Rabietas, rabietas, rabietas

family_holding_hands-800x533Muchos padres, madres y educadores me preguntan ¿qué hago cuando presenta una rabieta? Llantos gritos,golpes, y escasez de entendimiento verbal y racional caracterizan esta conducta, y se manifiesta en todas las edades de la vida….si, inclusive en adultos/as.

Lo primero que tenemos que saber  es que estos comportamientos por producto del desborde y del descontrol, son frustraciones mal gestionadas por el adulto a cargo y que fueron posibles de apaciguar en estadios menos explosivos. Lo ideal es conseguir que ellos y ellas no lleguen a esos niveles altos, manteniendo la calma cuando vemos que se viene la tormenta e intentado distraerlo/a del camino recto que conlleva directo a la frustración y la explosión: cosas como aplazar el tema, proponer la expresión verbal de razones, si son pequeños mover la atención hacia otra parte, etc. ayudan. Nunca intentes contenerlo físicamente, ni grites más que él, ni le digas “tranquilízate”…está probado que es como echar más leña al fuego, sólo incrementa su desazón.

Cuando los niños/as son pequeños/as, este tipo de explosiones se presentan cuando no se sienten escuchados, cuando sienten que sus frustraciones no son manejadas y asumidas por el adulto a cargo. Son pequeños y no saben manejar lo que sienten y las emociones los desbordan. Pero si eso no es controlado de pequeños, estaremos criando un niño o niña que utilice este tipo de comportamiento para atraer la atención que de otro modo le es negada o que consigue así que se escuchen sus reivindicaciones, o conseguir lo que quiere ( ya hablamos en un post anterior que en muchos casos la palabra de los adultos depende de su estado de ánimo, no constituyendo una garantía de límites y de protección, gestionando de manera ineficaz, irrespetuosa con los sentimientos de los niños e ineficiente, la canalización emocional de la frustración)

Qué hacer si a pesar de nuestros esfuerzos, se presenta la explosión? Primero, entendamos que esto es producto de una mala gestión de ambas partes; del adulto por no verlo y/o no saber gestionarlo ( por que estamos cansados, porque estoy ocupada en otra cosa, porque no parecía que llegaría a tanto….) y del niño/a, pero él/ella es quien no tiene herramientas para gestionarlo por sí solo/a, y es necesario enseñárselas. No hay culpables, y desde luego no es el niño. Ésto que parece obvio, no lo es, y es una idea que debemos de tener para afrontar la situación de la mejor manera, es decir, aprendiendo de ella.

En este caso, hay tres palabras clave: empatizar, reflejar y acompañar

Empatiza. Mira de dónde viene la frustración, qué sucedió antes de la explosión y cómo se está sintiendo el niño o la niña. En muchos casos la situación nos deborda ( ¡a nosotros/as!) y atendemos más a cómo nos sentimos nosotros y nosotras antes que ellos/as, lo cual es un mal enfoque porque sólo complica la situación. Los niños necesitan saber que tú controlas la situación. Y controlarla no quiere decir que sabes qué castigo aplicar. Controlar quiere decir que aunque lo estén haciendo de manera inadecuada, tú puedes ser un espacio de entendimiento de sus emociones a flor de piel, que salen en bruto y de manera violenta, haciéndole daño ellos primero ( si, a ellos primero….) . Siente cómo se siente el niño o la niña, no para sufrir con ellos, si no para intentar entender desde dónde puede necesitar la ayuda.

Refleja. Reflejar es poner un espejo imaginario delante de ellos/as, un espejo que les permita entender cómo están y qué les está pasando ( por favor, no es para decirles “mira qué feo/a te pones cuando lloras….” que lo he oído mucho, como si la estética en estos casos importara). Refleja en tus palabras lo que sucede ” estás enfadado porque quieres que te compre eso, pero ahora no puede ser”, “estás triste porque tu amiga no quiere jugar contigo y es normal, pero es que a veces los amigos no hacen lo que queremos”, “Te has sentido mal porque tu amigo te ha hecho daño, ¿quieres que hablemos con él?”. Siempre, siempre, una pataleta es una emoción desbordada y no manejada correctamente, el reflejar te ayudará a ti a ponerle nombre y evitar a  su vez tu desbordamiento y a los niños y las niñas les ayuda a ponerle nombre a lo que les pasa. Con el tiempo, serán capaces de venir y decirte ” estoy triste mamá”, “estoy enfadada profe, por tal y tal cosa”, “abuelo, ahora estoy cansada y creo que eso me está enfadando”. Imagínate lo fácil que será acercarse y trabajar ese sentimiento con ellos y la de berrinches que te evitarás, creciendo emocionalmente con ellos/as.

Acompaña. Los niños y niñas necesitan saber que los adultos los aceptamos aun cuando se desborden. Necesitan saber que estamos a su lado hasta que entiendan lo que les pasa y sientan otra vez su equilibrio. La táctica de “tiempo fuera” no es para usar siempre porque aunque muchos padres/madres/profes dicen que consiguen que los niños se tranquilicen, a veces lo hacen para no sentirse solos, no porque hayan entendido qué les ha pasado. Yo confieso que sólo lo he usado en situaciones donde yo sentía tan cerca mi desborde propio ( era viernes en la noche y estaba agotada, y por lo que sea sabía que de un momento a otro perdía la paciencia, o situaciones así) y nunca más de unos minutos, los necesarios para saber que mi desborde no les iba a hacer más daño. Y siempre diciéndoles que yo estaba agotada, que yo me sentía mal, que yo necesitaba unos minutos para pensar la situación. Eso hacía que ellos vieran que no era porque ellos eran malos y me estaban agotando. Nuestro desborde nunca puede hacernos perder de vista sus necesidades, y creo firmemente que la táctica de  ” tiempo fuera” muchas veces es usada para alejar el problema y que el niño/a, que es pequeño y no tiene herramientas, se tranquilice solo/a, pero que no interrumpa las cosas de adulto/a. Con el tiempo, los niños entienden que ésa es la manera de afrontar las cosas: alejarse de ellas, ya se pasarán solas.

¡VÍVELO!

Revisa tu afrontamiento de la situación frente a las pataletas de los niños. Ten a mano técnicas para tranquilizarte si las situaciones de tensión se presentan. Acostúmbrate a hablar con ellos, por muy pequeños que sean, y a explicar qué pasa, qué es lo que sienten ellos/as, y por qué tomas la decisión que tomas. Me dirás que si son muy pequeños no entienden lo que dices, y si, posiblemente no sepan tanto como para entender las palabras, pero sí notan tu tono de voz y tu tranquilidad o sosiego. Respira hondo, no reacciones a la primera. Habla despacio, la velocidad en el habla nos lleva fácilmente al grito.

Que no te afecten las miradas de desaprobación que siempre vemos cuando afrontamos una rabieta en la calle. Aleja tu atención de ello. Uno de mis hijos acostumbraba, alrededor de los 2-3 años montarme una gorda, pero gorda, cada vez que íbamos al supermercado. Quería todo y cuando le decía que no, gritaba, quería salir del carro, lloraba. Y yo sólo le repetía lo mismo cada vez “No cariño, no vamos a comprar eso. Estás enfadado, porque por mucho que te enfades, no lo vamos a comprar”.  No alteraba la voz ni la levantaba, le sonreía siempre ( a veces era difícil, no lo niego). Mi hija mayor, al lado, miraba a su hermano con preocupación de mi mano, y yo le explicaba que estaba enfadado, que era normal, porque como era pequeño quería todo y no sabía decirlo bien, pero que seguro, seguro, luego se iba a sentir mejor. En cuanto él se mostraba contento, lo abrazaba y le felicitaba. Evitaba prestar atención a las miradas de desaprobación de la gente alrededor, que seguramente querían comprar tranquilos. Me decían ¿pero porqué lo llevas al supermercado si sabes que va a pasar eso?, y yo les decía que el niño necesitaba aprender a ir a todos sitios, a aceptar que no siempre se va a hacer lo que él quiere, y comunicar correctamente las cosas. Al cabo de un tiempo, él iba al supermercado conmigo o no solo ya no pedía cosas, si no que ayudaba contento a encontrar lo que íbamos a comprar.

A veces evitamos el desborde sólo con estar atentos a los indicios de que se avecina la tormenta. Actúa sobre ellos, intenta evitar el desborde, no es agradable y es desolador para un niño, con la carga de emociones dolorosas y de soledad que conlleva eso. Distráelo, cuéntale un cuento, acércate y no lo dejes solo, acompaña su tensión.

Si aún  así pasa, céntrate en sus sentimientos, y sólo atiende a los tuyos si les pueden hacer daño en medio de todo esto. Una vez, mi hijo mediano me pregunta ” mamá ¿tú eres impaciente?”. Me asombró la pregunta (la verdad es que la paciencia no es precisamente una de mis virtudes). “Si, le digo, soy impaciente, ¿por?”, “Porque en los últimos cinco minutos, me has dicho “¡venga, vamos, vamos!” unas 20 veces, mamá”. El había entendido que cuando yo estaba impaciente le metía más prisa de la necesaria, pero que eso no quería decir que él fuera lento, es que yo veía las cosas especialmente lentas cuando estaba cansada o impaciente. Había aprendido que en una situación de conflicto, podía centrarse en mis sentimientos porque es lo que me había visto hacer con él cuando estaba enfadado, o cansado, o agobiado.

Empatizar, reflejar y acompañar no solamente nos asegura una mejor gestión del desborde, si no que nos enseña y les enseñamos a gestionar  enfados y conflictos a futuro, a poner nombre a lo que pasa, a minimizar la frustración y a poder manejarla. Porque nos guste  o no, las frustraciones estarán presentes en sus vidas, y esperemos que sean para crecer.

 

Cuando el NO es un “vaaale…”

240_F_76168997_FfPcqpWzm263CCvYImeI0IYhT1ZLcZyh-Mamá, cómprame eso…

-No, hija ahora no por (x razones)

-Mamáaaaa….

– Te he dicho que no, corazón

– ¡Mamáaaa!

–  Que no

– Ahhhhhhhhhh! Por qué, por qué por qué? ( se tira al suelo, se enfada cruzando los brazos y/o se pone a llorar) Ahhhhh! Si yo me he portado bien…!!!!!

– Venga, te lo compro si dejas de llorar, si?

¿Te suena? ¿Lo vives tú o alguien que conozcas?

¿Qué ha pasado? Que no hay reglas, que no hay palabra que mantener, que la madre en este caso no se muestra firme con una norma puesta por ella misma, y que cede a los enfados y chantajes de su hija. Si, chantajes. Por el temor de que la niña sufra una frustración, o porque no tiene ganas de a gestionar el enfado de la niña, permite una situación que puede marcar un estilo de relación entre las dos.

¿Qué ha pasado? Que la niña piensa que se ha salido con la suya y que ello es tan fácil como mostrarse enfadada y decepcionada, que mami me dará lo que quiero si insisto y me enfado y es cuestión de saber esperar, pero lo consigo. Algunas veces no lo consigo, por supuesto, pero el intento vale la pena dadas las veces que sí lo obtengo. En el corto plazo es genial porque consigo lo que quiero ( no reflexiono si lo merezco, si es posible, si es adecuado para mi edad o si es necesario para mi, lo quiero y ya, aprendo a actuar por impulsos), pero en el mediano plazo me confundo, porque soy pequeña y no soy capaz de entender dónde están los límites desde donde puedo establecer lo que hay que hacer o conseguir y dónde intervienen los adultos como garantes de seguridad y estabilidad en el vasto mundo.

Los niños necesitan límites, palabras a mantener, porque ello les da seguridad y posibilidades de disfrutar de un espacio que ellos saben que les pertenece.  Saber que si el adulto ( padre, madre, docente, abuelos…) me promete algo , esa consecuencia, sea la que sea, se cumplirá. Los niños y las niñas que retan constantemente son niños y niñas que no tienen claras las reglas y los límites, los cuales deben  ir adaptados a la edad y la madurez de cada menor.

Por otro lado, el saber que lo enunciado se cumplirá, nos hace, como adultos, tener más atención y controlar el enfado o la excesiva emoción y cuidar lo que prometemos como consecuencia. Cuidemos nuestra palabra, muchas veces es lo único que los niños y niñas tienen para estar seguros de que algo pasará o no. La palabra genera confianza, apoyo y protección. Y es un principio básico en la educación familiar.

¡VÍVELO!

¿Te suena la historia del inicio? Y hay versión docente: todas aquellas veces que enunciamos consecuencias que luego no cumplimos, esas no-reglas que generan espacios de incertidumbre en los alumnos y que permiten a los “mas listos” ( nótese el comillado) seguir manteniendo conductas nocivas con los compañeros que sí buscan reglas para seguir conviviendo juntos. Esto genera incertidumbre en los alumnos, consiguiendo que los que no quieren dar clases “estiren” cada vez más los retos a los profesores y los que sí quieren dar clase se desanimen y no se sientan bien en ella.

Te cuesta mantener la palabra dada? Empieza estableciendo límites específicos que te permitan avanzar en el establecimiento de normas puntuales : la hora de dormir, el lavado de dientes la hora y el tiempo de ducha, el no levantar la voz, la hora de salir al cole, etc. Y también vale para docentes: la puntualidad, las normas que se establezcan en clase, el nivel de ruido permitido, la gestión de los materiales, etc.

Enuncia, con claridad las normas antes de aplicar las consecuencias y que ellas queden claras. Nunca apliques una consecuencia sin haberla anunciado antes. Ello dará una mayor consistencia a tus actuaciones. Ampárate en ella, haz que tu palabra valga como acuerdo.  La práctica en el mantenimiento de esas normas puntuales te permitirá avanzar en las siguientes. Y no te desanimes, ni actúes según tu estado de ánimo, los niños y niñas precisan tener claras muchas cosas y estás haciendo bien por ellos. No grites, no levantes la voz, mantente inflexible si esa es la norma que se ha propuesto. Luego, una vez tengan la norma interiorizada ( paciencia, se consigue) podrás negociar en momentos puntuales concesiones o excepciones.

Explica siempre porqué se hace o no se hace algo, y mantente. Repite la norma todas las veces que sea necesario y ejercita tu asertividad. Dos estrategias asertivas que a mi me funcionaron muy bien cuando mis hijos eran pequeños ( y aún ahora tengo que echar mano de ellas) son el disco rayado y el aplazamiento asertivo.

Disco rayado: una vez recordada la norma, y frente a la discusión que los niños plantean, sólo se repite la misma frase,  la norma.

“- ¿Puedo quedarme en casa de mi amigo hasta las 10?- Sabes que tienes que volver a las 8 porque mañana hay cole. – Ya, pero me ha dicho que si me quedo a jugar, y sólo es un día…. – Vuelve a las 8, mañana hay cole. -Pero mamá, es que….. – Vuelve a las 8, mañana hay cole”. “

– “¿Puedo traerle mañana el trabajo, profe? Ayer se me olvidó – Sabías desde hace dos semanas que había que entregarlo hoy. – Ya, pero es que mi perro se puso malo ayer- Hace dos semanas ya sabías la fecha de entrega.- Ya, profe., pero haga una excepción. – Hace dos semanas sabías la fecha de entrega”

Aplazamiento asertivo: Usamos esta estrategia cuando precisamos un tiempo para aplicar una consecuencia porque no sabemos en ese momento qué responder.

–” Mamá ¿ me puedo quedar con mi amigo hasta las 10? – Sabes que tu hora de volver  es a las 8 y mañana hay cole.- Si, pero es que es que hace tiempo no le veo y quería ver si….- Ya hemos hablado de esto, la norma es que vuelvas a las 8. Posiblemente para la próxima vez, si me lo dices con tiempo, podemos discutirlo, pero mañana hay cole y es importante que duermas pronto.  -Pero mamá….- Lo hablamos cuando vengas, y lo planteamos para la próxima vez, pero ahora vente a casa. “

Y en el cole? Lo mismo. Muchos malos comportamientos son propiciados porque no hay normas claras respecto a qué límites son importantes, la confusión que sienten muchos chicos promueve el desorden en algunos y el desconcierto en otros, junto con escasa motivación por el respeto a la palabra dada.

Los niños y niñas que saben donde acaba su espacio de decisión y dónde empieza la protección del adulto puede disfrutar de ese tiempo de niñez. Los niños y niñas que disfrutan es porque saben dónde están los límites, que las normas de comportamiento están claras y que son respetuosas, que no dependen del estado de ánimo de los adultos, ello les generaría mucha incertidumbre, miedos y frustraciones innecesarias.

 

Violencia de género … en la escuela

La semana pasada fui invitada a dar una conferencia a padres y madres de alumnos y alumnas del Instituto de Educación Secundaria ( IES) Valle Inclán, de Torrejón de Ardoz, una localidad de Madrid. La Asociación de Madres y Padres (AMPA) se encuentra preocupada ante las noticias de una mayor número de casos de adolescentes, en algunos casos  muy jóvenes, que  se enfrentan a situaciones que pueden denominarse de violencia de género.

Qué es la violencia de género? Es todo acto o conducta dirigido contra la mujer o

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Cartel existente en muchos IES de la Comunidad deMadrid

que pone en riesgo su integridad física, psicológica y sexual. Se puede dar en cualquier ámbito: escuela, casa, entre amigos, en la calle.

Las denuncias en menores de edad, según registros oficiales, han aumentado a razón de 13% anual, lo cual es preocupante. Este dato nos habla de conductas que son permitidas o son socialmente aceptables, como los celos, el control y todo los tipos de acoso que se manifiestan en el cara a cara y en las redes sociales. Pueden confundirse en muchos aspectos con la violencia entre iguales sin más, aunque en el caso de violencia de género reporta unas características determinadas: se ejerce por parte de personas de sexo masculino y están dirigidas a amigas, parejas o exparejas mujeres.

Un aspecto de la situación que me dejó perpleja, lo confieso, fue que muchos padres y madres consideran que la violencia de género son los golpes y cómo algunas conductas previas a ellos son consideradas “dudosas”, o “justificables”….y no, igual que en el acoso escolar, antes de los golpes hay un maltratador que se asegura que la víctima no va a poder responder a ellos, y humilla, distorsiona, machaca y amedrenta su autoestima a fin de poder tener el control sobre ella, en este caso sobre su vida relacional, sexual y la gestión de su vida, haciéndole creer que él es quien manda. Es lo que se llama violencia psicológica y no es fácil de probar. Eso lo sabe el maltratador cuando abusa y la víctima cuando intenta protestar y los/as compañeras/os le dicen ” eso es normal, es que te quiere mucho, es que encima que tienes la suerte de estar con….”

No me quieras “tanto”, quiéreme mejor….

Precisamente lo “invisible” de las primeras etapas de la violencia de género son las que nos tienen que poner alertas como educadores y como padres/madres. Cosas como el control del móvil y el dar la contraseña del mismo como prueba de “amor” nos dicen que es más habitual de lo que creemos. Los celos  “por amor”, justificando de antemano la violencia que se puede ejercer si ella no permite esa expresión sentimental ( “un día de estos voy a hacer una locura”), el alejarla de sus amigos y su familia (“es que ellos no te quieren como yo”). Si ella quiere ver a sus amigas, la respuesta tipo ” es que prefieres estar con ellas que conmigo” manifiestan  chantaje. Critica constantemente a quienes han sido sus amigos, a sus amigas y a su familia (“si no te llevas bien con tu madre es porque ella no te quiere”)… La víctima desarrolla una sensación de desprotección y de justificación sobre la otra persona que consigue que sienta vergüenza de contar a las amigas o a un adulto lo que le pasa.

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Manual de prevención de violencia de género en mujeres migrantes. Amalgama, 2015

Esas formas sutiles del lenguaje  y manifestaciones “invisibles” ( porque estando atentas/os lo podemos ver) nos tienen que dar la pauta de intervención rápida a fin de minimizar el daño posible. Nadie está libre se sufrir violencia de género en sus múltiples manifestaciones. Como adultos, padres, madres y docentes, podemos y debemos actuar sobre ella.

Pensábamos que los derechos de las mujeres a realizarnos y crecer estaban asegurados. Varias generaciones hemos peleado por ello y resulta que debemos seguir haciéndolo, porque nos queda mucho por conseguir. La violencia de género o el acoso sexual no está siempre fuera de la escuela, los espacios escolares también se muestran como sitios no libres de violencias de género, como sitios de inicio de relaciones no sanas y no fortalecedoras de autoestima, que luego se manifestarán en lo que desgraciadamente vemos frecuentemente en los diarios. Al fin y al cabo, el tiempo de escuela es en el aprendemos a relacionarnos con los demás, a construirnos y la escuela es un laboratorio de la sociedad que queremos. Actuemos para que nuestras hijas se sientan libres y protegidas en sus relaciones con los demás, y porque nuestros hijos no sean agentes de violencia en su medio, porque los dos tienen derecho a  tener relaciones sanas y constructivas. Esto no es sólo cosa de mujeres, y no es sólo cosa de hombres , alcemos la voz.

¡VÍVELO! ¿Qué podemos hacer?

  1. RESPETO.  A ellas por ser mujeres y a ellos por ser hombres. Ni ellas son “volubles” y “sensibles” ni ellos son “machotes” “fuertes” ni “agresivos por naturaleza”. La construcción de relaciones sanas pasa necesariamente porque exista respeto en las relaciones, y por no creer que ellas siempre tienen que estar protegidas. En un mundo igualitario y basado en el respeto, no deberíamos necesitar protección. Ellas pueden decidir y pueden exigir respeto. Ellos no nos complementan y nosotras no somos un complemento de…
  2. CUIDA TU LENGUAJE. Los chistes machistas ofenden. Expresiones  como “nenaza” o “marimacho” son expresiones de los llamados micromachismos que mellan nuestro subconsciente hasta hacernos creer que efectivamente, ser mujer es propio de ser débil y sumisa y el rol masculino es el de ser fuerte, seguro…y agresivo. Y si no, revisa cuántas veces como mujer te han dicho “eres una histérica” ( muchas veces por decir, con seguridad, una opinión),”sonríe que estás muy seria”( tenemos que estar monas siempre), “así no se comporta una señorita” ( cuando te has atrevido a salir de tu rol asignado), has ido al mecánico y te ha dicho ” esto es muy difícil, mmmm, dígale a su marido que venga y se lo explico”, cuántas veces el camarero le trae la cuenta a él, por ser hombre, aunque pagues tú. Cuántas veces te han dicho “calladita estás más guapa”. Ahora pregúntate ¿repites algo de eso con tus chicos, con tus chicas?
  3. SORORIDAD. ¿Sabes lo que es? Es esa energía que se siente cuando establecemos vínculos afectivos de sinergia entre mujeres. Parte de las estructuras sociales que posibilitan la violencia de género nos han hecho creer que las mujeres somos enemigas unas de otras, y eso no es verdad. Somos capaces de crear espacios únicos de creación y de apoyo entre nosotras y ese espacio es creador y espiritualmente estimulante. Cualquiera que tenga una amiga desde hace mucho tiempo sabe de qué estamos hablando. Ayudemos a las niñas a crear espacios de sororidad entre ellas, sólo una mujer como tú sabe lo que puedes estar pasando y puedes apoyarte en ella. Como adultos, demos ejemplos de vivencia de sororidad, hablemos de ella, existe y es fortalecedora.
  4.  AMARNOS  A NOSOTRAS MISMAS. Ayudemos a las niñas a experimentar que la mejor compañía que podemos tener somos nosotras mismas. Estar ” sola” no es malo, la experiencia de la soledad es increíblemente buena si en ella nos conocemos, nos acompañamos y entendemos que no tener pareja no nos impide ser felices. No la necesitamos para vivir. La idea errónea de la “media naranja” nos dice que sin un hombre al lado somos seres incompletos, y ello hace que muchas niñas acepten a cualquier persona con tal de estar con alguien, sin valorar su propio espacio. Muchas peleas entre chicas en la escuela son resultado de “pelear” por un chico, porque han llegado a pensar que sin ese chico su vida ya no es importante(!!!!). Valemos por lo que somos, no por quien tenemos al lado.
  5. NO ES NO. Enseñemos a nuestras niñas a ser firmes con sus decisiones y a no tener que pedir disculpas cuando decimos NO. Y a ellos a respetarlas. NO tenemos que complacer a nadie. NO tenemos que aceptar lo que no queremos. NO tenemos que sentirnos culpables cuando decimos NO. Y el NO se practica en casa, revisa tu práctica educativa y mira cuántas veces les puedes decir “aquí se hace esto porque YO  lo digo” ¿cómo va a decir NO fuera de casa cuando en casa no puede expresarse y su NO no se respeta o no se escucha? Fomenta el diálogo, acepta que puede haber cosas que no se quieren y negocia, es decir, haz que se sienta escuchada, haz que su opinión valga y que pueda luchar por ella.
  6. MANTÉN LOS CANALES DE COMUNICACIÓN ABIERTOS, SIEMPRE.  Y abrir canales de comunicación no quiere decir preguntar qué tal le ha ido en la escuela o instituto. Es tener un espacio de hablar de cosas, de escuchar y empatizar con sus opiniones. Es creer que nuestros hijos tienen algo que decir. Asegúrate que cuando tenga algo que decir respecto a parejas, a amigos/as, te lo pueda decir, y aunque no estés de acuerdo, lo puedas expresar y apoyar y ayudar. No tiene nadie mejor en quien confiar.
  7. VERIFICA TUS MODELOS. Los niños y niñas aprenden de lo que ven. Verifica qué modelo de pareja y de respeto le estáis dando. Qué modelo de feminidad y de masculinidad le enseñáis a vuestros hijos día a día. Como docente, cuida tus opiniones y tu humor, éste expresa más de lo que crees respecto a tus valores y creencias en los roles de género. Una de las cosas a las que comprometieron los padres y madres de la conferencia fue a tratar de dejar de usar ciertas expresiones coloquiales que nacen de considerar atributos femeninos como malos y los masculinos como buenos ( decir “coñazo” frente decir que algo es “la polla”, por ejemplo)
  8.  A LA MÍNIMA SEÑAL, MANTENTE ALERTA. No hay media violencia, no hay violencia chiquita, cualquier cosa que corte la libertad, la expresión , el crecimiento libre de nuestros hijos es merecedor de nuestra atención y de la búsqueda de espacios de comunicación. La violencia no “pasa”, crece porque es voraz, porque quiere el poder, porque quiere mandar y no es capaz de negociar. Porque es irracional. Es necesario, entonces,  que nos acerquemos a nuestros hijos a fin de que construyan espacios de paz para sí mismos y para los demás.
  9. Y RECUERDA, EXISTE EL 016. Una vez, cuando tenía unos 14-15 años, entra mi hijo en casa, asustado y me dice que acaba de ver a un señor tirando del pelo y gritándole a una señora que parecía su pareja. “Mamá, ¿eso no se puede denunciar?”, le expliqué que en ese caso llamase al 016, salimos rápidamente de casa y ya no estaban. Ahí me di cuenta que algo que yo consideraba que mi hijo sabía no era así….él no supo qué hacer en ese momento. Repitámosle a los niños que ese teléfono existe, el 016 junto con el de la Fundación ANAR (Teléfono del menor 900202010) por ser menores de edad, que ellos no deben permitir una agresión en la medida de sus posibilidades y que en caso de duda, llamen. La permisividad social bajo el pretexto de “eso son líos de pareja o domésticos” está condenando a muchas mujeres a sufrimientos inimaginables y nos está convirtiendo en la sociedad que no queremos para nuestros chicos. Esos modelos de relación ellos lo llevan a la escuela, ampliando aún más un sistema que repite violencia, desigualdad y relaciones insanas.

Sé que este post es más largo de lo habitual y mi amiga Mar que siempre me echa una mano me va a reprender, pero lo creo necesario porque este tema hoy me toca especialmente. No permitamos que este modelo desigual de relaciones siga aportando sufrimiento  a las mujeres. Ellas y ellos se merecen relaciones sanas, motivantes y fortelecedoras de sí mismos. No permitamos que las niñas crean que se merecen relaciones incompletas, sin libertad y con sufrimiento. No permitamos que ellos crean que la violencia arregla las cosas y que su rol en la vida es el de mandar y ser agresivos,  eso tampoco es vida.

Escuela, creatividad y educación positiva

“Las escuelas matan la creatividad”, nos señaló Ken Robinson. Las escuelas frenan la capacidad de combinar y crear de los niños, quienes nacen explorando y curioseando y ello posibilita en gran medida su desarrollo cerebral. Las escuelas buscan crear niños y niñas estandarizados, quienes frente a los mismos estímulos, produzcan las mismas respuestas…y seguimos insistiendo a pesar de que la realidad nos sigue mostrando que NO funciona.

Sin emoción, no hay aprendizaje (1)Uno de los problemas en ello es el sufrimiento que produce en los niños. Sufrimiento que se prolonga por toda o casi toda, la vida escolar. Como dice el experto en neuroeducación Francisco Mora, si a un niño o niña se le intenta meter en la cabeza algo que no quiere o no está preparado/a, lo repetirá, pero como le ha costado sufrimiento, se le olvidará pronto, dejando en ello tiempo y esfuerzo que siente que “no sirve para nada”. El empeño en los planes de educación en priorizar las mates, la lengua y el inglés en detrimento de la filosofía, música, la educación física y las artes en general no busca si no estandarizar a los sujetos y transformarlos en personas “útiles” a un sistema que no los considera singulares y únicos, sino como parte de una máquina destinada a producir y repetir, aún contra su naturaleza curiosa, descubridora y creadora…Y luego queremos que los niños y niñas se sientan valiosos en su unicidad, y que no acepten modas por seguir al grupo, y que no cedan a la presión social.

Aún si tenemos como meta la búsqueda de trabajo futuro, si buscamos que ellos/as se desarrollen por las posibilidades laborales mañana, ( lo cual puede ser discutible), vemos que el mercado de trabajo actual y futuro busca sujetos creadores, negociadores, creativos. No a los repetidores de títulos y autores que premia la escuela.Actualmente  las empresas están contratando gente que muestre habilidades y currículums innovadores y no sólo respecto a los diplomas o títulos que ostenten: se valora habilidades como liderazgo ( conozco varias personas a quienes las contrataron porque lo que diferenciaba su CV del de otras personas era haber sido scout), gestión de equipos, comunicación, saber hablar en público, haber hecho voluntariado nacional o internacional, escribir, tener un pensamiento global, etc. Y necesitamos sujetos creadores así en un mundo cambiante, con retos globales y locales nuevos. Necesitamos sujetos “fuera de la norma”, que piensen distinto para que aporten soluciones distintas.  Lo contrario es una pérdida de tiempo, de motivación y de futuro. Y los alumnos lo saben, porque lo viven día a día. Saben que lo que necesitan para desarrollarse como personas, para poder ser un sujeto generador de propuestas creativas, para su ubicación laboral mañana, no lo proporciona la escuela, a menos que busquen sólo el papel donde constan los años y días que pasaron en la escuela.

Como docentes qué podemos hacer? Tenemos un currículum que tenemos que seguir, tenemos unos objetivos que tenemos que lograr, pero nadie nos dice cómo hacerlo. Y la clave lo tiene la neuroeducación: sin emoción, no hay aprendizaje efectivo. Hagamos que las clases sean significativas para los alumnos, rescatemos su curiosidad, su espíritu investigador, no digamos lo que tienen que memorizar, acompañemos a descubrirlo. Creemos con ellos, creamos en ellos, aprendamos con ellos. Hagamos de ese “cómo hacerlo” nuestro aliado para llegar a donde tenemos que llegar.

Y como padres y madres? Hace cuánto que no juegas con ellos? Me dirás que son adolescentes y que eso de jugar ya no se lleva. De eso nada. Posiblemente no puedes jugar con ellos al pilla-pilla, (no porque no puedas, si no porque no te van a querer seguir), pero hay muchos juegos de mesa y sociedad para adolescentes que les encantan, muévete, crece con ellos, comparte espacios distintos a la tele, la play o el ordenador. Incentiva su espíritu creativo. Motiva y felicita cualquier aporte de soluciones creativas que tenga. Busca espacios para preguntar y para que ellos/as te descubran que saben más de lo que crees, que piensan y que pueden hacer las cosas de manera diferente. Promociona su espíritu curioso y emprendedor. En la medida que puedas, proporciónales espacios de creación y de gestión con otros. Mira si eres un modelo de espíritu creativo y fórmate, crece con ellos/as.

¡VÍVELO!

Mira con otros ojos lo que haces con tus niños y niñas: ¿les proporcionas oportunidades de hacer las cosas de otra manera? ¿Felicitas sus logros aunque no sean exactamente lo que esperabas?

Intenta, en la medida de lo posible, gestionar con ellos/as planes grupales de construcción. En la escuela, creando y promoviendo espacios creativos, donde ellos puedan construir su aprendizaje, haciendo preguntas y buscando respuestas creativas. En familia, busca opiniones frente a dilemas de casa o de gestión familiar. Establece planes grupales de ocio, lo cual,  sobre todo con adolescentes, es más complicado, pero rescata esos tiempos aunque sean en una frecuencia menor. Hazlos partícipes de propuestas de soluciones: colores de una pared al pintar, cronograma de vacaciones, (tiempo, billetes, …), pregúntales y escucha con atención sus opiniones sobre pequeños dilemas laborales o de gestión de tiempos, etc

Promueve en tu centro que los docentes se formen en estrategias de nueva educación, en creatividad, en motivación y estrategias didácticas motivadoras.

 

Por qué son importantes las Habilidades Sociales?

Las habilidades sociales son aquellas destrezas de comunicación, empatía y cercanía que las personas manifiestan en su relación con otros, con otras. Es la gestión correcta de las habilidades de comunicación (verbal y no verbal) y de socialización. Guardan estrecha relación con la autoestima y con la gestión de conflictos. Por qué son importantes las

Las habilidades sociales, a diferencia de las capacidades, son la manifestación de estas últimas. No vale “saber cómo se hace” es manifestarlo de manera cotidiana.

Las habilidades sociales son habilidades complejas, porque están formadas por emociones, sentimientos, creencias y valores, que son fruto a su vez de aprendizajes y experiencias previos. Influyen en su conducta y sus actitudes frente a la vida, frente a los demás y frente a sí mismo, y les permite el desenvolvimiento en el entorno social.

Hay muchos grupos de habilidades, siendo la base de todas ellas las llamadas Habilidades Sociales Básicas, que comprenden  la escucha, el hablar amablemente, el hablar con firmeza, dar las gracias, recompensarse a uno/a mismo/a, saber pedir ayuda, saber pedir un favor e ignorar a quien nos perjudica.

Cómo se pueden generar habilidades sociales en nuestros niños, niñas y adultos? Primero, mostrando modelos efectivos para aprender. Piensa ¿ yo tengo las habilidades sociales que me gustaría que mi niño/a tenga? ¿Que mis alumnos tengan? Cobran un papel fundamental  las figuras socializadoras, padres y docentes, como modelos de actuación y respuesta para quien está aprendiendo a gestionar su entorno. Debemos dar  a los niños y niñas modelos a elegir para que ellos los asuman en su actuación con los demás. Segundo, propiciemos situaciones de ejercicio de habilidades sociales, como juegos de roles, y demos autonomía a los niños y niñas para que se desenvuelvan de manera creativa en su entorno. Y tercero, valoremos los avances, aprender a ser socialmente habilidoso/a no es fácil, los errores también enseñan. Las consecuencias agradables y contingentes propician la mejora de la conducta y las contingencias desagradables consiguen bajar la frecuencia de actuación.

Entonces, ¿porqué son importantes? Porque nos permite tener relaciones sanas con los iguales, porque nos permite aprender de ellos/as, porque nos hace sentirnos parte del entorno social y construir la propia personalidad encontrándonos y contrastándonos con los demás. Porque la gestión efectiva de la realidad social nos hace creer en nuestras capacidades, el saber que frente a lo que suceda se puede responder con asertividad y gestionar la situación, hace que la persona crea en sí misma, aumente su autoestima y le hace tener recursos para gestionar posibles conflictos. Las habilidades sociales posibilitan una mayor riqueza de universo social.

¡VÍVELO!

¿Nuestros niñas y niñas son capaces de tener conversaciones cotidianas, con un lenguaje propio de la edad, y usando elementos de su entorno con sus iguales, consiguiendo ser respetados/as en sus sentimientos y respetando a los demás? Es una pregunta importante….y no sólo con los niños y niñas, también con los adultos.

¿Ofrecemos, como agentes socializadores, un modelo adecuado para que nuestros niños y niñas puedan interiorizar qué conductas elegir, cuales no, cómo y por qué? ¿Yo, como adulto/a, tengo las habilidades básicas establecidas en mi actuar cotidiano? Muchos padres/madres se preocupan porque su niña no tiene amigos/as, o porque su niño es muy tímido, porque se encierra en su cuarto a  leer en vez de salir a la calle con los demás….y la mayoría de veces, indagando, sale la frase ” es que yo también era así a su edad”. No podemos pedirles a nuestros niños que consigan ser lo que no les enseñamos a ser. Las habilidades sociales son fruto del aprendizaje, así que posiblemente sea el momento de aprenderlas ….nosotros/as.

¿Valoramos los aspectos positivos en las habilidades que nuestros niños manifiestan? Un ejemplo de esto es que muchos padres y madres quieren que sus hijos/as sepan decir “NO” cuando les ofrezcan algo “malo” en la calle, pero no les permiten decirlo en casa ¿cómo van a aprender a hacerlo? Valora los elementos positivos en comportamiento y en autonomía en ellos/as, aunque sea difícil para ti. Los niños nunca dirán “no” fuera de casa si en casa no han sabido lo que es gestionar una negativa. Y eso nos toca a los mayores.

¿Facilitamos el entrenamiento en pensamiento divergente? Es decir, ¿ valoramos respuestas creativas y situaciones diferentes en ellos/as? Enséñales que no siempre existe una única solución, y que ellos/as son capaces de gestionar, creativamente, situaciones fuera de lo esperado. Las habilidades sociales exigen respuestas adecuadas a las situaciones, las personas y los objetivos, ayúdales a crear respuestas adecuadas.

¿Propiciamos situaciones de aprendizaje y práctica de habilidades sociales? ¿o en cuanto nos sentimos desbordados dejamos de intentarlo? Un ejemplo de ello son los niños que hacen berrinches en el supermercado. Una respuesta posible de parte de los adultos puede ser no llevarlo más y no permitirle aprender a gestionar mejor las situaciones. Otra posible respuesta, mucho más beneficiosa, es seguir intentándolo, gestionando los berrinches y las demandas de manera tranquila y sosegada, valorando las situaciones positivas y enseñándole a gestionar las frustraciones y los enfados. Y no solo del niño/a…también en nosotras/as. Y lo sé de primera mano, el segundo de mis hijos tuvo berrinches memorables a los tres años, y puedo decir que lo que aprendimos juntos valió la pena.

Las habilidades sociales son una herramienta fundamental en la correcta gestión de los conflictos a los que todo niño, toda niña se enfrentará varias veces, en su vida escolar, laboral, etc. La comunicación efectiva y sana es un elemento de aprendizaje fundamental en la vida de toda persona, no privemos a nuestros niños y niñas de ello.

 

 

En medio de tanta tristeza…la escuela como motor del cambio

Me invitan a hablar sobre el papel de la escuela frente al dilema de la inmigración y la acogida de familias14207665792_2737ea560d_m refugiadas. Me preguntan qué esta haciendo la escuela como institución para ser parte de las soluciones al tema.

Y les respondo que como institución, nada. Que la escuela está alejada de la realidad del mundo, que es cierto que hay proyectos magníficos defendidos por profesores y/o padres madres, o alumnos sumamente sensibles que a veces cuentan con el apoyo de sus equipos directivos, que van haciendo caminos de integración escolar, formando a alumnos comprometidos con la realidad, alumnos que debaten y hacen propuestas de cambio y mejora, proyectos donde la escuela sale de las paredes de los centros y analiza lo que en el mundo pasa, pero que son eso, proyectos individuales,formados y mantenidos con esfuerzo personal y ganas de cambiar las cosas. Que a veces esas personas se acaban quemando, pero que. también, a veces, esos proyectos duran.

Y me apena, porque el mundo está girando muy rápido, y los cambios tardan en llegar dentro de los espacios escolares, ahí donde muchos alumnos sienten que lo que les enseñan “no sirve para nada”. ¡Y sería tan bueno que ellos sintieran que pueden hacer algo….! Si hablamos con ellos, vemos que tienen opiniones, que ven y escuchan más de lo que creemos, que tienen muchas dudas y esperan que estemos ahí para ayudarles a resolverlas, que quieren ser parte del mundo y, como sociedad, no les dejamos. Que están viendo, como nosotros, imágenes terribles todos los días por los noticieros, por las redes sociales y no ven vías para entender o aportar algo.

Durante los años que coordiné un mega proyecto de prevención de conflictos en más de 12 centros escolares,  donde los agentes de cambio eran los alumnos, la frase de una alumna que participaba de la experiencia me marcó: “por fin nos escuchan y nos dejan hacer algo para mejorar las cosas, por fin se dan cuenta que podemos ayudar”.

Es necesario que la escuela recobre el papel fundamental para el que está destinada:ser el espacio de crecimiento de toda una sociedad que se adapta, se acompaña, se ayuda  y avanza con los demás. Donde nadie se queda atrás, porque aquí no sobra nadie.

Y con ese objetivo trabajamos.

¡VÍVELO!

Investiga cuántas personas cuenta tu centro que procedan de otros lugares. Cuántos de ellos han tenido que salir de su tierra o de su país por motivos forzosos: violencia de género, problemas locales, guerras, hambre, miseria. Cuántos niños y niñas a los que enseñas han sido reagrupados ( sin haber sido consultados) de sus países de origen, dejando atrás amigos, familia, abuelos ( quienes tomaron el papel de madres y padres y a quienes  saben que pueden no volver a ver), y viviendo de manera muy solitaria duelos muy profundos….y con pocas herramientas.

Teniendo precaución con hacer público algo que los que lo han vivido pueden no querer, intenta integrar esas vivencias dentro de tus proyectos de clase, dales, a esos alumnos, apoyo y muéstrales que ya que no podemos evitar lo duro de la vida, podemos aprender de ello.

Cuida tu lenguaje. Expresiones de racismo y de discriminación forman parte de nuestro lenguaje cotidiano, y podemos estar tocando fibras sensibles en menores que no pueden levantarse públicamente para decir que lo dicho o mostrado les ha ofendido.

Trae la realidad a la escuela, ya que a veces ella no puede salir a enfrentarla. Aprovecha lecturas y materiales de lo que está pasando en el mundo ahora mismo. Hay muchísimo material en internet.

Propón espacios de escucha, de habla, de comunicación. Y en los espacios de tutoría, aprovecha para acabar con bulos o mitos por los que los alumnos y las alumnas se guían porque no lo han preguntado a los adultos, porque se hacen daño guiándose por ello , y/o hacen daño a los demás.

La importancia de los límites…..y no solo con los niños

Qué son los límites: educativa y relacionalmente son los puntos que marcan una linde imaginaria entre lo que permito y lo que no en mis relaciones con los demás. Estos “demás” sonina-sentada-felizn la familia, los compañeros de trabajo, los amigos, la relación padres/madres – hijos/as y con el resto de personas con las que me relaciono.

Sabéis que le doy mucha importancia al modelado en las relaciones con los niños y niñas, y a veces, cuando son pequeños, es difícil explicarles algo así como “hasta dónde si- hasta donde no”, así que vuelvo a resaltar la importancia de los modelos. ¿Cómo puedo enseñarles lo importante de los límites cuando permito relaciones tóxicas en mi vida? ¿Cómo les enseño que no debe permitir que lo/la agredan cuando permito agresiones físicas o psicológicas hacia mí? Piensa: ¿eres una persona que trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti y/o a tus peques (hijos/as, hermanos/as, sobrinos/as, alumnos/as….)? Revisa el modelado que imprimes en la historia de quienes te ven como adulta y analiza si es necesario que tú pongas los límites para tu propia vida, que es tan importante como ayudar a ponerlos a tus peques.

Poner límites es mucho más que decir NO a algo, es decir Si a todo aquello que si no digo “no” no podríamos disfrutar: decir NO al móvil antes de los 14 años es decir SI a los momentos que vamos a pasar juntos y que el estar pendientes del móvil nos robaría (atención ¿cuántas veces tú como adulta/o dices NO al móvil?); decir NO a gritar cuando discutimos es decir SI a trabajar juntos y ayudarnos cuando haya tensiones en casa; decir NO a las faltas de respeto es decir SI a felicitarnos cuando logremos una discusión sin gritos ni insultos; si digo NO a que tú como pequeño/a decidas lo que hay que hacer es decir SI a recobrar la autoridad en casa y proporcionarte un espacio de libertad y de disfrute que como niño/a tienes que tener, es decir SI a escuchar tu opinión y tus propuestas, es decir SI a que no tengas que cargar con una responsabilidad mayor de la que por tu edad tienes que tener.

Decir NO a lo que por edad, por respeto consideramos no deseable, es decir SI a lo que queremos, es ofrecer algo mucho mejor a cambio.

Muchos  niños, muchas niñas que tienen perfil de “retadores”( con conductas de tentar o retar los límites) son niños que no tienen claro hasta dónde pueden llegar, lo cual les genera mucha ansiedad. Un niño, una niña que ve con claridad el espacio del que puede disfrutar baja las tensiones y la ansiedad, y aprende de donde se sabe seguro, aprovechando su espacio, porque sabe que si algo sucede, ahí están los adultos responsables para protegerlo.

¡VÍVELO!

  • Analiza los límites que pones tú en tu vida, en tus relaciones con los demás: con tu familia, con tus compañeros de trabajo, con tus amigos y amigas. ¿Los tienes claros?
  • Los límites son elásticos: según va avanzando la edad de nuestros peques, y sobre todo, la responsabilidad que en cada edad vayan demostrando, éstos tienen que irse ampliando (¡menudo reto!). Los docentes y los padres/madres de varios niños lo saben, los niños y niñas no muestran los mismos niveles de responsabilidad sólo según la edad, también depende de su historia personal, de su posición en la familia, etc. El reto es adaptar los límites a la realidad de cada uno/a: el móvil a los 14 es un límite que depende de la situación de cada niño/a; las horas de salida y entrada a casa dependen de cada niño o niña, de su responsabilidad, de lo lejos o cerca que se vayan, con quién se van, etc
  • Cuando marques un límite, háblalo con los niños/as, intenta que ellos participen dando su opinión. Una norma construida entre todos es más respetada y cumplida.
  • Decide con claridad qué está permitido a partir de hoy y  qué no, y sobre todo, no permitas que tu estado de ánimo determine el cumplimiento o no de los límites: si no juega a la play de lunes a jueves no lo va hacer aunque yo esté de buen humor y hoy me haya dado muchos besos, es una norma. Si no le permito que llegue tarde a casa, no se lo permito por más que hoy no tenga ganas de discutir. Si, como compañero de trabajo te he dicho que no me gusta que te burles de mis ideas, te lo voy a decir por más que hoy hayamos tenido un buen día. Retroceder y permitirte actuar según tu humor es enseñar que las normas se pueden saltar, es enseñar a actuar y decidir según el estado de tu humor y no por decisiones firmes, es ponerte zancadillas a ti mismo/a.
  • Empieza con pequeñas cosas, con pequeñas normas, coge confianza, ve aprendiendo y avanza.
  • Tómatelo como arar y sembrar: te aseguro que cosecharás bien. Y eso es algo importante en la educación, la importancia del esfuerzo y el esperar. Esta es una oportunidad de enseñarles, con la vida , a hacerlo.