Etiquetar es limitar, etiquetar es cerrar opciones

Diapositiva1“Ese niño es vago”, “llora por todo”, ” a veces creo que sólo quiere llamar la atención”, “es muy responsable, de veras, confía en ella, no te fallará ( sobre una niña de 7 años)”, “es más desobediente….”, “es que es hiperactivo”… cómo nos suena, no?

Como padres/madres y docentes, sabemos que etiquetar a los niños es injusto, pero aún así, esta semana varios docentes me han preguntado ” cuando las etiquetas son positivas no es malo, no?”…y si, sigue siendo igual de limitante, es encerrar a un niño o a una niña en una palabra de la que no puede salir porque entonces no encaja.

Una etiqueta es como un rótulo de neón que se lleva en la frente, que es lo primero que ven quienes contactan con esa persona. De hecho, muchos niños cuando se presentan te dicen ” dice mi madre que soy…..”, así, para que no te lleves decepciones. Una etiqueta limita, una etiqueta no deja salir de ese cajón a pequeños y pequeñas que no tienen herramientas para luchar contra ella. Piensa: ¿tú eres solo “madre”, o “padre” o “profe” en todos los aspectos de tu vida? No siempre somos comprensivos, a veces tenemos mal humor, hay días que no estamos atentos y se nos olvidan cosas y hay días que funcionamos como un reloj ¿quién de esas personas eres tú? pues todas ellas y ninguna, … los niños y niñas también.

Una etiqueta no deja escapar, no nos deja empezar de nuevo, nos corta las alas para iniciar otro camino y crear poco a poco a esa persona que queremos ser y eso significa que corta la infancia, que desmotiva las iniciativas de intentar ser diferentes, y en todo caso, impide mejorar. Muchos chicos y chicas, calificados por sus docentes como “irrecuperables” en verdad terminan siéndolo, pero no porque no puedan volver a empezar, si no porque la etiqueta y las expectativas  que ella conlleva  es una losa demasiado pesada, son jóvenes y tienen pocas herramientas. Si hacen algo ” bueno” no es reconocido, y después de todo, “si esperas algo de mí es más fácil dártelo que intentar convencerte de lo contrario” como me decía un alumno la semana pasada. Y me volveréis a preguntar ¿ y las etiquetas “positivas”? Pues limitantes son, y conllevan expectativas con las que muchas veces los niños no pueden lidiar. Un niño”responsable, serio, sensato” siente que tiene que serlo siempre, una niña ” inteligente y de buenas notas” tiene la presión de mostrarlo en todo momento, y todos conocemos niños de habitualmente buenas notas con los que muchos niños no se quieren juntar ” porque siempre están estudiando” como dicen el resto de niños.

Tuve un niño en consulta cuya madre venía angustiada porque había bajado de notas. Indagando, no es que estuviera suspendiendo, solo que no sacaba las notas de siempre: 10, 9. Ahora sacaba 7, 6…..cuando entrevisté al niño, éste me contó llorando que creía que se estaba volviendo tonto, que su cerebro “ya no funcionaba como antes”,  que no tenía amigos, porque él  solo se juntaba con niños de buenas notas y ahora que había bajado, pues, ya no se juntaba con ellos. Una etiqueta le estaba destrozando la vida. El trabajo, no tengo que decirlo, fue con la madre y sus expectativas y con el niño , y convencer al niño de que él es mucho más que una etiqueta.

¡VÍVELO!

  • Revisa tus expectativas con tus niños y niñas, muchas de ellas te llevan a etiquetarlos. No decimos que no pienses que son listas, inteligentes, sensatas o responsables, u olvidadizos, o alegres, o habladores o mas bien tímidos. Una etiqueta es esperar que todo su comportamiento vaya de acorde con lo que piensas, mira con atención como pueden cambiar, cómo pueden mejorar, cómo buscan intentar ser diferentes y explorar hasta dónde pueden llegar.
  • Ten cuidado con las palabras ” siempre” y “nunca”, ellas encasillan tanto con las etiquetas y van junto a ellas la mayoría de veces, no dejan escapar, no refuerzan los esfuerzos que los niños y niñas hacen para salir de aquello que se espera de ellos y no les gusta
  •  Y sobre todo cuidado con las “etiquetas-notas”, un niño no es las notas que saca!!!!!!!! No encasilles a las niñas ni a los niños en función a las notas que tiene, que muchas veces se extrapola a lo responsable, o no, que es; a lo inteligente, o no, que es; a lo buena-bueno, o no, que es…..

 

 

 

 

El niño que no sabía que no podía hacerlo….y lo hizo

El niño que pudo hacerlo
Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.
Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.
Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

Eloy Moreno. Adaptación de un cuento popular.

Incluido en “Cuentos para entender el mundo

 

¿Te suena? Muchas veces los padres, las madres, las tías, los abuelos, los y las profes enviamos mensajes a los niños desalentadores, motivados por nuestros propios miedos, intentando que vean ante todo los riesgos ( y nuestros miedos) antes que se dejen guiar por su motivación e intentarlo . Nuestra intención sincera es protegerlos, evitar que  cometan errores, que se hagan daño, pero las más de las veces conseguimos transmitirles nuestros miedos, los desmotivamos y les hacemos creer que ellos son demasiados pequeños para intentar hacer nada. Desalentamos iniciativas que son producto de su imaginación, de su creatividad y de sus ganas de aportar creaciones propias. Luego, cuando son más mayores, queremos que sean creativos, que no dependan de nosotros y que “tengan sus propias ideas” ( 😦 )

Conozco muchas madres,  padres, docentes que les dicen ” tú puedes con todo”, “que nada te pare”, para decir a continuación “siempre y cuando no te arriesgues a…”, ” pero ten cuidado con…..”, ” a ver si no te caes….”, “siempre te haces daño”…ay! y si al final lo intenta y efectivamente se cae o le sale mal “te lo dije…”, “mamá/papá, tu profe sabe por qué te lo dice”. Aunque nunca sabremos si le salió mal el intento porque efectivamente iba a salir así de todas maneras o porque nuestros miedos lo hicieron intentarlo a medias.

No transmitas tus miedos a los niños. Anímale a  intentar hacer aquello que le motiva. Evidentemente no digo que le motives a intentar volar de un décimo piso, pero déjale trepar, déjale intentar ser el primero, déjale creer que pude entrar al equipo de teatro, déjale que intente convencer a alguien que a primera vista parece imposible. ” Es que no quiero que se frustre” ¿sabes que la tolerancia a la frustración es una cualidad que conseguirá que se enfrente mejor a las frustraciones que inevitablemente le dará la vida? ¿Que superar eso desarrolla una capacidad fortalecedora del carácter como es la resiliencia? ¿Que le estás quitando la posibilidad de que lo consiga?

¡VÍVELO!

¿Sabes lo que es el Efecto Pigmalión? Aunque ahí te dejo el enlace para que sepas más, en pocas palabras es el efecto que ejercemos sobre las personas como consecuencia de lo que de ellas pensamos: si creemos, en nuestro fuero interno que no podrá algo, las probabilidades de que eso suceda se incrementan y d eigual amenra si creemos que si lo conseguirá. Mira qué influencia tiene tu mente y tus pensamientos sobre la realidad que habitualmente termina dándote la razón, lo cual nos muestra la fuerza de nuestras expectativas en las personas para quienes ejercemos como adultos. Esto tenemos que tenerlo en cuenta como padres, como madres, como docentes de nuestros niños y niñas. Influimos en ellos y ellas más de lo que creemos. Explora tus prejuicios, tus ideas sobre cada uno de tus niños, en tu lenguaje hablado, en tu lenguaje no verbal les estás diciendo ” pienso ESTO de ti, creo que NO conseguirás tal cosa, pienso que SI puedes llegar a…, creo que le vida para ti será…”. También es válido para tu pareja, para tus amigos…

No midas a tus niños como sentiste que te midieron a ti. Tanto en capacidades ( si, por más que digas que ha salido a ti….) , como en lo mal/lo bien que lo pasará cuando llegue a….. Tus niños, tus niñas NO SON TÚ.

Y ¡Ay! las notas… no permitas que tu niño, no permitas que tu niña sea, ni para ti ni para nadie, una calificación. Nunca. No pongas sobre ellos una losa que no les deje volar. Los niños no son calificaciones, no los encorsetes, ellos y ellas son muchísimo más que una nota. ¿O tú sólo eres madre, sólo eres padre, sólo eres profe? Somos más que etiquetas, que nos limitan.

Educar a un niño es darle alas para volar. Ningún pajaro vuela si no cree que sus alas lo sujetarán en vuelo. Y repito: también vale para tu pareja, para tus amigos, para tus hermanos. No limites, explora lo que piensas sobre las personas. Cuestiona lo que te enseñaron ( cuántas veces hemos oído en nuestra infancia ” tú no creas en nadie”), y no pases tus heridas a tus niños.

Retos para el nuevo curso

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¿Harta/o de que cada inicio de clase sea lo mismo? ¿Cada vez ves más lejana la escuela que quieres? ¿Por qué no empiezas con pequeños cambios que posibiliten una mejora en el clima de tu clase, cambien tu visión de clase, te permitan conocer mejor a tus alumnos y te animen a continuar cambiando? Hoy te proponemos cambiar tu entrada a clase, con actividades e información complementaria que te ayudará en ello.

A veces creemos que cambiar significa plantearnos toda la metodología y los contenidos de clase, que sin el acompañamiento de los compañeros no va a ser posible, que si el equipo directivo no apoya es imposible….y el hecho es que para correr, necesitamos caminar primero. Anímate a asumir alguno de estos retos, y continúa con más, te aseguro que tu enfoque de cada día cambiará a mejor. ….y tus chicos y chicas te lo agradecerán. Sorpréndelos, al fin y al cabo, aprender es descubrir cosas nuevas.

 

CREA ACTIVIDADES INTERACTIVAS. Juegos, actividades colectivas, agrupaciones, rompecabezas, actividades de movimiento, concursos, mapas, pasapalabras, vídeos con preguntas, que ellos hagan un video…mil propuestas para que ellos construyan el aprendizaje contigo y hacer una clase más motivante. Tienes aquí recursos educativos diversos para plantear actividades en muchas asignaturas. Todo está ya inventado, y probado, así que anímate a probar y luego seguro que crearás actividades que te gusten más o “tunearás” otras. Por cierto, si eres profe de Primaria, la web Maestras Inquietas (@maestrasinquietas21)  tiene actividades muy interesantes!

 

APÓYATE EN LA MÚSICA. Desde descubrir el trasfondo de la popular canción “cuando Fernando VII usaba paletón….” hasta rapear con tus alumnos, apóyate en la música que es de sobra conocido que estimula áreas cerebrales que acompañan el aprendizaje. Te dejo dónde empezar a  inspirarte: “la canción como recurso didáctico”  y “música rap para aprender y enseñar”

 

EVALÚA DE OTRA MANERA. Los exámenes “al uso” no alcanzan a mostrarnos todo lo que tus chicos y chicas han aprendido ¿los hacemos de otra manera e intentamos rescatar todo lo adquirido?: ¿una línea de tiempo?, ¿una exposición?, un trabajo de investigación?, ¿resolvemos un caso práctico?, ¿creamos una revista?, ¿propiciamos un debate con argumentos?. Te dejo enlaces que te darán ideas: “Otra manera de enseñar, otra manera de evaluar” y “5 formas de evaluar a tus alumnos” de mi admirado Santiago Moll

¿Y CREAR UN BLOG DE CLASE?. Una creación colectiva que seguro te dará buenas sorpresa, posibilitará un acercamiento lúdico a las TIC, motivará su aprendizaje y les dará herramientas comunicativas. No necesitas ser experta en ellas, wordpress, blogger…tienes dónde elegir. “Por qué ya no puedes esperar más para lanzar tu blog” y “uso educativo de los blogs”   

ANÍMALES A CREAR UN PROYECTO COLECTIVO. Un proyecto para cambiar el mundo, una empresa de todos/as, con investigación previa, tipo de empresa, logo y marketing, planos del espacio físico, facturación, contratación, gastos, evaluación de objetivos…..¿te imaginas cuántas áreas de aprendizaje pueden intervenir? Ideas e ideas por aquí “Empresa en el aula”

“SI NO ES DIVERTIDA, NO ES MI CLASE”. ¿Intentamos aprender los conceptos de manera divertida?, ¿qué tal si jugamos? “La letra con juego entra” e “ideas para aplicar la gamificación en tu aula”

MARCA EL RITMO EN EQUIPO, TÚ Y ELLOS/ELLAS. Toma un tiempo para conocerlos, y no necesariamente con entrevistas individuales. ¿sabes qué necesitan?, ¿en qué batallas personales, familiares, relacionales, intelectuales, emocionales están metidos?, ¿en cuántas de ellas ganan y en cuántas pierden?, ¿qué esperan conseguir este curso?, ¿cuáles son sus miedos?….no negarás que saber todo ello te posibilitará a lo largo del curso una mejor comprensión de su conducta y actitudes, así como poder lograr un mejor acercamiento, confianza y motivación. Cuestionarios, agrupamientos (“que se pongan a la derecha los que piensan que este curso va a ser difícil y a la izquierda los que no”, “que salten quienes han tenido que estudiar duro este verano”, “que se agachen los que quieren dedicarse  a las letras /ciencias”, “que se den media vuelta los que temen suspender o repetir este curso”…intercaladas con preguntas divertidas, del tipo ” que se pongan a  la derecha a quien le guste los/as rubios/as”, “a la derecha a los que les guste la tortilla con cebolla y a la izquierda a los que le guste sin cebolla”….etc), dinámicas de debate y de plantear posibilidades de solución frente a las dificultades encontradas, …te dejo 130 dinámicas de educación emocional que seguro te ayudarán en esta parte.

 

VÍVELO, VÍVELO, VÍVELO!!!!

 

 

 

Hermanxs, compañerxs de vida

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“Hermanos/as” son personas que nos regala la vida para acompañarnos por ella.

En este tiempo de verano en el hemisferio norte, donde compartimos más tiempo familiar que nunca, y de “medio curso” en el hemisferio sur, donde hay pequeños tiempos de descanso escolar, retomamos un artículo que tuvo mucha aceptación. Disfrutemos de lo divertido de tener hermanos, hermanas, compañeros de vida….

“Hermanos” son personas que nos regala la vida para acompañarnos en el camino por ella. Mayores o pequeños, son personas que nos confrontan con nuestra posición en la vida, nos regalan, a lo largo de la vida, momentos de paz, de complicidad y polémica, de pelea, de enfados con el otro y conmigo misma. Compartimos con ellos la conexión a la vida y nos enseñan a compartir, a tener estrategias de obtención de objetivos, a tomar conciencia de mi posición en ese micromundo que es una familia, cualquiera sea la forma de la misma, nos ayudan a encontrar el “dónde estoy”. Los que tenemos  hermanos o hermanas mayores sabemos lo que es saber muchas cosas antes que otros compañeros que no tenían esa suerte. Los que tenemos hermanos pequeños nos hemos sentido poderosos o poderosas algunas veces frente a “los pequeñajos”. Muchos hijos únicos lo son por no tener hermanos y muchos lo son en la práctica por tenerlos tan distantes en el orden de nacimiento que ha sido como si lo fueran. Muchos tienen hermanos con quienes no comparten ADN, pero sí una vida y todo lo que ha dado el corazón. Muchos y muchas tienen la suerte de crecer junto a primos y primas que amplían su universo emocional y afectivo, siendo lo más parecido a hermanos en la vida. Los que pertenecemos a una familia numerosa sabemos lo que es comer rápido para que los mayores no nos quiten las cosas ricas , o porque nuestro padre, nuestra madre,  ante la tarea de dar a tantos de comer, nos metía prisa y aprendimos a aprovechar de una manera práctica los tiempos y las oportunidades.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar habilidades en la vida, a poner en práctica  habilidades para defendernos o para conseguir lo que queremos.

¿Cuántos de nosotros notamos cuando alguien es hijo único o hija única? Los docentes lo tienen claro y lo distinguen con más o menos facilidad. El hábito de compartir, de elaborar estrategias para la obtención de mis objetivos, de gestionar determinadas habilidades comunicativas y protectoras es lo propio en personas con muchos hermanos. Hace algún tiempo, comiendo bocadillos con varios amigos, noté que entre nosotros algunas  personas acabábamos muy rápido de comer mientras otras personas comían con (mucha) más lentitud. Pedí que levantaran la mano quienes tienen más de dos hermanos, y conforme a mi hipótesis, levantamos la mano quienes teníamos el bocadillo terminado en el menor tiempo.

La competencia entre hermanos es un estímulo que nos ayuda a gestionar recursos personales en la vida, a poner en práctica  habilidades para conseguir lo que queremos. Una familia es un universo en sí mismo, con sus reglas y su orden. Mi posición en ella y la parcela del microcosmos que me toca determinan lo que soy y lo que busco en la vida. No soy totalmente partidaria de la Teoría de las Constelaciones Familiares, pero no puedo negar que tiene sentido y conozco casos donde el ser consciente de los roles propios y los de los demás ha ayudado a mucha gente a entender el porqué de determinadas búsquedas vitales. ¿Si no por qué creéis que, cuando los dos hijos o las dos hijas mayores son del mismo sexo el segundo o la segunda siempre es más alto o alta que el primero o primera (al terminar de crecer, se entiende)?  y son polos opuestos en características, en habilidades, en intereses … Buscad los casos que conozcáis, y veréis que es así. La naturaleza lucha para estar por encima alguna vez, es una especie de venganza biológica para el segundo quien durante la etapa de crecimiento siempre ha sido el más pequeño o pequeña, quien pasó más desapercibido, pasó por sentirse  menos listo/a puesto que el primero destacaba por ser la novedad para los padres, abuelos, etc. Y eso entre personitas del mismo sexo es competición vital, el segundo o la segunda necesita buscar su espacio y diferenciarse del primero o primera.

Con los/as hermanos/as, las raíces educativas y familiares comunes se encuentran y fortalecen nuestra infancia y nuestra vida en general.

¡VÍVELO!

 La convivencia con varios hermanos también lleva consigo algo que a  los progenitores les agobia mucho: las competiciones (“peleas”) entre ellos. Primero que nada, he de decir que entiendo por “peleas” la competición por espacios de notoriedad, discusiones por el roce que necesariamente trae la convivencia, la mala gestión, por cuestiones de edad, de responsabilidades dentro de casa, malos entendimientos por lo que se quiere o no se quiere, por juegos, por tiempos, pequeñas “maldades” que buscan molestar ( no hacer daño) al otro, etc. No son peleas: las faltas de respeto, los golpes, los insultos, el buscar hacer daño. Eso es un conflicto que se debe hablar y resolver. Las peleas anteriormente mencionadas son producto de la necesidad de buscar su espacio en el universo familiar, de conseguir la mirada y atención de los progenitores y de buscar su lugar con respecto a las habilidades fraternas. Por lo cual, peleas-competiciones dentro del espacio familiar pueden ser hasta normales, nunca fuera de ella. La identidad común, entre hermanos bien avenidos, debe de primar en espacios externos. Una vez, unos profesores me comentaban que dos hermanos en el Instituto se llevaban a matar, no se podían ver, encontrarse era sinónimo de agresiones físicas y de insultos entre uno y otro. “Como hermanos bien avenidos” me dijeron. Reaccioné inmediatamente: No, eso es un conflicto grave entre hermanos, las peleas y la competición es por el amor y la atención de los progenitores, y fuera de casa, nuestra identidad común nos debería unir y fortalecer. Solicitamos la intervención del apoyo familiar necesario y se llegó a la raíz de un grave problema familiar.

La gestión de los lazos fraternos a veces es una pesada carga para los responsables adultos. Es importante dotarnos de paciencia y de comprensión, y de hacer notorios los lazos comunes que nos unen más allá de las diferencias, y de las odiosas comparaciones. Por favor, como padre, como madre, no compares, hazles ver con tu ejemplo que cada uno, cada una tiene habilidades y competencias propias, muéstrales cómo amar sus particularidades y enséñales a buscar, juntos, sus objetivos. Enséñales a ser complementarios, a ser complementarias, a ser un equipo.

Como docente, no olvides que los hermanos no pueden ser comparados, el párrafo anterior es válido también en espacios escolares, ayúdales a encontrar su propio lugar y a tener su propia voz. Valora lo diferente en cada uno. Siempre les digo a mis hijos ¿eres distinto en algo? Qué bueno. El mundo es de los diferentes, los que hacen la historia han sido personas que no eran igual que los de su época, que lucharon por hacer las cosas diferentes, por tener un punto de vista complementario, aunque ello les haya hecho luchar más que los demás en algunos ámbitos.

¿Y qué hay de cierto en la teoría del “hijo sándwich”? Imaginemos que estamos en una familia donde el mayor o la mayor siempre despierta el asombro de los progenitores: el primer día de cole, las primeras buenas o malas notas, la primera salida con amigos, ….y por otro lado, quien es el o la más pequeña despierta el encanto y el engreimiento de los padres o madres: el último, el bebé, al que hay que proteger. En ese escenario ¿cómo nos sentimos si somos el hijo o hija de “en medio”? Y si el sexo de los o las tres es el mismo, esto es más real aún. Claro que hay factores que modifican esta teoría, como las diferencias de edad, pero a grandes rasgos, es así. No estoy diciendo que necesariamente este hijo  medio desarrolle problemas conductuales, o académicos, nada de eso. Simplemente que en muchos casos necesitará que nos pongamos en su lugar y le prestemos la atención necesaria por cosas positivas, que si no, posiblemente la busque obtener por vías negativas.

Movimiento, verano y aprendizaje

mujer-saltando-verde-panueloQue el verano es un buen momento para aprender? Que? Si. El verano es un tiempo para hacer aquello que no hemos hecho durante el curso, y eso implica aprender de maneras diferentes.

Todos conocemos ese profesor que les recomendó a sus alumnos disfrutar durante el verano, dejándoles tareas que no tenían nada que ver con estudiar en el sentido clásico del término. Y todas ellas eran para aprender: aprender a movernos, algo que hacemos poco durante el curso. Aprender a mirar, algo que hacemos menos durante el curso. Aprender a sonreír, algo que hacemos poco y mal durante el curso. Aprender a sentir, algo que (¡uffffff!) gastamos poco durante el curso y fuera de él.

Para los que inician verano en el hemisferio Norte y necesitan renovar energías para el curso que viene y para quienes en el hemisferio Sur están en medio de curso, y a modo de evaluación de mitad de curso pueden y quiere reajustar estrategias de aprendizaje, de crecer y de sentir, os dejamos razones por las cuales es bueno movernos, mirar, sentir, crecer y construir con las manos y los sentidos.

  1. Por desarrollo neurológico. La actividad física genera BDNF, proteína del cerebro que posibilita mejores conexiones neuronales, incrementando la memoria, , la flexibilidad, la velocidad de procesamiento. La actividad física es una especie de lubricante neuronal, generando mejores redes de procesamiento, y logrando procesos neuronales más eficaces y eficientes.
  2. Por oxigenación.  Una oxigenación correcta, evitando largos periodos sedentarios posibilita mejoras notorias en todo el organismo, incrementando la atención, el recuerdo, y las relaciones lógicas con el entorno.
  3. Por compartir, por comunicarnos con otros. Jugar con otros aumenta nuestras posibilidades de comunicación eficiente, nos ayuda a resolver conflictos generados por el compartir espacio y ayuda a ubicarnos entre nuestros pares.
  4. Por sentirnos bien. Todas conocemos esa sensación: nos da pereza movernos, salir, tomar el sol, correr un poco, pero cuando lo hacemos, tenemos la sensación de energía durante todo el día. Y si lo hacemos en compañía, mejor.
  5. Por cambiar de actividad y postura. Estamos muchas horas sentados, estudiando, investigando, conduciendo si somos adultas y muchas de nuestras actividades son en la misma postura sentada. Movamos nuestro cuerpo, cambiemos de postura, no permitamos que partes del mismo se nos lesionen por falta de movimiento, todos conocemos niños y niñas que desde muy jóvenes tienen problemas de espalda debido a estar muchas horas sentadas y empezando una vida sedentaria muy pronto.

¿Necesitas más razones para moverte más tú y tus niños a partir de hoy?

 

¡VÍVELO!

Si estás empezando el verano, aprovecha para moverte y hacer aquellas cosas que durante el largo y frío invierno no podrías hacer. Si normalmente tienes una vida sedentaria intenta cambiarla y si es en compañía, mejor, te resultará aún más gratificante. Muévete, verás que, sin darte cuenta, sonreirás más.

Deja que los niños y las niñas exploren, se ensucien y jueguen al aire libre. Si vives en un pueblo pequeño, aprovecha los espacios y el tiempo que tenéis,. Si no puedes irte a pasar el veranoa  a un pueblo, escápate fuera de la ciudad en cuanto puedas, o aprovecha parques y jardines, respira hondo y disfruta de todo lo verde que puedas. ¿Cuántas veces nos vemos diciendo ” está aquí al lado, ya disfrutaré otro día de este parque, este paseo, …?” Ese día es hoy, y mañana, y pasado….

Si estás en medio del curso escolar, y los horarios y las obligaciones del trabajo y el estudio te hacen creer que no hay tiempo ni espacio para moverte, quítate esa idea de la cabeza. En casa nos retamos a concursos de baile (un videojuego) los fines de semana, y más que coordinar los movimientos, no paramos de reírnos. Date un minuto antes de iniciar tus clases con movimientos de hombros, estiramientos sencillos, movimientos de cabeza. Respira hondo y cuenta hasta 7 antes de exhalar el aire en 8 segundos, lentamente, notarás que tus hombros dejarán poco a poco la postura de estar “en guardia” que mantenemos habitualmente. Hazlo con tus alumnos, verás que bajarán tensiones, y su cerebro estará más presto a todo lo que les quieras mostrar en esa sesión.

Aún si las notas obligan a muchos alumnos a estudiar en el verano,dales espacio de moverse, de caminar, de estar con otros y otras, de gestionar emociones. Ayúdalos a generar espacios de desarrollo y conexión neuronal que posibiliten mejores resultados de aprendizaje. Porque en verano, o invierno, moviéndonos también aprendemos.

 

Rabietas, rabietas, rabietas

family_holding_hands-800x533Muchos padres, madres y educadores me preguntan ¿qué hago cuando presenta una rabieta? Llantos gritos,golpes, y escasez de entendimiento verbal y racional caracterizan esta conducta, y se manifiesta en todas las edades de la vida….si, inclusive en adultos/as.

Lo primero que tenemos que saber  es que estos comportamientos por producto del desborde y del descontrol, son frustraciones mal gestionadas por el adulto a cargo y que fueron posibles de apaciguar en estadios menos explosivos. Lo ideal es conseguir que ellos y ellas no lleguen a esos niveles altos, manteniendo la calma cuando vemos que se viene la tormenta e intentado distraerlo/a del camino recto que conlleva directo a la frustración y la explosión: cosas como aplazar el tema, proponer la expresión verbal de razones, si son pequeños mover la atención hacia otra parte, etc. ayudan. Nunca intentes contenerlo físicamente, ni grites más que él, ni le digas “tranquilízate”…está probado que es como echar más leña al fuego, sólo incrementa su desazón.

Cuando los niños/as son pequeños/as, este tipo de explosiones se presentan cuando no se sienten escuchados, cuando sienten que sus frustraciones no son manejadas y asumidas por el adulto a cargo. Son pequeños y no saben manejar lo que sienten y las emociones los desbordan. Pero si eso no es controlado de pequeños, estaremos criando un niño o niña que utilice este tipo de comportamiento para atraer la atención que de otro modo le es negada o que consigue así que se escuchen sus reivindicaciones, o conseguir lo que quiere ( ya hablamos en un post anterior que en muchos casos la palabra de los adultos depende de su estado de ánimo, no constituyendo una garantía de límites y de protección, gestionando de manera ineficaz, irrespetuosa con los sentimientos de los niños e ineficiente, la canalización emocional de la frustración)

Qué hacer si a pesar de nuestros esfuerzos, se presenta la explosión? Primero, entendamos que esto es producto de una mala gestión de ambas partes; del adulto por no verlo y/o no saber gestionarlo ( por que estamos cansados, porque estoy ocupada en otra cosa, porque no parecía que llegaría a tanto….) y del niño/a, pero él/ella es quien no tiene herramientas para gestionarlo por sí solo/a, y es necesario enseñárselas. No hay culpables, y desde luego no es el niño. Ésto que parece obvio, no lo es, y es una idea que debemos de tener para afrontar la situación de la mejor manera, es decir, aprendiendo de ella.

En este caso, hay tres palabras clave: empatizar, reflejar y acompañar

Empatiza. Mira de dónde viene la frustración, qué sucedió antes de la explosión y cómo se está sintiendo el niño o la niña. En muchos casos la situación nos deborda ( ¡a nosotros/as!) y atendemos más a cómo nos sentimos nosotros y nosotras antes que ellos/as, lo cual es un mal enfoque porque sólo complica la situación. Los niños necesitan saber que tú controlas la situación. Y controlarla no quiere decir que sabes qué castigo aplicar. Controlar quiere decir que aunque lo estén haciendo de manera inadecuada, tú puedes ser un espacio de entendimiento de sus emociones a flor de piel, que salen en bruto y de manera violenta, haciéndole daño ellos primero ( si, a ellos primero….) . Siente cómo se siente el niño o la niña, no para sufrir con ellos, si no para intentar entender desde dónde puede necesitar la ayuda.

Refleja. Reflejar es poner un espejo imaginario delante de ellos/as, un espejo que les permita entender cómo están y qué les está pasando ( por favor, no es para decirles “mira qué feo/a te pones cuando lloras….” que lo he oído mucho, como si la estética en estos casos importara). Refleja en tus palabras lo que sucede ” estás enfadado porque quieres que te compre eso, pero ahora no puede ser”, “estás triste porque tu amiga no quiere jugar contigo y es normal, pero es que a veces los amigos no hacen lo que queremos”, “Te has sentido mal porque tu amigo te ha hecho daño, ¿quieres que hablemos con él?”. Siempre, siempre, una pataleta es una emoción desbordada y no manejada correctamente, el reflejar te ayudará a ti a ponerle nombre y evitar a  su vez tu desbordamiento y a los niños y las niñas les ayuda a ponerle nombre a lo que les pasa. Con el tiempo, serán capaces de venir y decirte ” estoy triste mamá”, “estoy enfadada profe, por tal y tal cosa”, “abuelo, ahora estoy cansada y creo que eso me está enfadando”. Imagínate lo fácil que será acercarse y trabajar ese sentimiento con ellos y la de berrinches que te evitarás, creciendo emocionalmente con ellos/as.

Acompaña. Los niños y niñas necesitan saber que los adultos los aceptamos aun cuando se desborden. Necesitan saber que estamos a su lado hasta que entiendan lo que les pasa y sientan otra vez su equilibrio. La táctica de “tiempo fuera” no es para usar siempre porque aunque muchos padres/madres/profes dicen que consiguen que los niños se tranquilicen, a veces lo hacen para no sentirse solos, no porque hayan entendido qué les ha pasado. Yo confieso que sólo lo he usado en situaciones donde yo sentía tan cerca mi desborde propio ( era viernes en la noche y estaba agotada, y por lo que sea sabía que de un momento a otro perdía la paciencia, o situaciones así) y nunca más de unos minutos, los necesarios para saber que mi desborde no les iba a hacer más daño. Y siempre diciéndoles que yo estaba agotada, que yo me sentía mal, que yo necesitaba unos minutos para pensar la situación. Eso hacía que ellos vieran que no era porque ellos eran malos y me estaban agotando. Nuestro desborde nunca puede hacernos perder de vista sus necesidades, y creo firmemente que la táctica de  ” tiempo fuera” muchas veces es usada para alejar el problema y que el niño/a, que es pequeño y no tiene herramientas, se tranquilice solo/a, pero que no interrumpa las cosas de adulto/a. Con el tiempo, los niños entienden que ésa es la manera de afrontar las cosas: alejarse de ellas, ya se pasarán solas.

¡VÍVELO!

Revisa tu afrontamiento de la situación frente a las pataletas de los niños. Ten a mano técnicas para tranquilizarte si las situaciones de tensión se presentan. Acostúmbrate a hablar con ellos, por muy pequeños que sean, y a explicar qué pasa, qué es lo que sienten ellos/as, y por qué tomas la decisión que tomas. Me dirás que si son muy pequeños no entienden lo que dices, y si, posiblemente no sepan tanto como para entender las palabras, pero sí notan tu tono de voz y tu tranquilidad o sosiego. Respira hondo, no reacciones a la primera. Habla despacio, la velocidad en el habla nos lleva fácilmente al grito.

Que no te afecten las miradas de desaprobación que siempre vemos cuando afrontamos una rabieta en la calle. Aleja tu atención de ello. Uno de mis hijos acostumbraba, alrededor de los 2-3 años montarme una gorda, pero gorda, cada vez que íbamos al supermercado. Quería todo y cuando le decía que no, gritaba, quería salir del carro, lloraba. Y yo sólo le repetía lo mismo cada vez “No cariño, no vamos a comprar eso. Estás enfadado, porque por mucho que te enfades, no lo vamos a comprar”.  No alteraba la voz ni la levantaba, le sonreía siempre ( a veces era difícil, no lo niego). Mi hija mayor, al lado, miraba a su hermano con preocupación de mi mano, y yo le explicaba que estaba enfadado, que era normal, porque como era pequeño quería todo y no sabía decirlo bien, pero que seguro, seguro, luego se iba a sentir mejor. En cuanto él se mostraba contento, lo abrazaba y le felicitaba. Evitaba prestar atención a las miradas de desaprobación de la gente alrededor, que seguramente querían comprar tranquilos. Me decían ¿pero porqué lo llevas al supermercado si sabes que va a pasar eso?, y yo les decía que el niño necesitaba aprender a ir a todos sitios, a aceptar que no siempre se va a hacer lo que él quiere, y comunicar correctamente las cosas. Al cabo de un tiempo, él iba al supermercado conmigo o no solo ya no pedía cosas, si no que ayudaba contento a encontrar lo que íbamos a comprar.

A veces evitamos el desborde sólo con estar atentos a los indicios de que se avecina la tormenta. Actúa sobre ellos, intenta evitar el desborde, no es agradable y es desolador para un niño, con la carga de emociones dolorosas y de soledad que conlleva eso. Distráelo, cuéntale un cuento, acércate y no lo dejes solo, acompaña su tensión.

Si aún  así pasa, céntrate en sus sentimientos, y sólo atiende a los tuyos si les pueden hacer daño en medio de todo esto. Una vez, mi hijo mediano me pregunta ” mamá ¿tú eres impaciente?”. Me asombró la pregunta (la verdad es que la paciencia no es precisamente una de mis virtudes). “Si, le digo, soy impaciente, ¿por?”, “Porque en los últimos cinco minutos, me has dicho “¡venga, vamos, vamos!” unas 20 veces, mamá”. El había entendido que cuando yo estaba impaciente le metía más prisa de la necesaria, pero que eso no quería decir que él fuera lento, es que yo veía las cosas especialmente lentas cuando estaba cansada o impaciente. Había aprendido que en una situación de conflicto, podía centrarse en mis sentimientos porque es lo que me había visto hacer con él cuando estaba enfadado, o cansado, o agobiado.

Empatizar, reflejar y acompañar no solamente nos asegura una mejor gestión del desborde, si no que nos enseña y les enseñamos a gestionar  enfados y conflictos a futuro, a poner nombre a lo que pasa, a minimizar la frustración y a poder manejarla. Porque nos guste  o no, las frustraciones estarán presentes en sus vidas, y esperemos que sean para crecer.

 

El valor educativo del esfuerzo y el posponer la recompensa

“Imagine por un momento que tiene cuatro años de edad y alguien le propone el trato siguiente: darle un malvavisco grande y delicioso ya mismo, sin condición alguna. Sencillamente por ser usted quien es. Es todo suyo. Pero si puede esperar unos minutos y no comer el malvavisco mientras la persona hace rápidamente un mandado, usted recibirá dos malvaviscos cuando la persona regrese ( lo cual es una rentabilidad excelente sobre la inversión para un niño de cuatro años). Es suficiente para poner a prueba el temple de cualquier niño en edad preescolar” ( Bussiness Think, Marcum, Smith y Khalsa, 2003cabezas-de-ninos-en-circulo)

Este fue el experimento realizado en los años 60 por la Universidad de Stanford. El experimentador se ausentaba un tiempo comprendido entre 15 y 20 minutos, tiempo que para los niños es una eternidad. Algunos caían en la tentación en más o menos tiempo, otros luchaban contra la tentación e intentaban distraer su mente en otras cosas, y algunos llegaban a ponerse bajo la mesa e intentar dormir para olvidar las ganas y obtener la recompensa esperada.

Se hizo un seguimiento a estos niños durante 20 años, en un estudio longitudinal innovador y se estableció una correlación muy fuerte entre los niños y niñas que habían controlado sus impulsos, quienes mostraban en ese tiempo mayores destrezas para el manejo del estrés, la búsqueda de objetivos, el sentido del esfuerzo y la capacidad de aplazar la recompensa y trabajar para ella. La correlación también se mostró clara en el sentido contrario, es decir, se encontraron menores niveles de seguridad, de manejo de relaciones y conflictos, de gestión eficiente del estrés y una menor iniciativa frente a las dificultades, en los niñas y niñas que no habían sido capaces de aplazar la recompensa y habían cedido al impulso de comer el malvavisco.

Además, se encuentra que los niños y niñas que fueron capaces de manifestar más resistencia a los impulsos muestran también mejores resultados en el SAT, una prueba de aptitud utilizada en EEUU como determinante para las aptitudes escolares.

Nuestros niños y niñas ¿ cómo reaccionarían frente a este dilema? Les enseñamos el valor de esperar para obtener la recompensa? En cuanto nos piden algo¿procuramos dárselo para que no se frustren, no nos griten, no se enfaden o porque pensamos que si no obtienen lo que desean sufren? Cada día veo en los centros escolares, en los medios de transporte, en los parques, padres y madres preocupados por dar a  los niños, ya, lo más inmediatamente posible, lo que quieren, aún cuando te confiesan que saben que no está bien a sus edades. Manifiestan no poder llevarles la contraria, no tener ganas de ello por más que saben que la consecución de ese deseo conllevará otras consecuencias. En muchos casos hay una negación de responsabilidades como adultos sobre los niños y niñas, creyendo que la realidad y el tiempo regularán, como por sí solo, todo esto.

Veo cotidianamente docentes que consideran que los deseos de los niños y niñas son cosas que deberían conseguir, en una mal entendida democracia que considera que los niños merecen satisfacer sus deseos y no aprender que de la frustración también se aprende. En muchos casos esto oculta las escasas ganas de asumir responsabilidades, en este caso argumentando que poner límites y regular los espacios  es responsabilidad de los padres y madres, no suya. Para estos docentes sólo hay el SI y el NO, no hay espacios intermedios, mostrando en ocasiones no tener herramientas de negociación grupal.

¿Por qué es importante esperar para obtener recompensa? Aparte de por los resultados mostrados en el experimento contado anteriormente, porque el esfuerzo mejora la autoestima, genera satisfacción íntima de “haber podido” y porque resolver el conflicto entre el NO que nos dice el entorno y el SI que busca le hace encontrar caminos, asumir  capacidades y su edad y porque en muchos casos es una buena dosis de realidad que le hace trabajar para la recompensa.

Hay un dicho que dice ” a niños pequeños, problemas pequeños”, y es muy cierto. Lo que no asumamos cuando son pequeños al ser mayores se convertirá en una bola difícilmente manejable y con menos posibilidades de remedio y actuación.

¡VÍVELO!

Como padre/madre ¿ crees que acompañas a tus niños y niñas en el valor del esfuerzo y el aplazamiento de la recompensa? Un ejemplo que siempre uso es el de los móviles: los expertos recomiendan que hasta los 14 años los niños y niñas no deberían disponer de un móvil inteligente, con el que acceder libremente a información y comunicación virtual. Pero la presión de parte de los niños para obtenerlo es mucha. Seguro que habrás oído ” todos lo tienen menos yo”. ¿Consideras que está preparado/a para tenerlo? ¿Tomas la decisión de dárselo o no en función a la responsabilidad demostrada? ¿O cedes por la presión? Decidir como padres/madres significa tener claro porqué hacemos algo, y acompañarlos en el proceso de esfuerzo, responsabilidad y aprendizaje hasta obtener la recompensa deseada. Gestionando el tiempo y las emociones intermedias, y buscando ayuda si es necesario. Que es más difícil que si le das lo que pide sin más, ¡claro! (tambié era difícil para los niños del experimento esperar y obtener la recompensa final). Lo mismo vale para los video juegos con edades recomendadas, con horas de salida, gestión del tiempo libre, permisos, etc.

Como docente ¿eres de los que piensa que los alumnos/as piensan literalmente lo que dicen? ¿Que lo que quieren necesariamente es lo que manifiestan? Tú eres un adulto, y ellos actúan como actúan con los otros adultos de referencia, pero es indudable que también reconocen con quienes pueden obtener algo o no. Un ejemplo: Conozco una profesora que una vez al curso hace una encuesta a alumnos de secundaria. Una vez se preparó con mucho esmero una actividad donde los alumnos tenían que trabajar en grupo, deducir las soluciones, plantear hipótesis, construir el aprendizaje. Planificar la actividad y los materiales le llevó mucho tiempo y no tengo que decir que a los alumnos les costó, como toda primera vez, enfocar una clase así. Está demás decir, que yo creo que aprendieron mucho más que si ella hubiera dado una clase magistral, copiando, repitiendo el libro y memorizando. Pues en la encuesta, varios alumnos manifestaron con palabras despectivas su opinión sobre la actividad, a lo que mi amiga decidió que no iba a volver  a intentarlo, porque los alumnos “no habían apreciado su esfuerzo y decían que no habían aprendido nada”…su frustración, aún sabiendo que estaba ofreciéndoles una experiencia mucho más significativa en cuanto a aprendizaje, ganó, y no quiso volver  a intentarlo. No solo es que ella no remontara la sensación inmediata, si no que tampoco les estaba enseñando a  los alumnos a hacerlo, quienes muy posiblemente no tomaron, por edad y experiencia, el valor de la clase trabajada por ella.

 

El valor del esfuerzo es el asumir responsabilidades, el sabernos capaces de solventar dificultades, el sentirnos apoyados para esperar y conseguir la recompensa, con el subidón de autoestima que ello conlleva, el saber que nada en la vida se nos dará inmediatamente después de pedirlo, que necesitamos ganas, esfuerzo, estrategia, habilidades, paciencia y aguante para llegar a ello. Y eso, nos hace crecer.