Escuela, prejuicios y racismo

27052892-grupo-multi-tnico-estudiantes-universitarios-con-carteles-en-el-signo-de-interrogaci-n-delante-de-su (1)Si una sociedad manifiesta dosis de racismo, de discriminación y de ignorancia respecto a la realidad multi e intercultural existente en ella, la escuela lo manifestará. La escuela es el microuniverso donde los parámetros de vida social se reproducen, para bien o para mal. Decimos con naturalidad, porque lo tenemos asumido, que la familia es la célula básica de la sociedad, y deberíamos decir, con la misma naturalidad, que la escuela es la manifestación de lo que como sociedad somos.

 

 

 

El desconocimiento respecto a nuestra realidad migratoria, y cómo ello afecta a los espacios escolares, es palpable entre los docentes y el personal de los Centros Escolares. Tengo que indicar también que las ganas de saber de este colectivo es mucha. Los docentes son conscientes que su formación y su análisis respecto a la realidad familiar, de integración social, de procesos emocionales y de aceptación entre los alumnos migrantes o hijos de migrantes es escasa.

 

La ausencia de población migrante entre el colectivo docente también es un indicador, mostrando en muchos casos, sin saberlo, prejuicios perjudiciales para alumnos y padres/madres. En España aún no vemos a la realidad migrante, de integración y de interculturalidad dentro del currículum de los Centros Escolares. Y nos estamos perdiendo la riqueza cultural que los alumnos traen a clase, todos esos aprendizajes ocultos de los que tanto hemos hablado y que constituyen el espacio de acomodación de aprendizajes posteriores.

Nuestra observación de los últimos 20 años en Centros Escolares es que cuando los alumnos no se sienten aceptados y valorados en todo lo que son ( y su proceso migratorio, o el de sus progenitores, es una parte importante de lo son), se recluyen en quienes entienden sus emociones al respecto, tendiendo a formar grupos por nacionalidad o procedencia dentro de los Centros, ésos que los docentes luchan  tanto para erradicar ( y con razón).

La solución no es señalar constantemente quién eres y de donde vienes.  La solución pasa por procesar y entender en el proceso instructivo la riqueza que cada composición de clase tiene, siendo conscientes de nuestros prejuicios respecto a las posibilidades de cada alumno o alumna según  de dónde venga y de dónde sean sus padres/madres. Y formarnos en ello, teniendo datos, investigaciones que aportar a la discusión y el debate. Porque cuando aplicamos nuestros prejuicios en nuestra posición docente de autoridad, aplicamos racismo y discriminación. La procedencia de alguien no dice quién es ni hasta dónde va a llegar, así como no lo dice su nivel económico, ni el social ni lo bien o mal que nos parezcan los progenitores. Y si conocemos alumnos migrantes en quienes nuestra “profecía” se cumplió y no llegaron a niveles altos de formación, pensemos que posiblemente no fue por que genéticamente o por procedencia no pudo, posiblemente las trabas en el camino fueron muchas….y  nuestros prejuicios aportaron palos en ello.

El racismo y la discriminación matan los sueños de los niños, no contribuyamos a eso, revisemos nuestros prejuicios.

VÍVELO!

¿Qué porcentaje de alumnos migrantes hay en tu escuela? Sabes cuántos de ellos migraron y cuántos de ellos llevan la migración de sus padres/madres consigo?

¿Qué realidad existió en sus países, en su familia  o en su zona para marchar? Qué familias dejaron, qué procesos dejaron?

¿Conoces los sistemas educativos de los países de los que proceden tus chicos? En muchos países considerados “subdesarrollados” existen sistemas educativos alternativos muy interesantes, que pueden ayudarte a enriquecer tu clase y hacer que tus chicos se sientan valorados en sus capacidades.

¿Sabes lo que es Síndrome de Ulises?. Existe, y es una carga muy pesada para muchos chavales, llevándolos a verdaderos cuadros patológicos físicos y mentales.

¿Cuántas veces felicitas a tus alumnos, a los amigos de tus hijos, según lo que esperas de ellos/as? Ejemplo:

“Qué bien lo has hecho para lo pequeño que eres” (que algunas procedencias manifiesten medias de altura menores que las españolas no quiere decir que no puedan hacer cosas)

“Mira, lo has conseguido, y parecía que te iba a ser difícil….digo, porque al venir de fuera todo es más difícil para ti….”( esto lo he oído yo misma de una profesora a un chaval que ya llevaba viviendo en España más de cinco años….),

“Qué bien te expresas, con lo difícil que tiene que ser para ti el español, no?” (dicho a una niña china adoptada por españoles y que vive aquí desde que nació, unos 14 años más o menos…..)

“Con lo mal que se te dan las mates y la lengua, hay que ver lo bien que se te da el piano” (una profesora de música, en mitad de curso, a un chico originario de Europa del Este, que lleva meses con ella y del que ella no se había enterado que en el país en el que vivía había hecho cuatro años de piano y solfeo).

Quitarnos los prejuicios nos hace más libres, más divertidas y más flexibles. Y como padres, madres y maestras, debemos ver a los chavales como lo que son, con sus trayectorias y sus riquezas, y hacerlas crecer.

 

Hermanxs, compañerxs de vida

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“Hermanos/as” son personas que nos regala la vida para acompañarnos por ella.

En este tiempo de verano en el hemisferio norte, donde compartimos más tiempo familiar que nunca, y de “medio curso” en el hemisferio sur, donde hay pequeños tiempos de descanso escolar, retomamos un artículo que tuvo mucha aceptación. Disfrutemos de lo divertido de tener hermanos, hermanas, compañeros de vida….

“Hermanos” son personas que nos regala la vida para acompañarnos en el camino por ella. Mayores o pequeños, son personas que nos confrontan con nuestra posición en la vida, nos regalan, a lo largo de la vida, momentos de paz, de complicidad y polémica, de pelea, de enfados con el otro y conmigo misma. Compartimos con ellos la conexión a la vida y nos enseñan a compartir, a tener estrategias de obtención de objetivos, a tomar conciencia de mi posición en ese micromundo que es una familia, cualquiera sea la forma de la misma, nos ayudan a encontrar el “dónde estoy”. Los que tenemos  hermanos o hermanas mayores sabemos lo que es saber muchas cosas antes que otros compañeros que no tenían esa suerte. Los que tenemos hermanos pequeños nos hemos sentido poderosos o poderosas algunas veces frente a “los pequeñajos”. Muchos hijos únicos lo son por no tener hermanos y muchos lo son en la práctica por tenerlos tan distantes en el orden de nacimiento que ha sido como si lo fueran. Muchos tienen hermanos con quienes no comparten ADN, pero sí una vida y todo lo que ha dado el corazón. Muchos y muchas tienen la suerte de crecer junto a primos y primas que amplían su universo emocional y afectivo, siendo lo más parecido a hermanos en la vida. Los que pertenecemos a una familia numerosa sabemos lo que es comer rápido para que los mayores no nos quiten las cosas ricas , o porque nuestro padre, nuestra madre,  ante la tarea de dar a tantos de comer, nos metía prisa y aprendimos a aprovechar de una manera práctica los tiempos y las oportunidades.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar habilidades en la vida, a poner en práctica  habilidades para defendernos o para conseguir lo que queremos.

¿Cuántos de nosotros notamos cuando alguien es hijo único o hija única? Los docentes lo tienen claro y lo distinguen con más o menos facilidad. El hábito de compartir, de elaborar estrategias para la obtención de mis objetivos, de gestionar determinadas habilidades comunicativas y protectoras es lo propio en personas con muchos hermanos. Hace algún tiempo, comiendo bocadillos con varios amigos, noté que entre nosotros algunas  personas acabábamos muy rápido de comer mientras otras personas comían con (mucha) más lentitud. Pedí que levantaran la mano quienes tienen más de dos hermanos, y conforme a mi hipótesis, levantamos la mano quienes teníamos el bocadillo terminado en el menor tiempo.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar recursos personales en la vida, a poner en práctica  habilidades para conseguir lo que queremos. Una familia es un universo en sí mismo, con sus reglas y su orden. Mi posición en ella y la parcela del microcosmos que me toca determinan lo que soy y lo que busco en la vida. No soy totalmente partidaria de la Teoría de las Constelaciones Familiares, pero no puedo negar que tiene sentido y conozco casos donde el ser consciente de los roles propios y los de los demás ha ayudado a mucha gente a entender el porqué de determinadas búsquedas vitales. ¿Si no por qué creéis que, cuando los dos hijos o las dos hijas mayores son del mismo sexo el segundo o la segunda siempre es más alto o alta que el primero o primera (al terminar de crecer, se entiende)?  y son polos opuestos en características, en habilidades, en intereses … Buscad los casos que conozcáis, y veréis que es así. La naturaleza lucha para estar por encima alguna vez, es una especie de venganza biológica para el segundo quien durante la etapa de crecimiento siempre ha sido el más pequeño o pequeña, quien pasó más desapercibido, pasó por sentirse  menos listo/a puesto que el primero destacaba por ser la novedad para los padres, abuelos, etc. Y eso entre personitas del mismo sexo es competición vital, el segundo o la segunda necesita buscar su espacio y diferenciarse del primero o primera.

Con los/as hermanos/as, las raíces educativas y familiares comunes se encuentran y fortalecen nuestra infancia y nuestra vida en general.

¡VÍVELO!

 La convivencia con varios hermanos también lleva consigo algo que a  los progenitores les agobia mucho: las competiciones (“peleas”) entre ellos. Primero que nada, he de decir que entiendo por “peleas” la competición por espacios de notoriedad, discusiones por el roce que necesariamente trae la convivencia, la mala gestión, por cuestiones de edad, de responsabilidades dentro de casa, malos entendimientos por lo que se quiere o no se quiere, por juegos, por tiempos, pequeñas “maldades” que buscan molestar ( no hacer daño) al otro, etc. No son peleas: las faltas de respeto, los golpes, los insultos, el buscar hacer daño. Eso es un conflicto que se debe hablar y resolver. Las peleas anteriormente mencionadas son producto de la necesidad de buscar su espacio en el universo familiar, de conseguir la mirada y atención de los progenitores y de buscar su lugar con respecto a las habilidades fraternas. Por lo cual, peleas-competiciones dentro del espacio familiar pueden ser hasta normales, nunca fuera de ella. La identidad común, entre hermanos bien avenidos, debe de primar en espacios externos. Una vez, unos profesores me comentaban que dos hermanos en el Instituto se llevaban a matar, no se podían ver, encontrarse era sinónimo de agresiones físicas y de insultos entre uno y otro. “Como hermanos bien avenidos” me dijeron. Reaccioné inmediatamente: No, eso es un conflicto grave entre hermanos, las peleas y la competición es por el amor y la atención de los progenitores, y fuera de casa, nuestra identidad común nos debería unir y fortalecer. Solicitamos la intervención del apoyo familiar necesario y se llegó a la raíz de un grave problema familiar.

La gestión de los lazos fraternos a veces es una pesada carga para los responsables adultos. Es importante dotarnos de paciencia y de comprensión, y de hacer notorios los lazos comunes que nos unen más allá de las diferencias, y de las odiosas comparaciones. Por favor, como padre, como madre, no compares, hazles ver con tu ejemplo que cada uno, cada una tiene habilidades y competencias propias, muéstrales cómo amar sus particularidades y enséñales a buscar, juntos, sus objetivos. Enséñales a ser complementarios, a ser complementarias, a ser un equipo.

Como docente, no olvides que los hermanos no pueden ser comparados, el párrafo anterior es válido también en espacios escolares, ayúdales a encontrar su propio lugar y a tener su propia voz. Valora lo diferente en cada uno. Siempre les digo a mis hijos ¿eres distinto en algo? Qué bueno. El mundo es de los diferentes, los que hacen la historia han sido personas que no eran igual que los de su época, que lucharon por hacer las cosas diferentes, por tener un punto de vista complementario, aunque ello les haya hecho luchar más que los demás en algunos ámbitos.

¿Y qué hay de cierto en la teoría del “hijo sándwich”? Imaginemos que estamos en una familia donde el mayor o la mayor siempre despierta el asombro de los progenitores: el primer día de cole, las primeras buenas o malas notas, la primera salida con amigos, ….y por otro lado, quien es el o la más pequeña despierta el encanto y el engreimiento de los padres o madres: el último, el bebé, al que hay que proteger. En ese escenario ¿cómo nos sentimos si somos el hijo o hija de “en medio”? Y si el sexo de los o las tres es el mismo, esto es más real aún. Claro que hay factores que modifican esta teoría, como las diferencias de edad, pero a grandes rasgos, es así. No estoy diciendo que necesariamente este hijo  medio desarrolle problemas conductuales, o académicos, nada de eso. Simplemente que en muchos casos necesitará que nos pongamos en su lugar y le prestemos la atención necesaria por cosas positivas, que si no, posiblemente la busque obtener por vías negativas.

Movimiento, verano y aprendizaje

mujer-saltando-verde-panueloQue el verano es un buen momento para aprender? Que? Si. El verano es un tiempo para hacer aquello que no hemos hecho durante el curso, y eso implica aprender de maneras diferentes.

Todos conocemos ese profesor que les recomendó a sus alumnos disfrutar durante el verano, dejándoles tareas que no tenían nada que ver con estudiar en el sentido clásico del término. Y todas ellas eran para aprender: aprender a movernos, algo que hacemos poco durante el curso. Aprender a mirar, algo que hacemos menos durante el curso. Aprender a sonreír, algo que hacemos poco y mal durante el curso. Aprender a sentir, algo que (¡uffffff!) gastamos poco durante el curso y fuera de él.

Para los que inician verano en el hemisferio Norte y necesitan renovar energías para el curso que viene y para quienes en el hemisferio Sur están en medio de curso, y a modo de evaluación de mitad de curso pueden y quiere reajustar estrategias de aprendizaje, de crecer y de sentir, os dejamos razones por las cuales es bueno movernos, mirar, sentir, crecer y construir con las manos y los sentidos.

  1. Por desarrollo neurológico. La actividad física genera BDNF, proteína del cerebro que posibilita mejores conexiones neuronales, incrementando la memoria, , la flexibilidad, la velocidad de procesamiento. La actividad física es una especie de lubricante neuronal, generando mejores redes de procesamiento, y logrando procesos neuronales más eficaces y eficientes.
  2. Por oxigenación.  Una oxigenación correcta, evitando largos periodos sedentarios posibilita mejoras notorias en todo el organismo, incrementando la atención, el recuerdo, y las relaciones lógicas con el entorno.
  3. Por compartir, por comunicarnos con otros. Jugar con otros aumenta nuestras posibilidades de comunicación eficiente, nos ayuda a resolver conflictos generados por el compartir espacio y ayuda a ubicarnos entre nuestros pares.
  4. Por sentirnos bien. Todas conocemos esa sensación: nos da pereza movernos, salir, tomar el sol, correr un poco, pero cuando lo hacemos, tenemos la sensación de energía durante todo el día. Y si lo hacemos en compañía, mejor.
  5. Por cambiar de actividad y postura. Estamos muchas horas sentados, estudiando, investigando, conduciendo si somos adultas y muchas de nuestras actividades son en la misma postura sentada. Movamos nuestro cuerpo, cambiemos de postura, no permitamos que partes del mismo se nos lesionen por falta de movimiento, todos conocemos niños y niñas que desde muy jóvenes tienen problemas de espalda debido a estar muchas horas sentadas y empezando una vida sedentaria muy pronto.

¿Necesitas más razones para moverte más tú y tus niños a partir de hoy?

 

¡VÍVELO!

Si estás empezando el verano, aprovecha para moverte y hacer aquellas cosas que durante el largo y frío invierno no podrías hacer. Si normalmente tienes una vida sedentaria intenta cambiarla y si es en compañía, mejor, te resultará aún más gratificante. Muévete, verás que, sin darte cuenta, sonreirás más.

Deja que los niños y las niñas exploren, se ensucien y jueguen al aire libre. Si vives en un pueblo pequeño, aprovecha los espacios y el tiempo que tenéis,. Si no puedes irte a pasar el veranoa  a un pueblo, escápate fuera de la ciudad en cuanto puedas, o aprovecha parques y jardines, respira hondo y disfruta de todo lo verde que puedas. ¿Cuántas veces nos vemos diciendo ” está aquí al lado, ya disfrutaré otro día de este parque, este paseo, …?” Ese día es hoy, y mañana, y pasado….

Si estás en medio del curso escolar, y los horarios y las obligaciones del trabajo y el estudio te hacen creer que no hay tiempo ni espacio para moverte, quítate esa idea de la cabeza. En casa nos retamos a concursos de baile (un videojuego) los fines de semana, y más que coordinar los movimientos, no paramos de reírnos. Date un minuto antes de iniciar tus clases con movimientos de hombros, estiramientos sencillos, movimientos de cabeza. Respira hondo y cuenta hasta 7 antes de exhalar el aire en 8 segundos, lentamente, notarás que tus hombros dejarán poco a poco la postura de estar “en guardia” que mantenemos habitualmente. Hazlo con tus alumnos, verás que bajarán tensiones, y su cerebro estará más presto a todo lo que les quieras mostrar en esa sesión.

Aún si las notas obligan a muchos alumnos a estudiar en el verano,dales espacio de moverse, de caminar, de estar con otros y otras, de gestionar emociones. Ayúdalos a generar espacios de desarrollo y conexión neuronal que posibiliten mejores resultados de aprendizaje. Porque en verano, o invierno, moviéndonos también aprendemos.

 

Rabietas, rabietas, rabietas

family_holding_hands-800x533Muchos padres, madres y educadores me preguntan ¿qué hago cuando presenta una rabieta? Llantos gritos,golpes, y escasez de entendimiento verbal y racional caracterizan esta conducta, y se manifiesta en todas las edades de la vida….si, inclusive en adultos/as.

Lo primero que tenemos que saber  es que estos comportamientos por producto del desborde y del descontrol, son frustraciones mal gestionadas por el adulto a cargo y que fueron posibles de apaciguar en estadios menos explosivos. Lo ideal es conseguir que ellos y ellas no lleguen a esos niveles altos, manteniendo la calma cuando vemos que se viene la tormenta e intentado distraerlo/a del camino recto que conlleva directo a la frustración y la explosión: cosas como aplazar el tema, proponer la expresión verbal de razones, si son pequeños mover la atención hacia otra parte, etc. ayudan. Nunca intentes contenerlo físicamente, ni grites más que él, ni le digas “tranquilízate”…está probado que es como echar más leña al fuego, sólo incrementa su desazón.

Cuando los niños/as son pequeños/as, este tipo de explosiones se presentan cuando no se sienten escuchados, cuando sienten que sus frustraciones no son manejadas y asumidas por el adulto a cargo. Son pequeños y no saben manejar lo que sienten y las emociones los desbordan. Pero si eso no es controlado de pequeños, estaremos criando un niño o niña que utilice este tipo de comportamiento para atraer la atención que de otro modo le es negada o que consigue así que se escuchen sus reivindicaciones, o conseguir lo que quiere ( ya hablamos en un post anterior que en muchos casos la palabra de los adultos depende de su estado de ánimo, no constituyendo una garantía de límites y de protección, gestionando de manera ineficaz, irrespetuosa con los sentimientos de los niños e ineficiente, la canalización emocional de la frustración)

Qué hacer si a pesar de nuestros esfuerzos, se presenta la explosión? Primero, entendamos que esto es producto de una mala gestión de ambas partes; del adulto por no verlo y/o no saber gestionarlo ( por que estamos cansados, porque estoy ocupada en otra cosa, porque no parecía que llegaría a tanto….) y del niño/a, pero él/ella es quien no tiene herramientas para gestionarlo por sí solo/a, y es necesario enseñárselas. No hay culpables, y desde luego no es el niño. Ésto que parece obvio, no lo es, y es una idea que debemos de tener para afrontar la situación de la mejor manera, es decir, aprendiendo de ella.

En este caso, hay tres palabras clave: empatizar, reflejar y acompañar

Empatiza. Mira de dónde viene la frustración, qué sucedió antes de la explosión y cómo se está sintiendo el niño o la niña. En muchos casos la situación nos deborda ( ¡a nosotros/as!) y atendemos más a cómo nos sentimos nosotros y nosotras antes que ellos/as, lo cual es un mal enfoque porque sólo complica la situación. Los niños necesitan saber que tú controlas la situación. Y controlarla no quiere decir que sabes qué castigo aplicar. Controlar quiere decir que aunque lo estén haciendo de manera inadecuada, tú puedes ser un espacio de entendimiento de sus emociones a flor de piel, que salen en bruto y de manera violenta, haciéndole daño ellos primero ( si, a ellos primero….) . Siente cómo se siente el niño o la niña, no para sufrir con ellos, si no para intentar entender desde dónde puede necesitar la ayuda.

Refleja. Reflejar es poner un espejo imaginario delante de ellos/as, un espejo que les permita entender cómo están y qué les está pasando ( por favor, no es para decirles “mira qué feo/a te pones cuando lloras….” que lo he oído mucho, como si la estética en estos casos importara). Refleja en tus palabras lo que sucede ” estás enfadado porque quieres que te compre eso, pero ahora no puede ser”, “estás triste porque tu amiga no quiere jugar contigo y es normal, pero es que a veces los amigos no hacen lo que queremos”, “Te has sentido mal porque tu amigo te ha hecho daño, ¿quieres que hablemos con él?”. Siempre, siempre, una pataleta es una emoción desbordada y no manejada correctamente, el reflejar te ayudará a ti a ponerle nombre y evitar a  su vez tu desbordamiento y a los niños y las niñas les ayuda a ponerle nombre a lo que les pasa. Con el tiempo, serán capaces de venir y decirte ” estoy triste mamá”, “estoy enfadada profe, por tal y tal cosa”, “abuelo, ahora estoy cansada y creo que eso me está enfadando”. Imagínate lo fácil que será acercarse y trabajar ese sentimiento con ellos y la de berrinches que te evitarás, creciendo emocionalmente con ellos/as.

Acompaña. Los niños y niñas necesitan saber que los adultos los aceptamos aun cuando se desborden. Necesitan saber que estamos a su lado hasta que entiendan lo que les pasa y sientan otra vez su equilibrio. La táctica de “tiempo fuera” no es para usar siempre porque aunque muchos padres/madres/profes dicen que consiguen que los niños se tranquilicen, a veces lo hacen para no sentirse solos, no porque hayan entendido qué les ha pasado. Yo confieso que sólo lo he usado en situaciones donde yo sentía tan cerca mi desborde propio ( era viernes en la noche y estaba agotada, y por lo que sea sabía que de un momento a otro perdía la paciencia, o situaciones así) y nunca más de unos minutos, los necesarios para saber que mi desborde no les iba a hacer más daño. Y siempre diciéndoles que yo estaba agotada, que yo me sentía mal, que yo necesitaba unos minutos para pensar la situación. Eso hacía que ellos vieran que no era porque ellos eran malos y me estaban agotando. Nuestro desborde nunca puede hacernos perder de vista sus necesidades, y creo firmemente que la táctica de  ” tiempo fuera” muchas veces es usada para alejar el problema y que el niño/a, que es pequeño y no tiene herramientas, se tranquilice solo/a, pero que no interrumpa las cosas de adulto/a. Con el tiempo, los niños entienden que ésa es la manera de afrontar las cosas: alejarse de ellas, ya se pasarán solas.

¡VÍVELO!

Revisa tu afrontamiento de la situación frente a las pataletas de los niños. Ten a mano técnicas para tranquilizarte si las situaciones de tensión se presentan. Acostúmbrate a hablar con ellos, por muy pequeños que sean, y a explicar qué pasa, qué es lo que sienten ellos/as, y por qué tomas la decisión que tomas. Me dirás que si son muy pequeños no entienden lo que dices, y si, posiblemente no sepan tanto como para entender las palabras, pero sí notan tu tono de voz y tu tranquilidad o sosiego. Respira hondo, no reacciones a la primera. Habla despacio, la velocidad en el habla nos lleva fácilmente al grito.

Que no te afecten las miradas de desaprobación que siempre vemos cuando afrontamos una rabieta en la calle. Aleja tu atención de ello. Uno de mis hijos acostumbraba, alrededor de los 2-3 años montarme una gorda, pero gorda, cada vez que íbamos al supermercado. Quería todo y cuando le decía que no, gritaba, quería salir del carro, lloraba. Y yo sólo le repetía lo mismo cada vez “No cariño, no vamos a comprar eso. Estás enfadado, porque por mucho que te enfades, no lo vamos a comprar”.  No alteraba la voz ni la levantaba, le sonreía siempre ( a veces era difícil, no lo niego). Mi hija mayor, al lado, miraba a su hermano con preocupación de mi mano, y yo le explicaba que estaba enfadado, que era normal, porque como era pequeño quería todo y no sabía decirlo bien, pero que seguro, seguro, luego se iba a sentir mejor. En cuanto él se mostraba contento, lo abrazaba y le felicitaba. Evitaba prestar atención a las miradas de desaprobación de la gente alrededor, que seguramente querían comprar tranquilos. Me decían ¿pero porqué lo llevas al supermercado si sabes que va a pasar eso?, y yo les decía que el niño necesitaba aprender a ir a todos sitios, a aceptar que no siempre se va a hacer lo que él quiere, y comunicar correctamente las cosas. Al cabo de un tiempo, él iba al supermercado conmigo o no solo ya no pedía cosas, si no que ayudaba contento a encontrar lo que íbamos a comprar.

A veces evitamos el desborde sólo con estar atentos a los indicios de que se avecina la tormenta. Actúa sobre ellos, intenta evitar el desborde, no es agradable y es desolador para un niño, con la carga de emociones dolorosas y de soledad que conlleva eso. Distráelo, cuéntale un cuento, acércate y no lo dejes solo, acompaña su tensión.

Si aún  así pasa, céntrate en sus sentimientos, y sólo atiende a los tuyos si les pueden hacer daño en medio de todo esto. Una vez, mi hijo mediano me pregunta ” mamá ¿tú eres impaciente?”. Me asombró la pregunta (la verdad es que la paciencia no es precisamente una de mis virtudes). “Si, le digo, soy impaciente, ¿por?”, “Porque en los últimos cinco minutos, me has dicho “¡venga, vamos, vamos!” unas 20 veces, mamá”. El había entendido que cuando yo estaba impaciente le metía más prisa de la necesaria, pero que eso no quería decir que él fuera lento, es que yo veía las cosas especialmente lentas cuando estaba cansada o impaciente. Había aprendido que en una situación de conflicto, podía centrarse en mis sentimientos porque es lo que me había visto hacer con él cuando estaba enfadado, o cansado, o agobiado.

Empatizar, reflejar y acompañar no solamente nos asegura una mejor gestión del desborde, si no que nos enseña y les enseñamos a gestionar  enfados y conflictos a futuro, a poner nombre a lo que pasa, a minimizar la frustración y a poder manejarla. Porque nos guste  o no, las frustraciones estarán presentes en sus vidas, y esperemos que sean para crecer.

 

El valor educativo del esfuerzo y el posponer la recompensa

“Imagine por un momento que tiene cuatro años de edad y alguien le propone el trato siguiente: darle un malvavisco grande y delicioso ya mismo, sin condición alguna. Sencillamente por ser usted quien es. Es todo suyo. Pero si puede esperar unos minutos y no comer el malvavisco mientras la persona hace rápidamente un mandado, usted recibirá dos malvaviscos cuando la persona regrese ( lo cual es una rentabilidad excelente sobre la inversión para un niño de cuatro años). Es suficiente para poner a prueba el temple de cualquier niño en edad preescolar” ( Bussiness Think, Marcum, Smith y Khalsa, 2003cabezas-de-ninos-en-circulo)

Este fue el experimento realizado en los años 60 por la Universidad de Stanford. El experimentador se ausentaba un tiempo comprendido entre 15 y 20 minutos, tiempo que para los niños es una eternidad. Algunos caían en la tentación en más o menos tiempo, otros luchaban contra la tentación e intentaban distraer su mente en otras cosas, y algunos llegaban a ponerse bajo la mesa e intentar dormir para olvidar las ganas y obtener la recompensa esperada.

Se hizo un seguimiento a estos niños durante 20 años, en un estudio longitudinal innovador y se estableció una correlación muy fuerte entre los niños y niñas que habían controlado sus impulsos, quienes mostraban en ese tiempo mayores destrezas para el manejo del estrés, la búsqueda de objetivos, el sentido del esfuerzo y la capacidad de aplazar la recompensa y trabajar para ella. La correlación también se mostró clara en el sentido contrario, es decir, se encontraron menores niveles de seguridad, de manejo de relaciones y conflictos, de gestión eficiente del estrés y una menor iniciativa frente a las dificultades, en los niñas y niñas que no habían sido capaces de aplazar la recompensa y habían cedido al impulso de comer el malvavisco.

Además, se encuentra que los niños y niñas que fueron capaces de manifestar más resistencia a los impulsos muestran también mejores resultados en el SAT, una prueba de aptitud utilizada en EEUU como determinante para las aptitudes escolares.

Nuestros niños y niñas ¿ cómo reaccionarían frente a este dilema? Les enseñamos el valor de esperar para obtener la recompensa? En cuanto nos piden algo¿procuramos dárselo para que no se frustren, no nos griten, no se enfaden o porque pensamos que si no obtienen lo que desean sufren? Cada día veo en los centros escolares, en los medios de transporte, en los parques, padres y madres preocupados por dar a  los niños, ya, lo más inmediatamente posible, lo que quieren, aún cuando te confiesan que saben que no está bien a sus edades. Manifiestan no poder llevarles la contraria, no tener ganas de ello por más que saben que la consecución de ese deseo conllevará otras consecuencias. En muchos casos hay una negación de responsabilidades como adultos sobre los niños y niñas, creyendo que la realidad y el tiempo regularán, como por sí solo, todo esto.

Veo cotidianamente docentes que consideran que los deseos de los niños y niñas son cosas que deberían conseguir, en una mal entendida democracia que considera que los niños merecen satisfacer sus deseos y no aprender que de la frustración también se aprende. En muchos casos esto oculta las escasas ganas de asumir responsabilidades, en este caso argumentando que poner límites y regular los espacios  es responsabilidad de los padres y madres, no suya. Para estos docentes sólo hay el SI y el NO, no hay espacios intermedios, mostrando en ocasiones no tener herramientas de negociación grupal.

¿Por qué es importante esperar para obtener recompensa? Aparte de por los resultados mostrados en el experimento contado anteriormente, porque el esfuerzo mejora la autoestima, genera satisfacción íntima de “haber podido” y porque resolver el conflicto entre el NO que nos dice el entorno y el SI que busca le hace encontrar caminos, asumir  capacidades y su edad y porque en muchos casos es una buena dosis de realidad que le hace trabajar para la recompensa.

Hay un dicho que dice ” a niños pequeños, problemas pequeños”, y es muy cierto. Lo que no asumamos cuando son pequeños al ser mayores se convertirá en una bola difícilmente manejable y con menos posibilidades de remedio y actuación.

¡VÍVELO!

Como padre/madre ¿ crees que acompañas a tus niños y niñas en el valor del esfuerzo y el aplazamiento de la recompensa? Un ejemplo que siempre uso es el de los móviles: los expertos recomiendan que hasta los 14 años los niños y niñas no deberían disponer de un móvil inteligente, con el que acceder libremente a información y comunicación virtual. Pero la presión de parte de los niños para obtenerlo es mucha. Seguro que habrás oído ” todos lo tienen menos yo”. ¿Consideras que está preparado/a para tenerlo? ¿Tomas la decisión de dárselo o no en función a la responsabilidad demostrada? ¿O cedes por la presión? Decidir como padres/madres significa tener claro porqué hacemos algo, y acompañarlos en el proceso de esfuerzo, responsabilidad y aprendizaje hasta obtener la recompensa deseada. Gestionando el tiempo y las emociones intermedias, y buscando ayuda si es necesario. Que es más difícil que si le das lo que pide sin más, ¡claro! (tambié era difícil para los niños del experimento esperar y obtener la recompensa final). Lo mismo vale para los video juegos con edades recomendadas, con horas de salida, gestión del tiempo libre, permisos, etc.

Como docente ¿eres de los que piensa que los alumnos/as piensan literalmente lo que dicen? ¿Que lo que quieren necesariamente es lo que manifiestan? Tú eres un adulto, y ellos actúan como actúan con los otros adultos de referencia, pero es indudable que también reconocen con quienes pueden obtener algo o no. Un ejemplo: Conozco una profesora que una vez al curso hace una encuesta a alumnos de secundaria. Una vez se preparó con mucho esmero una actividad donde los alumnos tenían que trabajar en grupo, deducir las soluciones, plantear hipótesis, construir el aprendizaje. Planificar la actividad y los materiales le llevó mucho tiempo y no tengo que decir que a los alumnos les costó, como toda primera vez, enfocar una clase así. Está demás decir, que yo creo que aprendieron mucho más que si ella hubiera dado una clase magistral, copiando, repitiendo el libro y memorizando. Pues en la encuesta, varios alumnos manifestaron con palabras despectivas su opinión sobre la actividad, a lo que mi amiga decidió que no iba a volver  a intentarlo, porque los alumnos “no habían apreciado su esfuerzo y decían que no habían aprendido nada”…su frustración, aún sabiendo que estaba ofreciéndoles una experiencia mucho más significativa en cuanto a aprendizaje, ganó, y no quiso volver  a intentarlo. No solo es que ella no remontara la sensación inmediata, si no que tampoco les estaba enseñando a  los alumnos a hacerlo, quienes muy posiblemente no tomaron, por edad y experiencia, el valor de la clase trabajada por ella.

 

El valor del esfuerzo es el asumir responsabilidades, el sabernos capaces de solventar dificultades, el sentirnos apoyados para esperar y conseguir la recompensa, con el subidón de autoestima que ello conlleva, el saber que nada en la vida se nos dará inmediatamente después de pedirlo, que necesitamos ganas, esfuerzo, estrategia, habilidades, paciencia y aguante para llegar a ello. Y eso, nos hace crecer.

 

Formación docente, presencial y constructora de la nueva escuela

Formación docente como pilar de cambio. Formación docente como construcción conjunta de espacio de nuevos de trabajo, de aprendizaje y motivación. Formación docente como herramienDiapositiva1.GIFta indispensable para “desaprender” estrategias antiguas, ineficientes y desmotivadoras y aprender ( y aprehender) herramientas, experimentar lo genial que es entender el aprendizaje de otra manera y creer, firmemente, que otro tipo de escuela es posible.

Muchos grupos de profesores nos dicen que ellos tienen ganas de crear experiencias nuevas, pero que el sistema se lo impide. Y eso, en alguna medida,  es verdad. Pero eso no debería desanimarnos para construir , dentro de nuestra “parcela” de clase, estrategias nuevas. Y conozco de primera mano muchos casos donde el empezar solo, o casi solo, motivó a equipos directivos o a otros docentes a seguir sus pasos dados los resultados y la satisfacción obtenida.

Mi experiencia en formación docente me ha llevado a creer en ella como pilar de cambio por tres razones principales:

  1. Por actualización. Esta es la razón más obvia. Los espacios de formación permiten a los docentes conocer recursos, líneas de investigación, nuevos descubrimientos, etc. Esta parte al altamente motivadora para ellos y ellas, además de los créditos que por formación pueden obtener. Este punto es posible de ser realizado vía online.
  2. Porque es el espacio para construir, juntas y juntos, la nueva escuela, ésa con la que soñamos. Paso a paso, despacito, avanzando juntas/os, el encuentro en espacios de construcción nos permitirá avanzar y plantear, acompañadas mejor que solas, los nuevos parámetros educativos. Las buenas prácticas, compartidas, explicadas y motivadas, se hacen mejor juntas. Nos contamos de viva voz los proyectos nuevos, nos apoyamos en ellos. Abrimos un espacio donde no solo nos quejamos de lo duro de nuestra vocación, si no que nos motivamos  a seguir porque no estamos solos. Una cosa que siempre me ha llamado, y mucho, la atención, desde que trabajo en proyectos educativos es la soledad del docente. Estáis solos aunque estáis rodeados de gente. Peleáis solos en espacios donde hay que rascar para encontrar un momento para compartir con colegas, para preguntar sobre experiencias, donde a duras penas nos encontramos en los pasillos y compartimos información urgente en diez palabras. La formación debería ser el espacio de confluir, de encontrarnos, de abrir ” plaza” para debatir y conocer de otros y otras, de motivarnos y darnos puntos de apoyo en nuestro camino. Y esto, la experiencia me demuestra que no se puede hacer online.
  3. Porque educar es una actitud, y cuando hablamos de actitud, hablamos de tres manifestaciones que se interrelacionan: el componente racional ( o ideativo), el componente conductual y el componente emocional. Los tres componentes forman  la actitud. Y cuando hablamos de transformar la actitud hacia nuestra labor, cuando hablamos de cambiar la educación, cuando hablamos de construir espacios educativos, necesitamos trabajar los tres aspectos, porque lo racional lo compartimos y lo transformamos en ideas nuevas y creadoras, porque lo conductual lo trabajamos entre todos, a partir de buenas prácticas, a partir de la motivación, pero el componente emocional implica sentir, emocionarnos, crear, ver  a los ojos a nuestros compañeros y sentir con ellos que es posible crear una escuela nueva. Y eso, tampoco se puede aprender online.

 

¡VÍVELO!

Hace cuánto que en tu centro no pensáis y debatís sobre formación?

Hace cuánto que sentís que la formación se os hace cada vez más necesaria?

Hace cuánto que tenéis la sensación de que no tenéis tiempo ni espacio para hablar, debatir, conocer lo que hacen tus compañeros o aprender de ese proyecto que tu compañera te contó corriendo?

Plantéate un proyecto formativo. Un proyecto donde se aprovechen las experiencias vividas. Donde aprendas de lo que hacen tus compañeros. Donde podáis crear espacios (más grandes o más pequeños, depende de ti) de creación conjunta. Donde sientas que te acercas más a tus alumnos/as, los entiendes y tienes ganas de crear espacios para ellos/as y para ti.

Llámanos, o llama a quien quieras, pero asegúrate que os ayuden a crear juntos/as, que no sólo os den información, que os remuevan y os den ánimos para emprender un camino diferente en la educación. Tú, tus compañeros/as y tus niños/as se lo merecen….

 

Cuando el NO es un “vaaale…”

240_F_76168997_FfPcqpWzm263CCvYImeI0IYhT1ZLcZyh-Mamá, cómprame eso…

-No, hija ahora no por (x razones)

-Mamáaaaa….

– Te he dicho que no, corazón

– ¡Mamáaaa!

–  Que no

– Ahhhhhhhhhh! Por qué, por qué por qué? ( se tira al suelo, se enfada cruzando los brazos y/o se pone a llorar) Ahhhhh! Si yo me he portado bien…!!!!!

– Venga, te lo compro si dejas de llorar, si?

¿Te suena? ¿Lo vives tú o alguien que conozcas?

¿Qué ha pasado? Que no hay reglas, que no hay palabra que mantener, que la madre en este caso no se muestra firme con una norma puesta por ella misma, y que cede a los enfados y chantajes de su hija. Si, chantajes. Por el temor de que la niña sufra una frustración, o porque no tiene ganas de a gestionar el enfado de la niña, permite una situación que puede marcar un estilo de relación entre las dos.

¿Qué ha pasado? Que la niña piensa que se ha salido con la suya y que ello es tan fácil como mostrarse enfadada y decepcionada, que mami me dará lo que quiero si insisto y me enfado y es cuestión de saber esperar, pero lo consigo. Algunas veces no lo consigo, por supuesto, pero el intento vale la pena dadas las veces que sí lo obtengo. En el corto plazo es genial porque consigo lo que quiero ( no reflexiono si lo merezco, si es posible, si es adecuado para mi edad o si es necesario para mi, lo quiero y ya, aprendo a actuar por impulsos), pero en el mediano plazo me confundo, porque soy pequeña y no soy capaz de entender dónde están los límites desde donde puedo establecer lo que hay que hacer o conseguir y dónde intervienen los adultos como garantes de seguridad y estabilidad en el vasto mundo.

Los niños necesitan límites, palabras a mantener, porque ello les da seguridad y posibilidades de disfrutar de un espacio que ellos saben que les pertenece.  Saber que si el adulto ( padre, madre, docente, abuelos…) me promete algo , esa consecuencia, sea la que sea, se cumplirá. Los niños y las niñas que retan constantemente son niños y niñas que no tienen claras las reglas y los límites, los cuales deben  ir adaptados a la edad y la madurez de cada menor.

Por otro lado, el saber que lo enunciado se cumplirá, nos hace, como adultos, tener más atención y controlar el enfado o la excesiva emoción y cuidar lo que prometemos como consecuencia. Cuidemos nuestra palabra, muchas veces es lo único que los niños y niñas tienen para estar seguros de que algo pasará o no. La palabra genera confianza, apoyo y protección. Y es un principio básico en la educación familiar.

¡VÍVELO!

¿Te suena la historia del inicio? Y hay versión docente: todas aquellas veces que enunciamos consecuencias que luego no cumplimos, esas no-reglas que generan espacios de incertidumbre en los alumnos y que permiten a los “mas listos” ( nótese el comillado) seguir manteniendo conductas nocivas con los compañeros que sí buscan reglas para seguir conviviendo juntos. Esto genera incertidumbre en los alumnos, consiguiendo que los que no quieren dar clases “estiren” cada vez más los retos a los profesores y los que sí quieren dar clase se desanimen y no se sientan bien en ella.

Te cuesta mantener la palabra dada? Empieza estableciendo límites específicos que te permitan avanzar en el establecimiento de normas puntuales : la hora de dormir, el lavado de dientes la hora y el tiempo de ducha, el no levantar la voz, la hora de salir al cole, etc. Y también vale para docentes: la puntualidad, las normas que se establezcan en clase, el nivel de ruido permitido, la gestión de los materiales, etc.

Enuncia, con claridad las normas antes de aplicar las consecuencias y que ellas queden claras. Nunca apliques una consecuencia sin haberla anunciado antes. Ello dará una mayor consistencia a tus actuaciones. Ampárate en ella, haz que tu palabra valga como acuerdo.  La práctica en el mantenimiento de esas normas puntuales te permitirá avanzar en las siguientes. Y no te desanimes, ni actúes según tu estado de ánimo, los niños y niñas precisan tener claras muchas cosas y estás haciendo bien por ellos. No grites, no levantes la voz, mantente inflexible si esa es la norma que se ha propuesto. Luego, una vez tengan la norma interiorizada ( paciencia, se consigue) podrás negociar en momentos puntuales concesiones o excepciones.

Explica siempre porqué se hace o no se hace algo, y mantente. Repite la norma todas las veces que sea necesario y ejercita tu asertividad. Dos estrategias asertivas que a mi me funcionaron muy bien cuando mis hijos eran pequeños ( y aún ahora tengo que echar mano de ellas) son el disco rayado y el aplazamiento asertivo.

Disco rayado: una vez recordada la norma, y frente a la discusión que los niños plantean, sólo se repite la misma frase,  la norma.

“- ¿Puedo quedarme en casa de mi amigo hasta las 10?- Sabes que tienes que volver a las 8 porque mañana hay cole. – Ya, pero me ha dicho que si me quedo a jugar, y sólo es un día…. – Vuelve a las 8, mañana hay cole. -Pero mamá, es que….. – Vuelve a las 8, mañana hay cole”. “

– “¿Puedo traerle mañana el trabajo, profe? Ayer se me olvidó – Sabías desde hace dos semanas que había que entregarlo hoy. – Ya, pero es que mi perro se puso malo ayer- Hace dos semanas ya sabías la fecha de entrega.- Ya, profe., pero haga una excepción. – Hace dos semanas sabías la fecha de entrega”

Aplazamiento asertivo: Usamos esta estrategia cuando precisamos un tiempo para aplicar una consecuencia porque no sabemos en ese momento qué responder.

–” Mamá ¿ me puedo quedar con mi amigo hasta las 10? – Sabes que tu hora de volver  es a las 8 y mañana hay cole.- Si, pero es que es que hace tiempo no le veo y quería ver si….- Ya hemos hablado de esto, la norma es que vuelvas a las 8. Posiblemente para la próxima vez, si me lo dices con tiempo, podemos discutirlo, pero mañana hay cole y es importante que duermas pronto.  -Pero mamá….- Lo hablamos cuando vengas, y lo planteamos para la próxima vez, pero ahora vente a casa. “

Y en el cole? Lo mismo. Muchos malos comportamientos son propiciados porque no hay normas claras respecto a qué límites son importantes, la confusión que sienten muchos chicos promueve el desorden en algunos y el desconcierto en otros, junto con escasa motivación por el respeto a la palabra dada.

Los niños y niñas que saben donde acaba su espacio de decisión y dónde empieza la protección del adulto puede disfrutar de ese tiempo de niñez. Los niños y niñas que disfrutan es porque saben dónde están los límites, que las normas de comportamiento están claras y que son respetuosas, que no dependen del estado de ánimo de los adultos, ello les generaría mucha incertidumbre, miedos y frustraciones innecesarias.