de manera ineficaz, irrespetuosa con los sentimientos de los niños e ineficiente, la canalización emocional de la frustración)

Qué hacer si a pesar de nuestros esfuerzos, se presenta la explosión? Primero, entendamos que esto es producto de una mala gestión de ambas partes; del adulto por no verlo y/o no saber gestionarlo ( por que estamos cansados, porque estoy ocupada en otra cosa, porque no parecía que llegaría a tanto….) y del niño/a, pero él/ella es quien no tiene herramientas para gestionarlo por sí solo/a, y es necesario enseñárselas. No hay culpables, y desde luego no es el niño. Ésto que parece obvio, no lo es, y es una idea que debemos de tener para afrontar la situación de la mejor manera, es decir, aprendiendo de ella.

En este caso, hay tres palabras clave: empatizar, reflejar y acompañar

Empatiza. Mira de dónde viene la frustración, qué sucedió antes de la explosión y cómo se está sintiendo el niño o la niña. En muchos casos la situación nos deborda ( ¡a nosotros/as!) y atendemos más a cómo nos sentimos nosotros y nosotras antes que ellos/as, lo cual es un mal enfoque porque sólo complica la situación. Los niños necesitan saber que tú controlas la situación. Y controlarla no quiere decir que sabes qué castigo aplicar. Controlar quiere decir que aunque lo estén haciendo de manera inadecuada, tú puedes ser un espacio de entendimiento de sus emociones a flor de piel, que salen en bruto y de manera violenta, haciéndole daño ellos primero ( si, a ellos primero….) . Siente cómo se siente el niño o la niña, no para sufrir con ellos, si no para intentar entender desde dónde puede necesitar la ayuda.

Refleja. Reflejar es poner un espejo imaginario delante de ellos/as, un espejo que les permita entender cómo están y qué les está pasando ( por favor, no es para decirles “mira qué feo/a te pones cuando lloras….” que lo he oído mucho, como si la estética en estos casos importara). Refleja en tus palabras lo que sucede ” estás enfadado porque quieres que te compre eso, pero ahora no puede ser”, “estás triste porque tu amiga no quiere jugar contigo y es normal, pero es que a veces los amigos no hacen lo que queremos”, “Te has sentido mal porque tu amigo te ha hecho daño, ¿quieres que hablemos con él?”. Siempre, siempre, una pataleta es una emoción desbordada y no manejada correctamente, el reflejar te ayudará a ti a ponerle nombre y evitar a  su vez tu desbordamiento y a los niños y las niñas les ayuda a ponerle nombre a lo que les pasa. Con el tiempo, serán capaces de venir y decirte ” estoy triste mamá”, “estoy enfadada profe, por tal y tal cosa”, “abuelo, ahora estoy cansada y creo que eso me está enfadando”. Imagínate lo fácil que será acercarse y trabajar ese sentimiento con ellos y la de berrinches que te evitarás, creciendo emocionalmente con ellos/as.

Acompaña. Los niños y niñas necesitan saber que los adultos los aceptamos aun cuando se desborden. Necesitan saber que estamos a su lado hasta que entiendan lo que les pasa y sientan otra vez su equilibrio. La táctica de “tiempo fuera” no es para usar siempre porque aunque muchos padres/madres/profes dicen que consiguen que los niños se tranquilicen, a veces lo hacen para no sentirse solos, no porque hayan entendido qué les ha pasado. Yo confieso que sólo lo he usado en situaciones donde yo sentía tan cerca mi desborde propio ( era viernes en la noche y estaba agotada, y por lo que sea sabía que de un momento a otro perdía la paciencia, o situaciones así) y nunca más de unos minutos, los necesarios para saber que mi desborde no les iba a hacer más daño. Y siempre diciéndoles que yo estaba agotada, que yo me sentía mal, que yo necesitaba unos minutos para pensar la situación. Eso hacía que ellos vieran que no era porque ellos eran malos y me estaban agotando. Nuestro desborde nunca puede hacernos perder de vista sus necesidades, y creo firmemente que la táctica de  ” tiempo fuera” muchas veces es usada para alejar el problema y que el niño/a, que es pequeño y no tiene herramientas, se tranquilice solo/a, pero que no interrumpa las cosas de adulto/a. Con el tiempo, los niños entienden que ésa es la manera de afrontar las cosas: alejarse de ellas, ya se pasarán solas.

¡VÍVELO!

Revisa tu afrontamiento de la situación frente a las pataletas de los niños. Ten a mano técnicas para tranquilizarte si las situaciones de tensión se presentan. Acostúmbrate a hablar con ellos, por muy pequeños que sean, y a explicar qué pasa, qué es lo que sienten ellos/as, y por qué tomas la decisión que tomas. Me dirás que si son muy pequeños no entienden lo que dices, y si, posiblemente no sepan tanto como para entender las palabras, pero sí notan tu tono de voz y tu tranquilidad o sosiego. Respira hondo, no reacciones a la primera. Habla despacio, la velocidad en el habla nos lleva fácilmente al grito.

Que no te afecten las miradas de desaprobación que siempre vemos cuando afrontamos una rabieta en la calle. Aleja tu atención de ello. Uno de mis hijos acostumbraba, alrededor de los 2-3 años montarme una gorda, pero gorda, cada vez que íbamos al supermercado. Quería todo y cuando le decía que no, gritaba, quería salir del carro, lloraba. Y yo sólo le repetía lo mismo cada vez “No cariño, no vamos a comprar eso. Estás enfadado, porque por mucho que te enfades, no lo vamos a comprar”.  No alteraba la voz ni la levantaba, le sonreía siempre ( a veces era difícil, no lo niego). Mi hija mayor, al lado, miraba a su hermano con preocupación de mi mano, y yo le explicaba que estaba enfadado, que era normal, porque como era pequeño quería todo y no sabía decirlo bien, pero que seguro, seguro, luego se iba a sentir mejor. En cuanto él se mostraba contento, lo abrazaba y le felicitaba. Evitaba prestar atención a las miradas de desaprobación de la gente alrededor, que seguramente querían comprar tranquilos. Me decían ¿pero porqué lo llevas al supermercado si sabes que va a pasar eso?, y yo les decía que el niño necesitaba aprender a ir a todos sitios, a aceptar que no siempre se va a hacer lo que él quiere, y comunicar correctamente las cosas. Al cabo de un tiempo, él iba al supermercado conmigo o no solo ya no pedía cosas, si no que ayudaba contento a encontrar lo que íbamos a comprar.

A veces evitamos el desborde sólo con estar atentos a los indicios de que se avecina la tormenta. Actúa sobre ellos, intenta evitar el desborde, no es agradable y es desolador para un niño, con la carga de emociones dolorosas y de soledad que conlleva eso. Distráelo, cuéntale un cuento, acércate y no lo dejes solo, acompaña su tensión.

Si aún  así pasa, céntrate en sus sentimientos, y sólo atiende a los tuyos si les pueden hacer daño en medio de todo esto. Una vez, mi hijo mediano me pregunta ” mamá ¿tú eres impaciente?”. Me asombró la pregunta (la verdad es que la paciencia no es precisamente una de mis virtudes). “Si, le digo, soy impaciente, ¿por?”, “Porque en los últimos cinco minutos, me has dicho “¡venga, vamos, vamos!” unas 20 veces, mamá”. El había entendido que cuando yo estaba impaciente le metía más prisa de la necesaria, pero que eso no quería decir que él fuera lento, es que yo veía las cosas especialmente lentas cuando estaba cansada o impaciente. Había aprendido que en una situación de conflicto, podía centrarse en mis sentimientos porque es lo que me había visto hacer con él cuando estaba enfadado, o cansado, o agobiado.

Empatizar, reflejar y acompañar no solamente nos asegura una mejor gestión del desborde, si no que nos enseña y les enseñamos a gestionar  enfados y conflictos a futuro, a poner nombre a lo que pasa, a minimizar la frustración y a poder manejarla. Porque nos guste  o no, las frustraciones estarán presentes en sus vidas, y esperemos que sean para crecer.

 

Cuando el NO es un “vaaale…”

240_F_76168997_FfPcqpWzm263CCvYImeI0IYhT1ZLcZyh-Mamá, cómprame eso…

-No, hija ahora no por (x razones)

-Mamáaaaa….

– Te he dicho que no, corazón

– ¡Mamáaaa!

–  Que no

– Ahhhhhhhhhh! Por qué, por qué por qué? ( se tira al suelo, se enfada cruzando los brazos y/o se pone a llorar) Ahhhhh! Si yo me he portado bien…!!!!!

– Venga, te lo compro si dejas de llorar, si?

¿Te suena? ¿Lo vives tú o alguien que conozcas?

¿Qué ha pasado? Que no hay reglas, que no hay palabra que mantener, que la madre en este caso no se muestra firme con una norma puesta por ella misma, y que cede a los enfados y chantajes de su hija. Si, chantajes. Por el temor de que la niña sufra una frustración, o porque no tiene ganas de a gestionar el enfado de la niña, permite una situación que puede marcar un estilo de relación entre las dos.

¿Qué ha pasado? Que la niña piensa que se ha salido con la suya y que ello es tan fácil como mostrarse enfadada y decepcionada, que mami me dará lo que quiero si insisto y me enfado y es cuestión de saber esperar, pero lo consigo. Algunas veces no lo consigo, por supuesto, pero el intento vale la pena dadas las veces que sí lo obtengo. En el corto plazo es genial porque consigo lo que quiero ( no reflexiono si lo merezco, si es posible, si es adecuado para mi edad o si es necesario para mi, lo quiero y ya, aprendo a actuar por impulsos), pero en el mediano plazo me confundo, porque soy pequeña y no soy capaz de entender dónde están los límites desde donde puedo establecer lo que hay que hacer o conseguir y dónde intervienen los adultos como garantes de seguridad y estabilidad en el vasto mundo.

Los niños necesitan límites, palabras a mantener, porque ello les da seguridad y posibilidades de disfrutar de un espacio que ellos saben que les pertenece.  Saber que si el adulto ( padre, madre, docente, abuelos…) me promete algo , esa consecuencia, sea la que sea, se cumplirá. Los niños y las niñas que retan constantemente son niños y niñas que no tienen claras las reglas y los límites, los cuales deben  ir adaptados a la edad y la madurez de cada menor.

Por otro lado, el saber que lo enunciado se cumplirá, nos hace, como adultos, tener más atención y controlar el enfado o la excesiva emoción y cuidar lo que prometemos como consecuencia. Cuidemos nuestra palabra, muchas veces es lo único que los niños y niñas tienen para estar seguros de que algo pasará o no. La palabra genera confianza, apoyo y protección. Y es un principio básico en la educación familiar.

¡VÍVELO!

¿Te suena la historia del inicio? Y hay versión docente: todas aquellas veces que enunciamos consecuencias que luego no cumplimos, esas no-reglas que generan espacios de incertidumbre en los alumnos y que permiten a los “mas listos” ( nótese el comillado) seguir manteniendo conductas nocivas con los compañeros que sí buscan reglas para seguir conviviendo juntos. Esto genera incertidumbre en los alumnos, consiguiendo que los que no quieren dar clases “estiren” cada vez más los retos a los profesores y los que sí quieren dar clase se desanimen y no se sientan bien en ella.

Te cuesta mantener la palabra dada? Empieza estableciendo límites específicos que te permitan avanzar en el establecimiento de normas puntuales : la hora de dormir, el lavado de dientes la hora y el tiempo de ducha, el no levantar la voz, la hora de salir al cole, etc. Y también vale para docentes: la puntualidad, las normas que se establezcan en clase, el nivel de ruido permitido, la gestión de los materiales, etc.

Enuncia, con claridad las normas antes de aplicar las consecuencias y que ellas queden claras. Nunca apliques una consecuencia sin haberla anunciado antes. Ello dará una mayor consistencia a tus actuaciones. Ampárate en ella, haz que tu palabra valga como acuerdo.  La práctica en el mantenimiento de esas normas puntuales te permitirá avanzar en las siguientes. Y no te desanimes, ni actúes según tu estado de ánimo, los niños y niñas precisan tener claras muchas cosas y estás haciendo bien por ellos. No grites, no levantes la voz, mantente inflexible si esa es la norma que se ha propuesto. Luego, una vez tengan la norma interiorizada ( paciencia, se consigue) podrás negociar en momentos puntuales concesiones o excepciones.

Explica siempre porqué se hace o no se hace algo, y mantente. Repite la norma todas las veces que sea necesario y ejercita tu asertividad. Dos estrategias asertivas que a mi me funcionaron muy bien cuando mis hijos eran pequeños ( y aún ahora tengo que echar mano de ellas) son el disco rayado y el aplazamiento asertivo.

Disco rayado: una vez recordada la norma, y frente a la discusión que los niños plantean, sólo se repite la misma frase,  la norma.

“- ¿Puedo quedarme en casa de mi amigo hasta las 10?- Sabes que tienes que volver a las 8 porque mañana hay cole. – Ya, pero me ha dicho que si me quedo a jugar, y sólo es un día…. – Vuelve a las 8, mañana hay cole. -Pero mamá, es que….. – Vuelve a las 8, mañana hay cole”. “

– “¿Puedo traerle mañana el trabajo, profe? Ayer se me olvidó – Sabías desde hace dos semanas que había que entregarlo hoy. – Ya, pero es que mi perro se puso malo ayer- Hace dos semanas ya sabías la fecha de entrega.- Ya, profe., pero haga una excepción. – Hace dos semanas sabías la fecha de entrega”

Aplazamiento asertivo: Usamos esta estrategia cuando precisamos un tiempo para aplicar una consecuencia porque no sabemos en ese momento qué responder.

–” Mamá ¿ me puedo quedar con mi amigo hasta las 10? – Sabes que tu hora de volver  es a las 8 y mañana hay cole.- Si, pero es que es que hace tiempo no le veo y quería ver si….- Ya hemos hablado de esto, la norma es que vuelvas a las 8. Posiblemente para la próxima vez, si me lo dices con tiempo, podemos discutirlo, pero mañana hay cole y es importante que duermas pronto.  -Pero mamá….- Lo hablamos cuando vengas, y lo planteamos para la próxima vez, pero ahora vente a casa. “

Y en el cole? Lo mismo. Muchos malos comportamientos son propiciados porque no hay normas claras respecto a qué límites son importantes, la confusión que sienten muchos chicos promueve el desorden en algunos y el desconcierto en otros, junto con escasa motivación por el respeto a la palabra dada.

Los niños y niñas que saben donde acaba su espacio de decisión y dónde empieza la protección del adulto puede disfrutar de ese tiempo de niñez. Los niños y niñas que disfrutan es porque saben dónde están los límites, que las normas de comportamiento están claras y que son respetuosas, que no dependen del estado de ánimo de los adultos, ello les generaría mucha incertidumbre, miedos y frustraciones innecesarias.

 

Centros que construyen futuro

Hay Centros que frente a las necesidades que ven, actúan. Hay Centros cuyos docentes echan horas, esfuerzo y ganas por cambiar las cosas. Hay Centros que no se conforman “con lo que hay”, no sWhatsApp Image 2017-03-27 at 12.43.07 (4)e resignan a seguir por el mismo camino y piensan ¿qué podemos hacer? …y llaman, y piensan, y aprenden, y se someten a cambiar parámetros de pensamiento y de actuación si ello redunda en beneficio de los menores a su cargo, si eso significa que los alumnos pueden tener una oportunidad de cambiar su diario convivir a mejor…

Es el caso de muchos Centros con los que tengo la suerte de trabajar, de quienes aprendo y con quienes comparto espacios de aprendizaje. Y quiero hablaros del Colegio VegaSur, de San Martín de la Vega, una localidad del extrarradio de Madrid. Un grupo de profesoras, con la directora y la orientadora, deciden, en vista de lo observado en el Centro, formarse para gestionar un proyecto que les ayude a mejorar el clima en las clases y promover el desarrollo equilibrado de sus alumnos. E inician un trabajo desde el curso pasado para formarse en ello, aprender estrategias nuevas y desaprender viejas estrategias de aprendizaje, con lo que ello conlleva.

Este curso he tenido la suerte de trabajar con ellas y ser testigo de sus esfuerzos por mejorar , de su interés por cambiar el clima de muchas clases y de sus ganas de quitarse de encima estrategias que no funcionan en la práctica. Y tengWhatsApp Image 2017-03-27 at 12.43.07o que decir que he aprendido mucho de ellas: de sus ganas, de su empuje, de su positivismo, de su espíritu de equipo. De sus ganas de bromear aunque por momentos confesasen sentirse desorientadas, de sus ganas de aprender juntas.

Ella inician este curso un grupo de mediación gestionado por profesoras con vistas a plantearlo el próximo curso para incluir a alumnos como sujetos activos de gestión, de prevención, de comunicación, de negociación y de trabajo en equipo ¡Olé!

Grupos como éstos nos animan y nos dan fuerzas para seguir luchando por la educación. Grupos como éstos son los que nos dicen que hay mucho aún por lo que trabajar. Grupos como éstos nos vuelven la mirada a la meta: hacer de la escuela espacios de paz, desarrollo y crecimiento para todos los niñas y niñas, aprender para enseñar, crecer para ayudarles a crecer en la vida.  Porque lo que no se aprende no se puede enseñar, porque solas nos acompañamos en el camino y podemos más y mejor.

¡VÍVELO!

¿Hace cuánto que en tu Centro no os formáis en estrategias de acercamiento y aprendizaje a las vivencias de tus alumnos /as?

¿Sientes que las estrategias que usas y que usan tus compañeros/as no funcionan?

¿Crees que existen otras maneras de crear espacios de crecimiento de todos los que conforman la comunidad educativa (alumnos/as, padres/madres, docentes, personal administrativo…)?

Llama, pide, busca soluciones. No te resignes al ” así se ha hecho siempre”, existen muchas maneras más satisfactorias de hacerlo, y se pueden aprender.