Cuando el NO es un “vaaale…”

240_F_76168997_FfPcqpWzm263CCvYImeI0IYhT1ZLcZyh-Mamá, cómprame eso…

-No, hija ahora no por (x razones)

-Mamáaaaa….

– Te he dicho que no, corazón

– ¡Mamáaaa!

–  Que no

– Ahhhhhhhhhh! Por qué, por qué por qué? ( se tira al suelo, se enfada cruzando los brazos y/o se pone a llorar) Ahhhhh! Si yo me he portado bien…!!!!!

– Venga, te lo compro si dejas de llorar, si?

¿Te suena? ¿Lo vives tú o alguien que conozcas?

¿Qué ha pasado? Que no hay reglas, que no hay palabra que mantener, que la madre en este caso no se muestra firme con una norma puesta por ella misma, y que cede a los enfados y chantajes de su hija. Si, chantajes. Por el temor de que la niña sufra una frustración, o porque no tiene ganas de a gestionar el enfado de la niña, permite una situación que puede marcar un estilo de relación entre las dos.

¿Qué ha pasado? Que la niña piensa que se ha salido con la suya y que ello es tan fácil como mostrarse enfadada y decepcionada, que mami me dará lo que quiero si insisto y me enfado y es cuestión de saber esperar, pero lo consigo. Algunas veces no lo consigo, por supuesto, pero el intento vale la pena dadas las veces que sí lo obtengo. En el corto plazo es genial porque consigo lo que quiero ( no reflexiono si lo merezco, si es posible, si es adecuado para mi edad o si es necesario para mi, lo quiero y ya, aprendo a actuar por impulsos), pero en el mediano plazo me confundo, porque soy pequeña y no soy capaz de entender dónde están los límites desde donde puedo establecer lo que hay que hacer o conseguir y dónde intervienen los adultos como garantes de seguridad y estabilidad en el vasto mundo.

Los niños necesitan límites, palabras a mantener, porque ello les da seguridad y posibilidades de disfrutar de un espacio que ellos saben que les pertenece.  Saber que si el adulto ( padre, madre, docente, abuelos…) me promete algo , esa consecuencia, sea la que sea, se cumplirá. Los niños y las niñas que retan constantemente son niños y niñas que no tienen claras las reglas y los límites, los cuales deben  ir adaptados a la edad y la madurez de cada menor.

Por otro lado, el saber que lo enunciado se cumplirá, nos hace, como adultos, tener más atención y controlar el enfado o la excesiva emoción y cuidar lo que prometemos como consecuencia. Cuidemos nuestra palabra, muchas veces es lo único que los niños y niñas tienen para estar seguros de que algo pasará o no. La palabra genera confianza, apoyo y protección. Y es un principio básico en la educación familiar.

¡VÍVELO!

¿Te suena la historia del inicio? Y hay versión docente: todas aquellas veces que enunciamos consecuencias que luego no cumplimos, esas no-reglas que generan espacios de incertidumbre en los alumnos y que permiten a los “mas listos” ( nótese el comillado) seguir manteniendo conductas nocivas con los compañeros que sí buscan reglas para seguir conviviendo juntos. Esto genera incertidumbre en los alumnos, consiguiendo que los que no quieren dar clases “estiren” cada vez más los retos a los profesores y los que sí quieren dar clase se desanimen y no se sientan bien en ella.

Te cuesta mantener la palabra dada? Empieza estableciendo límites específicos que te permitan avanzar en el establecimiento de normas puntuales : la hora de dormir, el lavado de dientes la hora y el tiempo de ducha, el no levantar la voz, la hora de salir al cole, etc. Y también vale para docentes: la puntualidad, las normas que se establezcan en clase, el nivel de ruido permitido, la gestión de los materiales, etc.

Enuncia, con claridad las normas antes de aplicar las consecuencias y que ellas queden claras. Nunca apliques una consecuencia sin haberla anunciado antes. Ello dará una mayor consistencia a tus actuaciones. Ampárate en ella, haz que tu palabra valga como acuerdo.  La práctica en el mantenimiento de esas normas puntuales te permitirá avanzar en las siguientes. Y no te desanimes, ni actúes según tu estado de ánimo, los niños y niñas precisan tener claras muchas cosas y estás haciendo bien por ellos. No grites, no levantes la voz, mantente inflexible si esa es la norma que se ha propuesto. Luego, una vez tengan la norma interiorizada ( paciencia, se consigue) podrás negociar en momentos puntuales concesiones o excepciones.

Explica siempre porqué se hace o no se hace algo, y mantente. Repite la norma todas las veces que sea necesario y ejercita tu asertividad. Dos estrategias asertivas que a mi me funcionaron muy bien cuando mis hijos eran pequeños ( y aún ahora tengo que echar mano de ellas) son el disco rayado y el aplazamiento asertivo.

Disco rayado: una vez recordada la norma, y frente a la discusión que los niños plantean, sólo se repite la misma frase,  la norma.

“- ¿Puedo quedarme en casa de mi amigo hasta las 10?- Sabes que tienes que volver a las 8 porque mañana hay cole. – Ya, pero me ha dicho que si me quedo a jugar, y sólo es un día…. – Vuelve a las 8, mañana hay cole. -Pero mamá, es que….. – Vuelve a las 8, mañana hay cole”. “

– “¿Puedo traerle mañana el trabajo, profe? Ayer se me olvidó – Sabías desde hace dos semanas que había que entregarlo hoy. – Ya, pero es que mi perro se puso malo ayer- Hace dos semanas ya sabías la fecha de entrega.- Ya, profe., pero haga una excepción. – Hace dos semanas sabías la fecha de entrega”

Aplazamiento asertivo: Usamos esta estrategia cuando precisamos un tiempo para aplicar una consecuencia porque no sabemos en ese momento qué responder.

–” Mamá ¿ me puedo quedar con mi amigo hasta las 10? – Sabes que tu hora de volver  es a las 8 y mañana hay cole.- Si, pero es que es que hace tiempo no le veo y quería ver si….- Ya hemos hablado de esto, la norma es que vuelvas a las 8. Posiblemente para la próxima vez, si me lo dices con tiempo, podemos discutirlo, pero mañana hay cole y es importante que duermas pronto.  -Pero mamá….- Lo hablamos cuando vengas, y lo planteamos para la próxima vez, pero ahora vente a casa. “

Y en el cole? Lo mismo. Muchos malos comportamientos son propiciados porque no hay normas claras respecto a qué límites son importantes, la confusión que sienten muchos chicos promueve el desorden en algunos y el desconcierto en otros, junto con escasa motivación por el respeto a la palabra dada.

Los niños y niñas que saben donde acaba su espacio de decisión y dónde empieza la protección del adulto puede disfrutar de ese tiempo de niñez. Los niños y niñas que disfrutan es porque saben dónde están los límites, que las normas de comportamiento están claras y que son respetuosas, que no dependen del estado de ánimo de los adultos, ello les generaría mucha incertidumbre, miedos y frustraciones innecesarias.